En la Pascua de 2004, tras la
tradicional ceremonia de Quema del Judas, Luciano Pereyra
concretó un primer aporte solidario con Luján. Entonces,
realizó un recital que tuvo por fin reunir alimentos, ropas y
útiles escolares destinado a comedores escolares.
Dos años después, dando nueva
muestra de generosidad y entrega a la ciudad que lo vio nacer
artísticamente, adoptó el mismo gesto para una fecha clave
de la cristiandad. Para el Día de Reyes logró que una
infinidad de vecinos volvieran a solidarizarse con su cruzada
y acercaran juguetes y alimentos no perecederos para ser
distribuidos entre miles de niños.
Un nuevo recital, en el mismo sitio de
entonces, lo devolvió a su público que ocupó prácticamente
de pie toda la avenida Nuestra Señora de Luján desde Lavalle
hasta casi la Terminal de ómnibus.
Fue una masa compacta de personas de
distintas edades, que desde muy temprana hora de la tarde, se
acercó al Museo de Bellas Artes para efectuar su aporte como
único requisito para presenciar el encuentro.
De ahí, y hasta casi la finalización
del impecable espectáculo que brindó Luciano, el público
siguió adhiriendo a la propuesta, colaborando asimismo con la
compra de CD destinados a entidades de bien público.
Un inmenso escenario, provisto en esta
oportunidad de una pasarela que permitió al cantante
acercarse mucho más a la gente, sirvió de marco a este nuevo
encuentro.
Mientras el show avanzaba, a pocos
pasos de allí, personal afectado a la tarea clasificaba en
los salones del Museo las grandes montañas de juguetes y
comestibles que los asistentes acercaron.
UN CANTO CON ESTILO
Fue una fiesta para todos. Para
Luciano que demostró no sólo sus quilates como intérprete,
compositor y su vigencia como artista nacional, sino para el
público que se deleitó con su presencia, su arte y gesto
solidario.
Tras una impaciente espera de casi 40
minutos, y una proyección que invitó a entrar en un clima
especial, apareció el joven intérprete, logrando la primera
explosión del público ante su gesto.
Después comenzaría el recital, que
incluyó algunas de sus más recientes creaciones, con sones
rítmicos y melódicos, como un modo de iniciar la fiesta
musical esperada por todos.
A medida que el encuentro avanzó,
Luciano se abrió al público, habló de propuesta y de su
reconocimiento a Luján, que le enseñó a cantar con el
corazón.
Con su estilo vocal afiatado y
carismática comunicación, haría oír después los temas
puntuales de su repertorio, que el público se lanzó a corear
junto a él. Así la fiesta creció en intensidad y emoción.
Hubo más adelante un momento más
íntimo, donde incluso recordó inolvidables personajes de
Luján, y entonó algún tema que lo emocionó hasta las
lágrimas.
En las primeras filas, sus padres,
familiares y amigos lo movilizaron junto a su público que
continuamente ovacionó su actuación.
Después de dos horas y de despedirse
una y otra vez, algo que el público no deseaba, cantó
"Solo le pido a Dios". El tema lo llevó a recordar
su paso ante el Papa Juan Pablo II; luego vendría uno de sus
hits, cerrando así una fiesta memorable para todos los que se
acercaron al lugar.