Con el telón de fondo de Alemania 2006, culmina otra
Copa del Mundo con sabor a poco, seguramente sin
imágenes que perduren en nuestras retinas por mucho
tiempo.
Aunque desempolvando el arcón, sí que encontramos
escenas que marcaron a fuego a una generación que sabe
que jamás se repetirá la historia. Era ese momento,
era ese lugar...
El mundial con promedio más bajo de gol de la
historia, el que desencadenó el cambio reglamentario
(tedio mediante) para que el arquero no pueda tomar más
la pelota con las manos cuando se la pasa un compañero,
uno de los de más bajo vuelo técnico que se recuerde;
sin embargo, Italia 90 tuvo ese "qué sé yo"
que jamás se repitió, y por supuesto a esta altura
insuperable.
Para los que éramos muy pibes en ese entonces
significó la plena identificación con el deporte más
maravilloso de la tierra, el que es factor preponderante
en estados de ánimo, el que nos iguala a todos... el
que nos hacía imitar las jugadas que veíamos por la
tele y hasta el tomar agua como los jugadores,
improvisando en las bolsitas de nylon vanos intentos que
se escurrían antes de pisar el verde césped.
Era la imagen de jugadores que para nosotros eran de
la selección, no tenían club, de ahí deviene en que
muchos al preguntárseles ¿de qué cuadro sos? no
dudaban: "de Argentina". Giusti,
Olarticoechea, Monzón, Batista, Maradona, no eran de
nadie, no tenían equipo.
Era una televisación sin tanta parafernalia de
cámaras exclusivas y con un siempre latente zumbido
símil a corneta incansable. Es recordar aún hoy a
jugadores como Zenga, Oman Biyik, Lacatus, Tomas Brolin
o "el gigante del Este" Skhuravy.
Fue entender la importancia de que suenen los himnos
antes de cada partido, haciendo caso omiso a periodistas
que se llenan la boca parloteando de que es la
selección de tal o cual y no el país todo el que
juega; tomátela crazy, sin ello no hubiese existido un
Diego puteando a "su" San Paolo porque
silbaban la canción patria, ni nos hubiésemos
conformado con una final reciente de Italia-Francia
porque tienen los himnos más lindos y pegadizos.
Es seguir recordando a Makanaki, Drobrovolsky o
Carnevale; los simpáticos arqueros Conejo, N´kono y el
baqueteado Shilton, sin olvidar al genial Higuita
(salió hasta Cartagena gambeteando, la perdió y
Colombia quedó afuera en octavos, ¡grande René!); la
exquisitez de Stojkovic, Scifo, el Enzo y Mathauss, y
claro, la insólita participación de Emiratos Árabes
Unidos y Egipto.
Los penales del Goyco, que por única vez cimentaron
un período en que los chicos sí querían ir al arco y
hacían penales sospechosos con tal de emular al 12
argentino, hasta alguno calzándose un pullover a
rombitos, ya que eran tiempos en que apenas se podía
aspirar a la casaca albiceleste Olan, ni pensar en la
original y menos de un arquero (ni hablar de otros
países).
Estimular la memoria y que aparezcan los David Platt,
Raducioiu, las lanas de Valderrama, Gullit y Makanaki.
Van Basten y Klinsmann jugando y no haciendo de
técnicos de turno con sus onerosas camisas. Un goleador
que tuvo su mes de gloria y nunca más como
"Totó" Schilaci y uno que tuvo sus años de
vida útil como Roger Milla.
La canción mundialista más bella con una carga
emotiva única e irrepetible y hasta una rudimentaria
mascota que tuvo éxito y arcaico merchandising.
"Alemao que no... sigue Diego", Taffarel
acariciando la rodilla de Caniggia, gol y despeine. El
ocaso del gran ariete inglés Gary Lineker y un pibe que
asomaba, Roberto Baggio. El pechazo de Troglio a Codesal
tras la sanción del penal.
Una exigua cantidad de enviados especiales -y
entendidos-no como la ola de improvisados que viajaron
vaya a saber a qué a Alemania, a hablar de las
salchichas, a insultar a otro total no entiende el
idioma o a visitar cervecerías... No a los Fierita,
Larry de Clay o Giordano. Sí a los Julio Ricardo,
Víctor Hugo, Tito Biondi o el Araujo que relataba, todo
por Canal 7, sin actores invitados ni planteles de 50
periodistas, ni ex jugadores robándola.
Una Copa del Mundo que lo tuvo todo, quizá no mucho
fútbol que es de lo que se trata, pero sí permanece
indeleble en el recuerdo y se engalana cada vez más a
medida que pasan los Estados Unidos 94 con su
inauguración fallida y su público ignaro; Francia 98
con Ricky Martín ladrando; Japón-Corea con su horario
insufrible y su tecnología de punta; Alemania 06 con su
puntillosidad y espectacularidad insulsa y olvidable
matizado con el impresentable león hermafrodita.
Por la interrupción de las clases, los calcos que
venían en los chicles y un fantástico álbum de
figuritas, por todo ello, por lo anterior y mucho más,
gracias Italia 90 por tus noches mágicas y ser
"el" Mundial.
Bonus Track
De antes y no "de después": Argentina 78 y
las pilchas Adidas que no dejaban nada a la
imaginación, qué dri fit ni ocho cuartos.
España 82 testigo del festejo más genial en la
historia del gol, la segunda anotación de Italia en la
final versus Alemania, Marco Tardelli con puños
apretados, agitando brazos, meneando la cabeza,
corriendo y al borde del llanto: apoteótico. Además,
en la segunda ronda otra perlita, un barbado Maradona
retirándose expulsado tras un planchazo correctivo.