En cambio, las oficinas y las
tareas administrativas continuarán funcionando en el viejo
edificio.
El incendio en un pabellón del
Instituto de Menores "Ángel Torcuato de Alvear" fue
la frutilla a un postre con gusto amargo que venía siendo
saboreado desde hace años por el personal que trabaja en este
lugar.
Si bien aún resta conocerse un
informe técnico de Bomberos que confirme lo que muchos
sospechan desde el jueves a la tarde, todo hace presumir que
las llamas que destruyeron el techo de tejas a dos aguas
tuvieron su origen en un corto circuito ocasionado por un
cable tan viejo y en mal estado como el Instituto mismo que,
sumado a la antigüedad de los tirantes, al primer roce
propagaron rápidamente el fuego por toda su estructura.
Aunque sólo hubo que lamentar daños
materiales, la primera consecuencia que trajo aparejado el
siniestro se conoció el sábado a la tarde, cuando en una
reunión integrantes del Consejo Nacional del Menor,
Adolescencia y la Familia determinaron que las condiciones que
presenta el lugar no son las apropiadas para la permanencia de
niños y adolescentes.
Por lo tanto, decidieron el inmediato
traslado de los menores a instituciones de la zona hasta tanto
el edificio fundado, costeado, organizado e inaugurado por
María Unzué de Alvear el 28 de septiembre de 1928, no sea
reacondicionado, algo que nadie se anima a aventurar cuándo
puede llegar a ocurrir.
Frente a esta situación, las primeras
versiones que corrieron este fin de semana indicaban que el
fuego del pabellón había servido de excusa perfecta para
decretar el cierre definitivo del establecimiento.
Sin embargo, uno de los interventores
se encargó este lunes de desmentir este rumor, el mismo que
puertas adentro los trabajadores suelen escuchar por lo menos
una vez al año.
Jorge Sokolovsky le dijo a EL CIVISMO
que la población de menores será derivada al Instituto
"Martín Rodríguez" de la ciudad de Mercedes una
vez que regresen -este jueves- de un viaje de vacaciones que
están realizando en la provincia de Córdoba.
En tanto, un pequeño contingente de
unos 7 chicos que no viajó y al momento del incendio se
encontraba paseando por Luján, fue relocalizado en forma
urgente y temporaria en un sector del Instituto "Ramayón
López Valdivieso" de la localidad de Jáuregui, hasta
que existan las condiciones adecuadas para albergarlos en el
establecimiento mercedino.
"Como no hay garantías de que no
vuelva a pasar esto (por el incendio) en el instituto hasta
tanto no se arregle los chicos no van a permanecer acá",
confirmó el interventor. En cambio, las oficinas y el área
de administración seguirán funcionando en el predio del
barrio Los Laureles como viene sucediendo hace 77 años.
"Por una cuestión de riesgo, los
chicos no pueden permanecer. Por suerte, esto pasó a las seis
de la tarde y no había nadie. Preventivamente, van a ser
trasladados a otro lado hasta tanto a esto se le encuentre
algún tipo de solución", indicó sin dar ninguna
certeza el interventor Sokolovsky.
Como muchos de los que conocen cada
rincón del instituto, admite que la decisión de mejorar las
condiciones edilicias escapa a sus posibilidades, ya que
depende de sus superiores, quienes en los últimos años no
han puesto mucho esfuerzo para revertir la triste imagen que
presenta el edificio destinado a contener a menores con duras
problemáticas sociales.
En este momento, el Instituto Alvear
alberga a 50 chicos de entre 10 y 18 años aunque también hay
algunos jóvenes de 20 años que buscan encausar sus vidas y
es fuente de trabajo de alrededor de 70 personas, varias de
las cuales deberán trasladarse a Mercedes para seguir
cumpliendo con sus tareas cotidianas.
Se trata de los operadores y
trabajadores sociales, quienes tienen contacto directo con los
chicos y ven con incertidumbre la posibilidad de regresar
algún día al establecimiento de Los Laureles, debido a las
actuales condiciones que rozan la inhabitabilidad y el mínimo
interés que viene demostrando el Estado para mejorar la
imagen lamentable que encierra el lugar.
PALABRA DE UN INTERVENTOR
- ¿Cuál es el futuro del
Instituto? ¿Existe una política desde el Estado para que
este tipo de lugares sigan funcionando como lo han hecho hasta
ahora?
- Más allá de lo que pasó, el
Estado apunta a la desinstitucionalización. El tema de los
institutos es una cosa obsoleta. La idea es que esto se
transforme en otra cosa pero no en el marco de lo que es un
instituto con chicos. Con la nueva ley que salió ahora,
deroga lo que son los institutos para chicos de 8, 9 o 10
años que pasaron su vida en este tipo de lugares. Eso tiende
a desaparecer. Un instituto era un lugar de destino, a un
chico lo sacaban de la casa y lo metían en un establecimiento
para que pasara el resto de su vida. Esto, en marzo o abril y
con la promulgación de esta nueva ley, no puede hacerse.
Eventualmente, se podrá internar con
tiempo acotado y es algo protocolizado. Será lo único que se
podrá hacer como medida de excepción y agotadas las
instancias familiares, comunitarias y sociales. Pero no que se
pasen la vida acá como pasaba.
- ¿Qué puede pasar con este tipo
de establecimientos tan grandes como obsoletos, tal como se lo
puede ver en este momento?
- Hay que cambiarlos, pero primero hay
que cambiar el sistema y después ver lo edilicio. Hay que
pasar a un sistema, en aquellos casos debidamente comprobados
y fundados que no tengan otra alternativa de internación,
pero de un período breve, de 3, 6, 9 meses o un año.
El futuro tiene que ver con eso y
tiene que cambiar la política de niñez: no hay que guardar
más chicos debajo de la alfombra. Se derogó la Ley de
Patronato, se aprobó la Ley Integral del Niño y Adolescente
y lo primero que dice es que no pueden salir de su ámbito
natural, cuando acá tenemos chicos que son de Témperley y
nos envían un oficio para su mejor vinculación. A 120
kilómetros de distancia y la familia sin un mango ¿Cómo lo
vinculo?
- ¿Le llamó la atención el
incendio o era previsible que esto pasara?
- Nadie esperaba que ocurriera el
jueves a la tarde, pero sí era una cuestión de riesgo que
nosotros habíamos denunciado que podía llegar a ocurrir.
- ¿Los chicos volverían en caso
que se hagan refacciones?
- En caso que esté en condiciones,
sí. ¿Cuánto demoraría? Eso no depende de mí.
- ¿De qué o de quién depende que
eso suceda?
- Depende de la velocidad con que la
autoridad del Consejo del Menor y la Familia y la Secretaría
puedan resolver la cuestión estructural-edilicia.
- Pero la impresión es que nunca
ha sido una prioridad.
- No va a ser en un mes. Son
cuestiones del Estado que me exceden y condicionan mi trabajo.
Habrá que preguntarle a la autoridad competente. Los pedidos
desde acá se hicieron todos. ¿Por qué no se resolvió
antes?, yo no puedo decir absolutamente nada de eso. Se
hicieron un montón de licitaciones y se cayeron, hay
dificultades de índole burocrática y administrativa que a
nosotros nos afectan pero yo contra eso no puedo hacer nada
sino que tengo que padecerlo.
- A pesar de todo, hay chicos que
se apegaron al lugar, ¿cómo tomaron la noticia del traslado?
- Está comprobado que una de las
cuestiones que más estrés genera es mudarse, pero los chicos
tienen más posibilidades de adaptación que nosotros.
Años de abandono
"El incendio fue la excusa".
La frase sonó en incontable cantidad de veces desde que se
conoció la decisión de cerrar el Instituto. De hecho, el
incendio se produjo en un sector de un comedor que no se usa
habitualmente.
A partir de la medida extrema tomada
por las autoridades nacionales, se comenzaron a conocer
situaciones de larga data que jamás encontraron respuesta en
el ahora llamado Consejo Nacional de la Niñez, la
Adolescencia y la Familia.
El Instituto hace meses que no tiene
gas y los chicos se bañan sin agua caliente. La
"chancha" se quedaba sin gas y los proveedores no le
recargan por falta de pago.
Tampoco hay plata en la caja chica
para la compra de elementos de higiene personal, compras que
en muchas ocasiones se realizan por aportes solidarios de los
trabajadores.
El estado de los edificios es de
profundo abandono, algo que desde Nación se comprobó a causa
del incendio. Las goteras son incontables y muchas de ellas
caen directamente en los cables de la luz. Otra carencia:
heladeras. Las comunidades no tenían ese artefacto
indispensable.
En esas condiciones se encontraban
hasta el sábado los 50 chicos que fueron derivados por
órdenes judiciales al Instituto "Alvear". Hoy
comienzan la mudanza hacia Mercedes y terminan (ocho de los
adolescentes) con una breve estadía en una casita del
servicio de vigilancia del Instituto Ramayón "López
Valdivieso".
Los empleados del establecimiento que
se encontraban de vacaciones no fueron informados de la
mudanza. Algunos de ellos se enteraron por sus compañeros:
otros lo sabrán a través del diario.