Sábado 12 de Agosto de 2006 - Año 92 - Edición 7205 - Edición digital 0505

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Tras los pasos del General
San Martín en la Villa de Luján

Escribe María Teresa Tartaglia de Silvano-Docente e historiadora

maginariamente nos transformamos en periodistas siguiendo los pasos del General Don José de San Martín en el lugar donde vivimos: la Villa de Luján.

Dos veces llegó a esta Villa: en 1818 y en 1823. Allí estuvimos descubriendo sus movimientos entre nosotros.

Nos detenemos en el espacio: Luján, que era un poblado con casas sencillas y ranchos, y tenía el título de Villa desde 1755 y Cabildo desde 1756. El centro lo formaba la plaza Real, Constitución, hoy llamada Plaza Belgrano, rodeada por calles descuidadas y zanjas profundas. Dos edificios significativos: uno religioso, "el templo" de Nuestra Señora de Luján, Santuario mandado a construir por Don Juan de Lezica y Torrezuri (inaugurado el 8 de diciembre de 1763); y el civil, el Cabildo, típico edificio español de estilo colonial pampeano, austero, sencillo, de dos plantas, con arcos de medio punto, pórtico, balcón concejil, campana para llamar al pueblo. La casa que se destacaba era la llamada "Casa del Virrey", donde funcionó hasta 1812 el "Real Estanco de Tabacos"; en 1803 había pasado a depender de la familia Pereyra Mariño y desde 1828 a 1834 vivió el Dr. Francisco Javier Muñiz, con techo de tejas musleras, a dos aguas, zaguán y una pieza alta con pequeño balcón. Edificios que hoy pertenecen al Complejo Museográfico provincial "Enrique Udaondo".

La vida en la Villa era tranquila, pero no monótona por la cantidad de peregrinos que venían y los viajeros que pasaban por el camino Real. Aquí vivían españoles, criollos, negros, pardos, mestizos, indios tapes y pampas.

San Martín llegó a Luján en mayo de 1818. Venía de Chile hacia Buenos Aires para entrevistarse con el Director Supremo, Don Juan Martín de Pueyrredón, con el fin de conseguir medios económicos y continuar la campaña Libertadora al Perú. Retornaba victorioso, luego del triunfo en Maipú (5 de abril de 1818), éxito que le aseguró la libertad de Chile.

El pueblo de Luján lo recibió con alegría y respeto, junto a los Cabildantes. El General fue al templo donde lo aguardaba el cura Rector, Presbítero Francisco Argerich. Rezó ante Nuestra Señora de Luján, oró por la Patria y agradeció los triunfos, advirtió las dos banderas ofrecidas por el General Manuel Belgrano a la Virgen luego de la victoria de Salta y se emocionó, como le escribió en una carta a Belgrano, ellas le expresaban el significado de triunfos, sacrificios y entrega.

El General siguió a Buenos Aires para cumplir su misión y también para visitar a su esposa y a su hija.

Avanzamos imaginariamente en nuestro objetivo de recrear sus pasos aquí, en Luján y llegamos a diciembre de 1823. En esos días, en la Villa recibimos nuevamente al General Don José de San Martín, pero era otro momento de la vida del Gran Capitán. Había logrado la liberación del Perú, sólo restaba el Alto Perú, pero no tenía medios para alcanzar la victoria. Por esta razón se había entrevistado con otro grande: Simón Bolívar, en Guayaquil, entre los días 26 y 27 de julio. Los temas que trataron fueron secretos, hoy los conocemos por los hechos que ocurrieron con posterioridad. Lo verídico es que San Martín entregó su ejército a Bolívar para que éste completara la campaña libertadora. Luego partió de Lima a Chile para dirigirse a Buenos Aires, y pasó por la Villa de Luján. Su espíritu Mariano lo impulsó a llegar nuevamente hasta María de Luján.

El 3 de agosto de 1823 había muerto su esposa Remedios Escalada. Cuando San Martín llegó hasta nosotros, aquí en la Villa, su ánimo estaba abatido y triste. Sólo la calidez del pueblo y la fe en la Virgen pudieron apoyarlo.

Nada había cambiado aquí. El Presbítero Argerich volvió a recibirlo. Ya no estaban los cabildantes, los Cabildos habían sido suprimidos en 1821 y reemplazados por un Juez de Paz que en ese momento era Don Jerónimo Colman, quien lo recibió oficialmente.

El General oró frente a Nuestra Señora de Luján y probablemente le haya pedido fortaleza para enfrentar y superar esos momentos de prueba y dolor. También había decidido su partida a Europa junto a su hija Mercedes.

Luego de su partida de Luján, el periódico porteño "El Argos", publicó una nota: "(...)tenemos la satisfacción de anunciar que luego de pasar por Luján, arriba a nuestra ciudad, el General Don José de San Martín. Nadie puede sentirse indiferente a la presencia de un héroe que ha coronado a la Nación con tantos títulos y laureles. Su alma es más grande que la fortuna. Mucho le debe la Patria al Libertador".

Cuando San Martín llegó a Buenos Aires, visitó la tumba de su esposa y encargó construirle un mausoleo, con esta inscripción: "Aquí yace Remedios Escalada, esposa y amiga del General San Martín".

Volvimos a transitar hoy, en el año 2006, los mismos caminos del General en Luján, ciudad desde 1893. Pudimos avanzar por la plaza, en plena renovación, detenernos frente al monumento de Belgrano mirando hacia la Virgen, observar el Cabildo, la llamada "Casa del Virrey", las construcciones que forman el Complejo Museográfico. Ya no está el Santuario de Don Juan de Lezica y Torrezuri y lo reemplaza la hermosa Basílica, pero sí está la misma Imagen de Nuestra Señora ante la cual rezó San Martín. Vamos al Cabildo, ya no están los cabildantes ni el Juez de Paz, pero en el Museo encontramos en la sala que lo evoca los testimonios, objetos que le pertenecieron: su poncho, el arca de caudales del ejército de los Andes, la caja estuche de roble con adornos de bronce en la cual guardaba su uniforme, su mate, su bastón de madera de la India, un relicario de su esposa, la réplica de su sable corvo y otros elementos que nos acercan a la vida de quien estuvo entre nosotros. Ellos nos sirven para unir nuestro presente con el pasado, y proyectar el futuro a partir del legado moral que nos dejó, la coherencia de ideales en su vida, sacrificios, abandono de proyectos puramente personales para trabajar por un paradigma de país libre que iba más allá del Río de la Plata y se trazaba hacia América. Su palabra, actitud, su vida silenciosa y sus decisiones fueron formando la trama que hoy nos permite reflexionar sobre sus ejemplos.

Nuestra exhortación, luego de seguir los pasos del General es expresar que así como el pueblo de Luján recibió con orgullo y emoción al Libertador de Chile y Perú, podemos honrarlo deteniéndonos frente al monumento, ubicado en la plaza Colón, frente a la Municipalidad, visitar la sala que lo recuerda en el Museo, recorrer los lugares que transitó y, sobre todo, pensar qué podemos realizar para el bien de nuestra Patria y de nuestra ciudad desde el lugar que nos toca ocupar, aún con pequeñas acciones, imitando las virtudes y ejemplos del General San Martín que hoy no son tan comunes, como la honradez, la sencillez, el amor a la verdad, el desapego a la riqueza, los sacrificios, la humildad, el renunciar a bienes y premios que signifiquen riqueza en perjuicio a la Patria.

¡VIVA LA PATRIA!