No nos engañemos. La sociedad
argentina como tal ya no es cristiana. La vida de la
mayoría de los bautizados está minada por la cultura
del bienestar de unos pocos. Prueba de ello, es la magra
canasta familiar para una mayoría y la sobreabundancia
de la de unos pocos. La mayoría queda lejos de la
mínima popular oficial ($800), mientras la canasta de
una minoría ejecutiva asciende a $10.000...
Y la cultura del bienestar, así
entendida, es la cultura de la muerte para la mayoría
sumida en la miseria, que sigue esperando la justicia
social más declamada que realizada. Y a este desprecio
por la vida humana, se suma un genocidio infantil en
puertas... Digamos las cosas por su nombre. Se pretende
lograr la "despenalización del aborto" en
campaña hipócrita y desleal.
Hipócrita, porque se enarbola la
bandera de la Democracia y hasta los "Derechos
Humanos", usando eufemismos como la
"suspensión del embarazo" o reducción al
derecho de la madre o del padre... Desleal, porque, con
hábil estrategia, a favor del aborto se mueven sectores
del actual Gobierno; Gobierno que, por otra parte,
reafirma la promoción y defensa irrestricta de los
Derechos Humanos... El tema del aborto no es
originalmente tema religioso. Fundamentalmente, es
antropológico. Por eso interesa a la Iglesia como todo
lo que se refiera al bien integral del hombre. La
prohibición legal de abortar está fundada en defender
el derecho a la vida como el primer Derecho Humano. Por
eso, la ONU, en su Proclamación de los Derechos del
Hombre (1948) declara: "Todo individuo tiene
derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su
persona" (Art. 3).
En consecuencia, "el respeto
a la vida humana" se impone desde que comienza el
proceso embrionario de una determinada vida humana.
Desde el momento en que se dé la fecundación del
óvulo, se inicia una vida humana que no es ni del padre
ni de la madre, sino de un nuevo ser humano que se
desarrolla por sí mismo. Por lo demás, nunca llegaría
a ser humano, si no lo fuese ya desde aquel momento.
Por otra parte, desde la más
elemental ética, aunque hubiera alguien que tuviese
alguna duda sobre la cuestión de la concepción humana
desde el principio, sería igual objetivamente un acto
criminal atreverse a afrontar el riesgo de un homicidio,
porque es ya un hombre aquél que está en camino de
serlo" (Obispos-Río Negro, 31-V-06).
Legalizar el aborto es legalizar
matar la vida del feto -vida humana- para salvar la vida
de la madre. Es legalizar un crimen. Es un volver al
principio del "fin justifica los medios" que
nos llevó al Terrorismo de Estado. Desde el Estado
Terrorista se pretendió justificar salvar al país con
torturas y muertes. La vida humana es un absoluto que
bajo ningún motivo se puede mediatizar. Es preocupante
que muchos profesionales, dirigentes políticos o
gubernamentales, sigan cayendo en la trampa del nefasto
principio que sustentó el Terrorismo de Estado con la
trágica consecuencia del genocidio argentino. Con la
despenalización del aborto se abre la era del genocidio
con guardapolvos blancos y quirófanos esterilizados
para nuestra Argentina que, en vez, está necesitando
nuevas generaciones educadas y vigorosas que construyan
la Nación que soñaron los padres de la patria.
Por eso somos muchos los que
aspiramos a que nuestros legisladores no ocupen el
tiempo en leyes para matar legalmente (aborto) sino
cómo bajar los progresos de la macro-economía a la
micro-economía familiar. Y entonces, con canasta
familiar digna, las mamás y los papás no sufrirán la
angustia de sus hijos desnutridos y mendigos. Gozarán
la vida alegre de sus niños y niñas lejos de la
cultura de la muerte.
Los que queremos ser cristianos de
verdad, en la Argentina de hoy, hemos de retomar la
conciencia de Pueblo de Dios con misión de fomentar una
convivencia justa -solidaria- de suerte que lleguemos a
que el argentino que tiene más comparta, en honesta y
equitativa fraternidad, con el que tiene menos. Es la
meta de Jesús para sus seguidores: "Sean generosos
como su PADRE es generoso" (Lc. 6, 36).
A menudo se utiliza como caballito
de batalla el "caso de la mujer violada".
Cuando esto sucede, sin lugar a dudas, se viola el
derecho humano de la mujer al respeto y a la integridad
física. Pensamos que la violación de este derecho, no
puede llevar nunca a la violación de otro derecho como
es el del niño por nacer. Un inocente.
Comprendemos lo difícil que
resulta mantener la serenidad en medio de la
indignación y el dolor de quienes fueron víctimas de
algún acto de violación o un atentado contra la
integridad sexual, pero la vida llega y no siempre de la
mejor manera. Y puesto a legislar, no podría cargar
sobre los hombros de una mujer dolorida la marca, que
tarde o temprano aparece, de haber interrumpido la vida
de un hijo. Ella es siempre una víctima y debe ser
protegida de la mejor manera.
Finalmente y por honestidad
intelectual, debo decir que buena parte de mis
reflexiones son el producto de haberme plasmado en una
homilía del obispo emérito de Viedma, Miguel Esteban
Hesayne.
Como se imaginarán los lectores,
he asumido la misión de difundirlas, ya que no lo
hacemos desde el fundamentalismo religioso, sino desde
un profundo "Amor cristiano" que es sinónimo
de profundo "Amor al ser humano" y por lo
tanto a la "Creación" y a la "Defensa de
la vida".
Quizás, esto suscite una nueva
discusión sobre el tema del aborto, pero es necesario
crear conciencia de lo que hacemos y de las
consecuencias de nuestros actos, que no será posible si
nos quedamos sordos, callados o ciegos ante estos temas.
Escribe José Pedro Bonvecchi-Ex
Concejal por la Democracia Cristiana-Ex Integrante de
CTA (Comisión Local)-Integrante del Grupo de Jubilados
Independientes
Quizás, esto suscite una nueva
discusión sobre el tema del aborto, pero es necesario
crear conciencia de lo que hacemos y de las
consecuencias de nuestros actos, que no será posible si
nos quedamos sordos, callados o ciegos ante estos temas.