Sábado 26 de Agosto de 2006 - Año 92 - Edición 7209 - Edición digital 0509

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Día del Niño y la cultura de la muerte

No nos engañemos. La sociedad argentina como tal ya no es cristiana. La vida de la mayoría de los bautizados está minada por la cultura del bienestar de unos pocos. Prueba de ello, es la magra canasta familiar para una mayoría y la sobreabundancia de la de unos pocos. La mayoría queda lejos de la mínima popular oficial ($800), mientras la canasta de una minoría ejecutiva asciende a $10.000...

Y la cultura del bienestar, así entendida, es la cultura de la muerte para la mayoría sumida en la miseria, que sigue esperando la justicia social más declamada que realizada. Y a este desprecio por la vida humana, se suma un genocidio infantil en puertas... Digamos las cosas por su nombre. Se pretende lograr la "despenalización del aborto" en campaña hipócrita y desleal.

Hipócrita, porque se enarbola la bandera de la Democracia y hasta los "Derechos Humanos", usando eufemismos como la "suspensión del embarazo" o reducción al derecho de la madre o del padre... Desleal, porque, con hábil estrategia, a favor del aborto se mueven sectores del actual Gobierno; Gobierno que, por otra parte, reafirma la promoción y defensa irrestricta de los Derechos Humanos... El tema del aborto no es originalmente tema religioso. Fundamentalmente, es antropológico. Por eso interesa a la Iglesia como todo lo que se refiera al bien integral del hombre. La prohibición legal de abortar está fundada en defender el derecho a la vida como el primer Derecho Humano. Por eso, la ONU, en su Proclamación de los Derechos del Hombre (1948) declara: "Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona" (Art. 3).

En consecuencia, "el respeto a la vida humana" se impone desde que comienza el proceso embrionario de una determinada vida humana. Desde el momento en que se dé la fecundación del óvulo, se inicia una vida humana que no es ni del padre ni de la madre, sino de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Por lo demás, nunca llegaría a ser humano, si no lo fuese ya desde aquel momento.

Por otra parte, desde la más elemental ética, aunque hubiera alguien que tuviese alguna duda sobre la cuestión de la concepción humana desde el principio, sería igual objetivamente un acto criminal atreverse a afrontar el riesgo de un homicidio, porque es ya un hombre aquél que está en camino de serlo" (Obispos-Río Negro, 31-V-06).

Legalizar el aborto es legalizar matar la vida del feto -vida humana- para salvar la vida de la madre. Es legalizar un crimen. Es un volver al principio del "fin justifica los medios" que nos llevó al Terrorismo de Estado. Desde el Estado Terrorista se pretendió justificar salvar al país con torturas y muertes. La vida humana es un absoluto que bajo ningún motivo se puede mediatizar. Es preocupante que muchos profesionales, dirigentes políticos o gubernamentales, sigan cayendo en la trampa del nefasto principio que sustentó el Terrorismo de Estado con la trágica consecuencia del genocidio argentino. Con la despenalización del aborto se abre la era del genocidio con guardapolvos blancos y quirófanos esterilizados para nuestra Argentina que, en vez, está necesitando nuevas generaciones educadas y vigorosas que construyan la Nación que soñaron los padres de la patria.

Por eso somos muchos los que aspiramos a que nuestros legisladores no ocupen el tiempo en leyes para matar legalmente (aborto) sino cómo bajar los progresos de la macro-economía a la micro-economía familiar. Y entonces, con canasta familiar digna, las mamás y los papás no sufrirán la angustia de sus hijos desnutridos y mendigos. Gozarán la vida alegre de sus niños y niñas lejos de la cultura de la muerte.

Los que queremos ser cristianos de verdad, en la Argentina de hoy, hemos de retomar la conciencia de Pueblo de Dios con misión de fomentar una convivencia justa -solidaria- de suerte que lleguemos a que el argentino que tiene más comparta, en honesta y equitativa fraternidad, con el que tiene menos. Es la meta de Jesús para sus seguidores: "Sean generosos como su PADRE es generoso" (Lc. 6, 36).

A menudo se utiliza como caballito de batalla el "caso de la mujer violada". Cuando esto sucede, sin lugar a dudas, se viola el derecho humano de la mujer al respeto y a la integridad física. Pensamos que la violación de este derecho, no puede llevar nunca a la violación de otro derecho como es el del niño por nacer. Un inocente.

Comprendemos lo difícil que resulta mantener la serenidad en medio de la indignación y el dolor de quienes fueron víctimas de algún acto de violación o un atentado contra la integridad sexual, pero la vida llega y no siempre de la mejor manera. Y puesto a legislar, no podría cargar sobre los hombros de una mujer dolorida la marca, que tarde o temprano aparece, de haber interrumpido la vida de un hijo. Ella es siempre una víctima y debe ser protegida de la mejor manera.

Finalmente y por honestidad intelectual, debo decir que buena parte de mis reflexiones son el producto de haberme plasmado en una homilía del obispo emérito de Viedma, Miguel Esteban Hesayne.

Como se imaginarán los lectores, he asumido la misión de difundirlas, ya que no lo hacemos desde el fundamentalismo religioso, sino desde un profundo "Amor cristiano" que es sinónimo de profundo "Amor al ser humano" y por lo tanto a la "Creación" y a la "Defensa de la vida".

Quizás, esto suscite una nueva discusión sobre el tema del aborto, pero es necesario crear conciencia de lo que hacemos y de las consecuencias de nuestros actos, que no será posible si nos quedamos sordos, callados o ciegos ante estos temas.

Escribe José Pedro Bonvecchi-Ex Concejal por la Democracia Cristiana-Ex Integrante de CTA (Comisión Local)-Integrante del Grupo de Jubilados Independientes

Quizás, esto suscite una nueva discusión sobre el tema del aborto, pero es necesario crear conciencia de lo que hacemos y de las consecuencias de nuestros actos, que no será posible si nos quedamos sordos, callados o ciegos ante estos temas.