Escribe María Teresa Tartaglia de Silvano-Docente
e historiadora
maginariamente nos transformamos en periodistas
siguiendo los pasos del General Don José de San Martín
en el lugar donde vivimos: la Villa de Luján.
Dos veces llegó a esta Villa: en 1818 y en 1823.
Allí estuvimos descubriendo sus movimientos entre
nosotros.
Nos detenemos en el espacio: Luján, que era un
poblado con casas sencillas y ranchos, y tenía el
título de Villa desde 1755 y Cabildo desde 1756. El
centro lo formaba la plaza Real, Constitución, hoy
llamada Plaza Belgrano, rodeada por calles descuidadas y
zanjas profundas. Dos edificios significativos: uno
religioso, "el templo" de Nuestra Señora de
Luján, Santuario mandado a construir por Don Juan de
Lezica y Torrezuri (inaugurado el 8 de diciembre de
1763); y el civil, el Cabildo, típico edificio español
de estilo colonial pampeano, austero, sencillo, de dos
plantas, con arcos de medio punto, pórtico, balcón
concejil, campana para llamar al pueblo. La casa que se
destacaba era la llamada "Casa del Virrey",
donde funcionó hasta 1812 el "Real Estanco de
Tabacos"; en 1803 había pasado a depender de la
familia Pereyra Mariño y desde 1828 a 1834 vivió el
Dr. Francisco Javier Muñiz, con techo de tejas
musleras, a dos aguas, zaguán y una pieza alta con
pequeño balcón. Edificios que hoy pertenecen al
Complejo Museográfico provincial "Enrique
Udaondo".
La vida en la Villa era tranquila, pero no monótona
por la cantidad de peregrinos que venían y los viajeros
que pasaban por el camino Real. Aquí vivían
españoles, criollos, negros, pardos, mestizos, indios
tapes y pampas.
San Martín llegó a Luján en mayo de 1818. Venía
de Chile hacia Buenos Aires para entrevistarse con el
Director Supremo, Don Juan Martín de Pueyrredón, con
el fin de conseguir medios económicos y continuar la
campaña Libertadora al Perú. Retornaba victorioso,
luego del triunfo en Maipú (5 de abril de 1818), éxito
que le aseguró la libertad de Chile.
El pueblo de Luján lo recibió con alegría y
respeto, junto a los Cabildantes. El General fue al
templo donde lo aguardaba el cura Rector, Presbítero
Francisco Argerich. Rezó ante Nuestra Señora de
Luján, oró por la Patria y agradeció los triunfos,
advirtió las dos banderas ofrecidas por el General
Manuel Belgrano a la Virgen luego de la victoria de
Salta y se emocionó, como le escribió en una carta a
Belgrano, ellas le expresaban el significado de
triunfos, sacrificios y entrega.
El General siguió a Buenos Aires para cumplir su
misión y también para visitar a su esposa y a su hija.
Avanzamos imaginariamente en nuestro objetivo de
recrear sus pasos aquí, en Luján y llegamos a
diciembre de 1823. En esos días, en la Villa recibimos
nuevamente al General Don José de San Martín, pero era
otro momento de la vida del Gran Capitán. Había
logrado la liberación del Perú, sólo restaba el Alto
Perú, pero no tenía medios para alcanzar la victoria.
Por esta razón se había entrevistado con otro grande:
Simón Bolívar, en Guayaquil, entre los días 26 y 27
de julio. Los temas que trataron fueron secretos, hoy
los conocemos por los hechos que ocurrieron con
posterioridad. Lo verídico es que San Martín entregó
su ejército a Bolívar para que éste completara la
campaña libertadora. Luego partió de Lima a Chile para
dirigirse a Buenos Aires, y pasó por la Villa de
Luján. Su espíritu Mariano lo impulsó a llegar
nuevamente hasta María de Luján.
El 3 de agosto de 1823 había muerto su esposa
Remedios Escalada. Cuando San Martín llegó hasta
nosotros, aquí en la Villa, su ánimo estaba abatido y
triste. Sólo la calidez del pueblo y la fe en la Virgen
pudieron apoyarlo.
Nada había cambiado aquí. El Presbítero Argerich
volvió a recibirlo. Ya no estaban los cabildantes, los
Cabildos habían sido suprimidos en 1821 y reemplazados
por un Juez de Paz que en ese momento era Don Jerónimo
Colman, quien lo recibió oficialmente.
El General oró frente a Nuestra Señora de Luján y
probablemente le haya pedido fortaleza para enfrentar y
superar esos momentos de prueba y dolor. También había
decidido su partida a Europa junto a su hija Mercedes.
Luego de su partida de Luján, el periódico porteño
"El Argos", publicó una nota:
"(...)tenemos la satisfacción de anunciar que
luego de pasar por Luján, arriba a nuestra ciudad, el
General Don José de San Martín. Nadie puede sentirse
indiferente a la presencia de un héroe que ha coronado
a la Nación con tantos títulos y laureles. Su alma es
más grande que la fortuna. Mucho le debe la Patria al
Libertador".
Cuando San Martín llegó a Buenos Aires, visitó la
tumba de su esposa y encargó construirle un mausoleo,
con esta inscripción: "Aquí yace Remedios
Escalada, esposa y amiga del General San Martín".
Volvimos a transitar hoy, en el año 2006, los mismos
caminos del General en Luján, ciudad desde 1893.
Pudimos avanzar por la plaza, en plena renovación,
detenernos frente al monumento de Belgrano mirando hacia
la Virgen, observar el Cabildo, la llamada "Casa
del Virrey", las construcciones que forman el
Complejo Museográfico. Ya no está el Santuario de Don
Juan de Lezica y Torrezuri y lo reemplaza la hermosa
Basílica, pero sí está la misma Imagen de Nuestra
Señora ante la cual rezó San Martín. Vamos al
Cabildo, ya no están los cabildantes ni el Juez de Paz,
pero en el Museo encontramos en la sala que lo evoca los
testimonios, objetos que le pertenecieron: su poncho, el
arca de caudales del ejército de los Andes, la caja
estuche de roble con adornos de bronce en la cual
guardaba su uniforme, su mate, su bastón de madera de
la India, un relicario de su esposa, la réplica de su
sable corvo y otros elementos que nos acercan a la vida
de quien estuvo entre nosotros. Ellos nos sirven para
unir nuestro presente con el pasado, y proyectar el
futuro a partir del legado moral que nos dejó, la
coherencia de ideales en su vida, sacrificios, abandono
de proyectos puramente personales para trabajar por un
paradigma de país libre que iba más allá del Río de
la Plata y se trazaba hacia América. Su palabra,
actitud, su vida silenciosa y sus decisiones fueron
formando la trama que hoy nos permite reflexionar sobre
sus ejemplos.
Nuestra exhortación, luego de seguir los pasos del
General es expresar que así como el pueblo de Luján
recibió con orgullo y emoción al Libertador de Chile y
Perú, podemos honrarlo deteniéndonos frente al
monumento, ubicado en la plaza Colón, frente a la
Municipalidad, visitar la sala que lo recuerda en el
Museo, recorrer los lugares que transitó y, sobre todo,
pensar qué podemos realizar para el bien de nuestra
Patria y de nuestra ciudad desde el lugar que nos toca
ocupar, aún con pequeñas acciones, imitando las
virtudes y ejemplos del General San Martín que hoy no
son tan comunes, como la honradez, la sencillez, el amor
a la verdad, el desapego a la riqueza, los sacrificios,
la humildad, el renunciar a bienes y premios que
signifiquen riqueza en perjuicio a la Patria.
¡VIVA LA PATRIA!