Miércoles 1º de Febrero de 2006 - Año 89 - Edición 7151 - Edición digital 0451

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Secuelas que dejó el siniestro en el Instituto Alvear

Después del incendio, todo es incertidumbre

El fuego en un pabellón obligó a las autoridades a tomar una decisión debido al riesgo que encierra el establecimiento para los menores y el personal que allí trabaja.

Lo primero que se ordenó fue el traslado de un pequeño grupo de menores al Instituto "Ramayón López Valdivieso". El resto será derivado al Instituto "Martín Rodríguez" de la ciudad de Mercedes.

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En cambio, las oficinas y las tareas administrativas continuarán funcionando en el viejo edificio.

El incendio en un pabellón del Instituto de Menores "Ángel Torcuato de Alvear" fue la frutilla a un postre con gusto amargo que venía siendo saboreado desde hace años por el personal que trabaja en este lugar.

Si bien aún resta conocerse un informe técnico de Bomberos que confirme lo que muchos sospechan desde el jueves a la tarde, todo hace presumir que las llamas que destruyeron el techo de tejas a dos aguas tuvieron su origen en un corto circuito ocasionado por un cable tan viejo y en mal estado como el Instituto mismo que, sumado a la antigüedad de los tirantes, al primer roce propagaron rápidamente el fuego por toda su estructura.

Aunque sólo hubo que lamentar daños materiales, la primera consecuencia que trajo aparejado el siniestro se conoció el sábado a la tarde, cuando en una reunión integrantes del Consejo Nacional del Menor, Adolescencia y la Familia determinaron que las condiciones que presenta el lugar no son las apropiadas para la permanencia de niños y adolescentes.

Por lo tanto, decidieron el inmediato traslado de los menores a instituciones de la zona hasta tanto el edificio fundado, costeado, organizado e inaugurado por María Unzué de Alvear el 28 de septiembre de 1928, no sea reacondicionado, algo que nadie se anima a aventurar cuándo puede llegar a ocurrir.

Frente a esta situación, las primeras versiones que corrieron este fin de semana indicaban que el fuego del pabellón había servido de excusa perfecta para decretar el cierre definitivo del establecimiento.

Sin embargo, uno de los interventores se encargó este lunes de desmentir este rumor, el mismo que puertas adentro los trabajadores suelen escuchar por lo menos una vez al año.

Jorge Sokolovsky le dijo a EL CIVISMO que la población de menores será derivada al Instituto "Martín Rodríguez" de la ciudad de Mercedes una vez que regresen -este jueves- de un viaje de vacaciones que están realizando en la provincia de Córdoba.

En tanto, un pequeño contingente de unos 7 chicos que no viajó y al momento del incendio se encontraba paseando por Luján, fue relocalizado en forma urgente y temporaria en un sector del Instituto "Ramayón López Valdivieso" de la localidad de Jáuregui, hasta que existan las condiciones adecuadas para albergarlos en el establecimiento mercedino.

"Como no hay garantías de que no vuelva a pasar esto (por el incendio) en el instituto hasta tanto no se arregle los chicos no van a permanecer acá", confirmó el interventor. En cambio, las oficinas y el área de administración seguirán funcionando en el predio del barrio Los Laureles como viene sucediendo hace 77 años.

"Por una cuestión de riesgo, los chicos no pueden permanecer. Por suerte, esto pasó a las seis de la tarde y no había nadie. Preventivamente, van a ser trasladados a otro lado hasta tanto a esto se le encuentre algún tipo de solución", indicó sin dar ninguna certeza el interventor Sokolovsky.

Como muchos de los que conocen cada rincón del instituto, admite que la decisión de mejorar las condiciones edilicias escapa a sus posibilidades, ya que depende de sus superiores, quienes en los últimos años no han puesto mucho esfuerzo para revertir la triste imagen que presenta el edificio destinado a contener a menores con duras problemáticas sociales.

En este momento, el Instituto Alvear alberga a 50 chicos de entre 10 y 18 años aunque también hay algunos jóvenes de 20 años que buscan encausar sus vidas y es fuente de trabajo de alrededor de 70 personas, varias de las cuales deberán trasladarse a Mercedes para seguir cumpliendo con sus tareas cotidianas.

Se trata de los operadores y trabajadores sociales, quienes tienen contacto directo con los chicos y ven con incertidumbre la posibilidad de regresar algún día al establecimiento de Los Laureles, debido a las actuales condiciones que rozan la inhabitabilidad y el mínimo interés que viene demostrando el Estado para mejorar la imagen lamentable que encierra el lugar.

PALABRA DE UN INTERVENTOR

- ¿Cuál es el futuro del Instituto? ¿Existe una política desde el Estado para que este tipo de lugares sigan funcionando como lo han hecho hasta ahora?

- Más allá de lo que pasó, el Estado apunta a la desinstitucionalización. El tema de los institutos es una cosa obsoleta. La idea es que esto se transforme en otra cosa pero no en el marco de lo que es un instituto con chicos. Con la nueva ley que salió ahora, deroga lo que son los institutos para chicos de 8, 9 o 10 años que pasaron su vida en este tipo de lugares. Eso tiende a desaparecer. Un instituto era un lugar de destino, a un chico lo sacaban de la casa y lo metían en un establecimiento para que pasara el resto de su vida. Esto, en marzo o abril y con la promulgación de esta nueva ley, no puede hacerse.

Eventualmente, se podrá internar con tiempo acotado y es algo protocolizado. Será lo único que se podrá hacer como medida de excepción y agotadas las instancias familiares, comunitarias y sociales. Pero no que se pasen la vida acá como pasaba.

- ¿Qué puede pasar con este tipo de establecimientos tan grandes como obsoletos, tal como se lo puede ver en este momento?

- Hay que cambiarlos, pero primero hay que cambiar el sistema y después ver lo edilicio. Hay que pasar a un sistema, en aquellos casos debidamente comprobados y fundados que no tengan otra alternativa de internación, pero de un período breve, de 3, 6, 9 meses o un año.

El futuro tiene que ver con eso y tiene que cambiar la política de niñez: no hay que guardar más chicos debajo de la alfombra. Se derogó la Ley de Patronato, se aprobó la Ley Integral del Niño y Adolescente y lo primero que dice es que no pueden salir de su ámbito natural, cuando acá tenemos chicos que son de Témperley y nos envían un oficio para su mejor vinculación. A 120 kilómetros de distancia y la familia sin un mango ¿Cómo lo vinculo?

- ¿Le llamó la atención el incendio o era previsible que esto pasara?

- Nadie esperaba que ocurriera el jueves a la tarde, pero sí era una cuestión de riesgo que nosotros habíamos denunciado que podía llegar a ocurrir.

- ¿Los chicos volverían en caso que se hagan refacciones?

- En caso que esté en condiciones, sí. ¿Cuánto demoraría? Eso no depende de mí.

- ¿De qué o de quién depende que eso suceda?

- Depende de la velocidad con que la autoridad del Consejo del Menor y la Familia y la Secretaría puedan resolver la cuestión estructural-edilicia.

- Pero la impresión es que nunca ha sido una prioridad.

- No va a ser en un mes. Son cuestiones del Estado que me exceden y condicionan mi trabajo. Habrá que preguntarle a la autoridad competente. Los pedidos desde acá se hicieron todos. ¿Por qué no se resolvió antes?, yo no puedo decir absolutamente nada de eso. Se hicieron un montón de licitaciones y se cayeron, hay dificultades de índole burocrática y administrativa que a nosotros nos afectan pero yo contra eso no puedo hacer nada sino que tengo que padecerlo.

- A pesar de todo, hay chicos que se apegaron al lugar, ¿cómo tomaron la noticia del traslado?

- Está comprobado que una de las cuestiones que más estrés genera es mudarse, pero los chicos tienen más posibilidades de adaptación que nosotros.

 

Años de abandono

"El incendio fue la excusa". La frase sonó en incontable cantidad de veces desde que se conoció la decisión de cerrar el Instituto. De hecho, el incendio se produjo en un sector de un comedor que no se usa habitualmente.

A partir de la medida extrema tomada por las autoridades nacionales, se comenzaron a conocer situaciones de larga data que jamás encontraron respuesta en el ahora llamado Consejo Nacional de la Niñez, la Adolescencia y la Familia.

El Instituto hace meses que no tiene gas y los chicos se bañan sin agua caliente. La "chancha" se quedaba sin gas y los proveedores no le recargan por falta de pago.

Tampoco hay plata en la caja chica para la compra de elementos de higiene personal, compras que en muchas ocasiones se realizan por aportes solidarios de los trabajadores.

El estado de los edificios es de profundo abandono, algo que desde Nación se comprobó a causa del incendio. Las goteras son incontables y muchas de ellas caen directamente en los cables de la luz. Otra carencia: heladeras. Las comunidades no tenían ese artefacto indispensable.

En esas condiciones se encontraban hasta el sábado los 50 chicos que fueron derivados por órdenes judiciales al Instituto "Alvear". Hoy comienzan la mudanza hacia Mercedes y terminan (ocho de los adolescentes) con una breve estadía en una casita del servicio de vigilancia del Instituto Ramayón "López Valdivieso".

Los empleados del establecimiento que se encontraban de vacaciones no fueron informados de la mudanza. Algunos de ellos se enteraron por sus compañeros: otros lo sabrán a través del diario.

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