El fiscal probablemente basará su
alegato tomando como antecedente de un hecho parecido el
recordado "caso Iribarren", de la cuidad de Giles,
quien mató a su familia y la enterró en un pozo junto a su
casa.
La defensa intentará probar que
Sergio Santillán no fue el autor de la masacre ya que no hay
testigos presenciales del cuádruple homicidio.
El lunes, desde las 9.30, el juicio oral
y público que se le sigue al único encausado por matar a la
familia Zarnic -presuntamente para quedarse con un viejo auto,
algunos electrodomésticos y unos pocos muebles- ingresará en
su fase de definición.
Agotadas las audiencias de debate, el
fiscal Guillermo Altube buscará probar que Sergio Santillán
mató a Luis Zarnic, Viviana Repossi y los dos hijos varones
del matrimonio con el afán de apoderarse de los bienes. Para
lograr su cometido, utilizó un pico que sabía manejar con
destreza, tal como manifestó un albañil que lo contrató a
pedido de una de las víctimas para cavar un pozo ciego.
En esa línea argumentativa, el fiscal
difícilmente encuentre inconvenientes a la hora de sostener
que Santillán tenía en su poder el viejo Ford Taunus, una
heladera, una cocina, un juego de sillones y otras
pertenencias de los Zarnic, como coincidieron muchos de los 43
testigos que durante una semana pasaron por el Tribunal en lo
Criminal 1 de Mercedes.
El Dr. Altube ya adelantó por dónde
transitará su alegato. Tomará como referencia para que sea
condenado Santillán el recordado "caso Iribarren".
Seguramente, trazará un paralelismo con
el múltiple asesino Luis Fernando Iribarren, quien en 1986
mató a sus padres y a dos hermanos de 15 y 9 años, ocultó
durante nueve años los cadáveres en un pozo ubicado al lado
de su casa y argumentó luego que su familia se había ido a
Paraguay debido a deudas que mantenía con prestamistas.
El "Carnicero de Giles" vivió
hasta 1995 con su tía Alcira, a quien asesinó de un hachazo,
arma parecida con la que fue masacrada la familia Zarnic.
MACABRAS
COINCIDENCIAS
Al igual que el caso Zarnic, la Policía
de San Andrés de Giles tampoco pudo dar con los cuerpos a
pesar de haber efectuado un rastrillaje por la casa de la
familia Iribarren durante dos meses. En ese caso, los
cadáveres también estaban vestidos.
A la hora de ser juzgado, a Iribarren no
lo ayudaron los estudios psiquiátricos y psicológicos ya que
determinaron que el imputado presentaba rasgos narcisistas y
paranoides con graves trastornos de la personalidad pero con
conciencia de sus actos. Mientras que a Santillán tampoco lo
favorece una pericia psicológica en la que un profesional
sostiene que es capaz de matar debido al poco aprecio que
tiene por la vida, provocado por problemas que sufrió cuando
era niño.
Curiosa similitud existe entre Iribarren
y Santillán: ambos tuvieron dos hijos con una primera mujer;
en los dos casos los imputados compartieron una cena con sus
víctimas horas antes de ser asesinadas; para los médicos
forenses que declararon en aquel juicio y en este, el móvil
de los crímenes es económico; los fiscales sostienen que
luego del hecho los imputados armaron coartadas y mentiras; la
personalidad de ambos es muy parecida ya que todos los
testigos los describen como individuos de apariencias
pacíficas y a los que no les conocen peleas ni altercados
violentos con nadie; por último, en la cárcel actualmente
ambos tienen muy buena conducta.
Parecido también resulta la cantidad de
testigos que declararon en los dos juicios y hasta el número
de personas que fueron desestimadas por las partes.
Finalmente, cabe recordar que Irribarren
fue sentenciado en agosto de 2002 a reclusión perpetua por
tiempo indeterminado y Santillán está al borde de recibir,
cuanto menos, prisión perpetua. Y él eso lo sabe porque se
lo comunicaron sus abogados.
¿INIMPUTABLE?
Por su parte, la defensa quizás fije su
alegato tratando de convencer al tribunal de que Santillán
nada tuvo que ver con los crímenes. O, en todo caso, que no
comprendió lo que hizo y que es inimputable.
Otra posibilidad es que pueda probar que
no fue el autor material de los cuatro crímenes, o al menos
que no actuó en forma solitaria, al sostener que su defendido
es incapaz de cometer semejante hecho para apropiarse de un
viejo auto y otros elementos de poco valor.
Tal vez, haga pesar las desprolijidades
que tuvo el accionar policial de Luján Primera como quedaron
en evidencia a lo largo del proceso judicial y apunte a
incriminar a otras personas que, de diferentes maneras, están
vinculadas también con el caso.
Pero todo quedará en manos de los
jueces Ameigeiras, Gallaso y Bocacci, quienes deberán fijar
sentencia, al menos para la única persona que se sentó hasta
ahora en el banquillo de los acusados.