En diferentes medios
de prensa, con unas u otras palabras, pero
con el mismo fin, se reflexionó días
atrás que para jerarquizar la función
pública es imprescindible, entre otras
cosas, pagar remuneraciones acordes con la
dedicación y la responsabilidad inherentes
a los cargos que se ocupan.
Fernando Laborda, en
el diario La Nación, escribió que ese
incentivo económico "debería ir
acompañado de la máxima transparencia y de
la eliminación de todo atisbo de dudas
vinculadas con el pago de sobresueldos en
negro o de gastos de representación poco
claros, al igual que los tristemente
célebres fondos reservados, cuya falta de
rendición de cuentas habilita cualquier
sospecha de que estén engrosando los
bolsillos de los funcionarios".
Con la cortina
informativa que provoca una alegría
mundialista, y en el caso de Argentina en su
máxima expresión, porque ocurrió en
coincidencia con la goleada a Serbia y
Montenegro, el gobierno acató esas
reflexiones. Pero lo hizo en extremos
grotescos.
Los funcionarios y los
legisladores nacionales se aumentaron sus
salarios. Pero en el caso de los primeros,
se determinó un cobro extra por la
"responsabilidad en el cargo". Ese
dinero no forma parte de la masa salarial a
cobrar cada fin de mes, sino que se cobra
como un plus, como un extra, como un
agregado. Si se nos permite, digamos que se
cobra como el equivalente a los sobresueldos
en negro que abundaron en tiempos
menemistas.
Es indudable; un
funcionario público tiene que cobrar un
sueldo acorde con el trabajo que asume. Y en
el caso de figuras con perfil técnico, el
ingreso de bolsillo tiene que ser tentador,
de modo que comparativamente no le resulte
un imán la actividad privada. Además,
relacionado con ello, también se tendría
que asegurar un salario que, al terminar su
gestión, no lo lleve de manera directa a la
actividad privada para allí aprovecharse de
sus contactos públicos.
Lo que no se puede
discutir, por su carácter de inaceptable,
es que se blanquee un cobro aparte "por
responsabilidad en el cargo".
¿No se supone que un
funcionario tiene que ser responsable sin
necesidad de recibir por ello un cobro
explícito? En todo caso, hay que pensar que
los cientos y cientos de funcionarios que
pasaron por diferentes gestiones no fueron
todo lo responsable que le exigía el cargo
porque nadie les pagaba para ello.
Cobrar por la
responsabilidad en el cargo es un acto de
premeditación y alevosía que se perpetró
cuando la ciudadanía tenía la atención
puesta en Alemania.
Ahora, con su
blanqueo, se abre un sinfín de preguntas.
¿No se tendrá que empezar a pagar
responsabilidad en el cargo a los médicos,
a los agentes de seguridad, a los jueces, a
los secretarios de los jueces, a los
trabajadores sociales, a las enfermeras de
establecimientos públicos?
De lo contrario,
habrá que entender que sólo los políticos
tienen que recibir un pago extra por su
responsabilidad. El resto de los
trabajadores lo sobreentienden, lo
consideran algo natural.