Sábado 8 de Julio de 2006 - Año 91 - Edición 7165 - Edición digital 0495

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Memoria

Carta de la puerta de la antesala del salón de la Independencia (Tucumán) al pueblo de Luján

Escribe María Teresa Tartaglia de Silvano-Docente-Historiadora

Luján, 9 de julio de 2006

Al pueblo de Luján:

Escribo esta carta desde el lugar que ocupo ahora, primer piso del Cabildo de la ciudad de Luján, hoy Complejo Museográfico Provincial "Enrique Udaondo". Me siento un poco sola, olvidada, las personas y los chicos pasan y no advierten quién soy, ni preguntan por qué estoy aquí en Luján y no en Tucumán. Mis maderas forman dos hojas de cedro con tableros salientes y es toda la riqueza que tengo. Mido aproximadamente 2,83 mts por 1,70 mts. Era la puerta de la antesala que conducía al salón donde se juró la Independencia el 9 de julio de 1816.

El duende de la magia de la historia, permite que mi nota y con ella mi voz llegue a ustedes. Mis maderas están llenas de recuerdos que quiero compartirlos.

La Casa donde yo estaba, en Tucumán, era de la Sra. Francisca Bazán de Laguna que la había ofrecido para que se reunieran los congresales. Era una hermosa casa de fines del siglo XVIII, de estilo barroco español.

El 9 de julio fue un día claro y hermoso. Desde temprano llegaron los diputados con la decisión de que era el momento de declarar la Independencia de España. Estaban 29 representantes de los 33 que habían llegado. La mayoría eran sacerdotes, comerciantes, abogados, estancieros, habían sido elegidos por los Cabildos de las ciudades. Luego de discutir mucho, alrededor de las 2.30 de la tarde, el presidente sanjuanino Narciso Laprida preguntó "si querían que las Provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli". Todos proclamaron: ¡Sí! Unas 200 personas apoyaron esta decisión. Recuerdo que el 19 de julio se completó la declaración cuando el diputado Medrano, representante de Buenos Aires, propuso agregar al acta: "Libres de toda dominación extranjera".

Escuché que esta disposición se asumió por el peligro del avance de portugueses y las ambiciones de los ingleses. El 21 de julio los diputados juraron el acta de Independencia y para mí fue otro día de emoción.

Pero quiero contarles que el 10 de julio Tucumán festejó el desafío de nacer como país libre. Desde mi lugar pude seguir los acontecimientos del día. A la mañana, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón presidió las ceremonias. Desfilaron 5.000 gauchos con ponchos y lanzas. Se ofició una misa pidiendo a Dios por la Patria.

Fue un día de júbilo y fiesta. Por la noche, en mi casa se realizó un baile. Llegaron los diputados y las familias más nobles de la ciudad. El gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz, con su familia fueron los anfitriones del baile. Los recuerdos los atesoro tan cercanos que percibo la alegría de la gente que llegaba cruzando el patio de la Casa adornado con farolitos de papel y guirnaldas. El piano y el violín animaban la fiesta y su música recibía a los invitados. Diviso la llegada de las señoras, de los caballeros y de las alegres muchachas y jóvenes. Los distingo al cruzar la plaza que está animada por la gente del pueblo, ellos festejaban y bailaban allí, guitarras y payadores con su ingenio eran el centro del festejo en dicha plaza; más lejos se sentían los tambores de los negros y el candombe.

Las muchachas vestían trajes de muselina, brocato o seda, mangas tipo farolitos, talle imperio, amplios escotes y la falda que dejaban ver atrevidamente el tobillo. Tenían como abrigo una capita de terciopelo, mantones, rebozos o chales. Muchas llevaban el cabello recogido, bucles, trenzas o rizos adornados con flores, moños o pequeñas peinetas. No se conocían el peinetón, ni el miriñaque y los almidones. En la mano agitaban grandes pañuelos y hermosos abanicos. Admiré mucho la elegancia de los jóvenes: pantalones ajustados, frac, chalecos, pañuelos anudados formando moños o corbatas, camisas con puntillas bordadas, botas altas, sombrero, bastón y capas.

El baile se animó al compás del cielito, la condición, el minué, el vals y la contradanza. La pareja más aplaudida fue Manuel Belgrano con Dolores Helguera.

Hasta recuerdo que los caballeros hablaban de la situación militar, de las derrotas de los ejércitos del Alto Perú, de la valentía de Martín Miguel de Güemes y sus gauchos defendiendo la frontera norte, del general don José de San Martín y la preparación del ejército de los Andes en el Plumerillo, del peligro de la invasión portuguesa en la Banda Oriental, y de la ausencia de los diputados orientales y del Litoral que respondían a Artigas.

Las señoras, sentadas vigilando a sus hijas, hablaban de recetas de cocina y se organizaban para invitar en diferentes días a los diputados. ¿Las recetas? Puchero, carbonada, empanadas, locro, ternera asada, pescado frito. Hasta me acuerdo que se quejaban de la escasez de las verduras y que sólo conseguían zapallo y batatas. El pavo relleno y el cordero decían servirlo para las ocasiones especiales. Los postres preferidos eran dulces caseros, dulce de leche, sidra cayote, zapallo, batata, arroz con leche, pasteles.

Me parece ver a los negros sirviendo mate de leche perfumado con canela, chocolate y licores caseros. Las muchachas hablaban de poesías y cruzaban miradas con los jóvenes y movían el abanico con ese lenguaje tan particular que ya no volví a ver.

Se bailó hasta muy tarde, cerca de la una de la mañana, y me quedé sola en la casa. Había cesado la música, se apagaron las velas y la noche oscura y fría me envolvió.

Supe, por los comentarios de los diputados, que la fiesta oficial se celebró el 24 de septiembre en el mismo campo donde el Gral. Manuel Belgrano había librado la gloriosa batalla de Tucumán. También conocí, por las conversaciones de los señores, que en Buenos Aires se juró y celebró la Independencia el 12 de octubre, y en la Villa de Luján entre el 12 y 13 de septiembre.

Pero ustedes se preguntarán por qué estoy aquí en el Cabildo de Luján. Es una historia triste pero deben conocerla. Cuando el Congreso se trasladó a Buenos Aires, en 1817, mi casa quedó abandonada. En 1874 el gobierno de Tucumán la compró y se transformó en oficinas de Correo y Telégrafo. En 1903, el presidente Julio Argentino Roca ordenó derribarla y sólo mantuvieron de mi casa un templete con las paredes del salón de la Independencia. Los demás elementos, parte de la demolición, inclusive yo, fuimos vendidos y nos compró un coleccionista sanjuanino Agustín Gnecco. Al morir éste, sus hijos dispusieron vender parte de la colección a un norteamericano. Don Enrique Udaondo, director del Museo de Luján, ordenó comprar las 10.000 piezas puestas a la venta. Llegamos en vagones de Ferrocarril a Luján en 1942.

Mi casa fue reconstruida por iniciativa del diputado Ramón Paz Posse en 1941 y el 24 de septiembre de 1943 se inauguró como Museo. Esto lo conocí por explicaciones que escuché después.

Pero yo estoy aquí. ¿Dónde debería estar? ¿En mi casa reconstruida y nueva como un testigo de todo lo que viví, o aquí en Luján olvidada? Muchas veces dudo sobre mi destino y pienso cuál es mi lugar; pero también reconozco que si no hubiera sido por don Enrique Udaondo ya no estaría en el país. Estoy aquí en Luján, en el Cabildo, mi historia futura dirá si me quedaré siempre aquí entre ustedes o volveré a mi hermosa Tucumán. Me gustaría que se acercaran más hasta mí, que pudiéramos entablar un diálogo imaginario, que los alumnos vinieran a descubrir aquellos acontecimientos de 1816 a través de mis viejas maderas. Me siento protagonista de aquellas jornadas y hoy patrimonio que atesora presencias y memorias.

Mi último mensaje es que a pesar de todos los problemas, situaciones, logros, aciertos y errores que vivimos en la actualidad, no olviden que la Patria se construye cada día desde el lugar donde estemos, con sacrificio, honestidad y entrega. Cada año las memorias de los días de libertad e independencia deben resurgir para decirnos que siempre la esperanza debe superar el desaliento, y que el camino verdadero ya está en marcha, porque es el trayecto de la Democracia.

Por eso les digo ¡Viva la Patria!

La puerta de la antesala del salón de la Independencia Tucumán