Después de averiguar por todos los
canales posibles cuáles eran los temas
pendientes y las preocupaciones de la
comunidad local, a fines de la semana pasada
desembarcó en Luján el gobernador Felipe
Solá y la mayoría de los funcionarios de
primera línea de su gabinete.
Estaba todo debidamente organizado para
que el primer mandatario llegara y cortara
las cintas de inauguración de la Escuela
N° 34 del barrio Sarmiento y, a un par de
cuadras de distancia, de la remodelada
avenida Lorenzo Casey.
Más allá del anecdótico retraso de dos
horas en su arribo, el viernes Solá fue el
protagonista de un típico acto político.
No debe quedar al margen de la información
sobre la visita del gobernador que la
escuela que inauguró carece del servicio de
gas y de un sinnúmero de detalles de
terminación de obra.
Lo importante para la política actual
estaba en orden: un escenario, un micrófono
funcionando, chicos para acariciarle la
cabeza y la cinta inaugural reglamentaria
cruzando la puerta principal. Qué pasa en
la escuela el día después de la fiesta, es
un problema de los docentes, de los
consejeros escolares, de los padres y de los
alumnos.
Lo mismo se debe decir del corte de
cintas en la avenida Lorenzo Casey. Para
beneplácito del gobernador, un cartel con
el nombre del barrio Sarmiento lucía
impecable; se acondicionó un espacio verde
para montar una placita; se pintaron los
bordes de los cordones, y hasta donde
llegaba la vista de Solá se pintaron las
líneas blancas para el cruce peatonal de
cada esquina.
A ello se sumó la infaltable placa que
inmortaliza el acto inaugural, para que
nunca nadie en el futuro se atreva a dudar
que la obra se realizó gracias a Solá, su
ministro Eduardo Sícaro y el intendente
Miguel Prince. Que los vecinos tengan que
aportar de sus bolsillos no sólo el monto
que administran los mencionados funcionarios
sino también, de manera directa, un 10 por
ciento de la obra, es un detalle molesto
dentro de la placa.
A una semana de la ceremonia, los
cordones pintados y las líneas blancas de
cruce peatonal son prácticamente un
recuerdo. Fueron acondicionadas con pintura
ideal para actos inaugurales. El
helicóptero del gobernador despegó y la
decoración comenzó a desaparecer. De
hecho, en las cuadras más cercanas a la
ruta nacional 5 ni siquiera fueron
señalizadas. Se sabía que Solá no
pasaría por allí.
En la misma línea conceptual se tiene
que ubicar la promesa del ministro de
Infraestructura, Vivienda y Servicios
Públicos de la Provincia, el lujanense
Sícaro, ante delegados y vecinos de
diferentes localidades.
Sícaro dijo, más para los medios de
prensa que para los ciudadanos, que "en
pocos días más comienza la obra de
repavimentación de la ruta provincial
192". Minutos antes del anuncio, el
gobernador Solá admitía que la obra de esa
ruta se realizará "pero falta acordar
los detalles de la financiación".
También se habló en la visita del
problema de la contaminación en Jáuregui,
pero lo único concreto que dejó el
gobernador es su sensación de que el
estudio para saber lo que ocurre "es
carísimo". ¿Carísimo comparado con
qué? Y lo que importa: ¿se hará el
estudio? ¿El gobierno provincial tiene
intenciones de financiarlo? Solá se fue y
no quedaron respuestas.
En resumen, la comitiva bonaerense pasó
y generó noticias. Pero poco les importa a
los funcionarios que esas noticias sean
duraderas. Poco les importa que lo
inaugurado o anunciado esté mal hecho o
incompleto. Lo importante es salir bien en
la foto.