Sábado 8 de Julio de 2006 - Año 91 - Edición 7165 - Edición digital 0495

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El lunes se escucharán los alegatos

El juicio por el caso Zarnic en su recta final

El fiscal probablemente basará su alegato tomando como antecedente de un hecho parecido el recordado "caso Iribarren", de la cuidad de Giles, quien mató a su familia y la enterró en un pozo junto a su casa.

La defensa intentará probar que Sergio Santillán no fue el autor de la masacre ya que no hay testigos presenciales del cuádruple homicidio.

El lunes, desde las 9.30, el juicio oral y público que se le sigue al único encausado por matar a la familia Zarnic -presuntamente para quedarse con un viejo auto, algunos electrodomésticos y unos pocos muebles- ingresará en su fase de definición.

Agotadas las audiencias de debate, el fiscal Guillermo Altube buscará probar que Sergio Santillán mató a Luis Zarnic, Viviana Repossi y los dos hijos varones del matrimonio con el afán de apoderarse de los bienes. Para lograr su cometido, utilizó un pico que sabía manejar con destreza, tal como manifestó un albañil que lo contrató a pedido de una de las víctimas para cavar un pozo ciego.

En esa línea argumentativa, el fiscal difícilmente encuentre inconvenientes a la hora de sostener que Santillán tenía en su poder el viejo Ford Taunus, una heladera, una cocina, un juego de sillones y otras pertenencias de los Zarnic, como coincidieron muchos de los 43 testigos que durante una semana pasaron por el Tribunal en lo Criminal 1 de Mercedes.

El Dr. Altube ya adelantó por dónde transitará su alegato. Tomará como referencia para que sea condenado Santillán el recordado "caso Iribarren".

Seguramente, trazará un paralelismo con el múltiple asesino Luis Fernando Iribarren, quien en 1986 mató a sus padres y a dos hermanos de 15 y 9 años, ocultó durante nueve años los cadáveres en un pozo ubicado al lado de su casa y argumentó luego que su familia se había ido a Paraguay debido a deudas que mantenía con prestamistas.

El "Carnicero de Giles" vivió hasta 1995 con su tía Alcira, a quien asesinó de un hachazo, arma parecida con la que fue masacrada la familia Zarnic.

MACABRAS COINCIDENCIAS

Al igual que el caso Zarnic, la Policía de San Andrés de Giles tampoco pudo dar con los cuerpos a pesar de haber efectuado un rastrillaje por la casa de la familia Iribarren durante dos meses. En ese caso, los cadáveres también estaban vestidos.

A la hora de ser juzgado, a Iribarren no lo ayudaron los estudios psiquiátricos y psicológicos ya que determinaron que el imputado presentaba rasgos narcisistas y paranoides con graves trastornos de la personalidad pero con conciencia de sus actos. Mientras que a Santillán tampoco lo favorece una pericia psicológica en la que un profesional sostiene que es capaz de matar debido al poco aprecio que tiene por la vida, provocado por problemas que sufrió cuando era niño.

Curiosa similitud existe entre Iribarren y Santillán: ambos tuvieron dos hijos con una primera mujer; en los dos casos los imputados compartieron una cena con sus víctimas horas antes de ser asesinadas; para los médicos forenses que declararon en aquel juicio y en este, el móvil de los crímenes es económico; los fiscales sostienen que luego del hecho los imputados armaron coartadas y mentiras; la personalidad de ambos es muy parecida ya que todos los testigos los describen como individuos de apariencias pacíficas y a los que no les conocen peleas ni altercados violentos con nadie; por último, en la cárcel actualmente ambos tienen muy buena conducta.

Parecido también resulta la cantidad de testigos que declararon en los dos juicios y hasta el número de personas que fueron desestimadas por las partes.

Finalmente, cabe recordar que Irribarren fue sentenciado en agosto de 2002 a reclusión perpetua por tiempo indeterminado y Santillán está al borde de recibir, cuanto menos, prisión perpetua. Y él eso lo sabe porque se lo comunicaron sus abogados.

¿INIMPUTABLE?

Por su parte, la defensa quizás fije su alegato tratando de convencer al tribunal de que Santillán nada tuvo que ver con los crímenes. O, en todo caso, que no comprendió lo que hizo y que es inimputable.

Otra posibilidad es que pueda probar que no fue el autor material de los cuatro crímenes, o al menos que no actuó en forma solitaria, al sostener que su defendido es incapaz de cometer semejante hecho para apropiarse de un viejo auto y otros elementos de poco valor.

Tal vez, haga pesar las desprolijidades que tuvo el accionar policial de Luján Primera como quedaron en evidencia a lo largo del proceso judicial y apunte a incriminar a otras personas que, de diferentes maneras, están vinculadas también con el caso.

Pero todo quedará en manos de los jueces Ameigeiras, Gallaso y Bocacci, quienes deberán fijar sentencia, al menos para la única persona que se sentó hasta ahora en el banquillo de los acusados.

 

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