Miércoles 12 de Julio de 2006 - Año 91 - Edición 7166 - Edición digital 0496

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Italia 90: el Mundial de culto

Escribe Juan Marcelo Zilla - De la redacción de Agencia NOVA

Con el telón de fondo de Alemania 2006, culmina otra Copa del Mundo con sabor a poco, seguramente sin imágenes que perduren en nuestras retinas por mucho tiempo.

Aunque desempolvando el arcón, sí que encontramos escenas que marcaron a fuego a una generación que sabe que jamás se repetirá la historia. Era ese momento, era ese lugar...

El mundial con promedio más bajo de gol de la historia, el que desencadenó el cambio reglamentario (tedio mediante) para que el arquero no pueda tomar más la pelota con las manos cuando se la pasa un compañero, uno de los de más bajo vuelo técnico que se recuerde; sin embargo, Italia 90 tuvo ese "qué sé yo" que jamás se repitió, y por supuesto a esta altura insuperable.

Para los que éramos muy pibes en ese entonces significó la plena identificación con el deporte más maravilloso de la tierra, el que es factor preponderante en estados de ánimo, el que nos iguala a todos... el que nos hacía imitar las jugadas que veíamos por la tele y hasta el tomar agua como los jugadores, improvisando en las bolsitas de nylon vanos intentos que se escurrían antes de pisar el verde césped.

Era la imagen de jugadores que para nosotros eran de la selección, no tenían club, de ahí deviene en que muchos al preguntárseles ¿de qué cuadro sos? no dudaban: "de Argentina". Giusti, Olarticoechea, Monzón, Batista, Maradona, no eran de nadie, no tenían equipo.

Era una televisación sin tanta parafernalia de cámaras exclusivas y con un siempre latente zumbido símil a corneta incansable. Es recordar aún hoy a jugadores como Zenga, Oman Biyik, Lacatus, Tomas Brolin o "el gigante del Este" Skhuravy.

Fue entender la importancia de que suenen los himnos antes de cada partido, haciendo caso omiso a periodistas que se llenan la boca parloteando de que es la selección de tal o cual y no el país todo el que juega; tomátela crazy, sin ello no hubiese existido un Diego puteando a "su" San Paolo porque silbaban la canción patria, ni nos hubiésemos conformado con una final reciente de Italia-Francia porque tienen los himnos más lindos y pegadizos.

Es seguir recordando a Makanaki, Drobrovolsky o Carnevale; los simpáticos arqueros Conejo, N´kono y el baqueteado Shilton, sin olvidar al genial Higuita (salió hasta Cartagena gambeteando, la perdió y Colombia quedó afuera en octavos, ¡grande René!); la exquisitez de Stojkovic, Scifo, el Enzo y Mathauss, y claro, la insólita participación de Emiratos Árabes Unidos y Egipto.

Los penales del Goyco, que por única vez cimentaron un período en que los chicos sí querían ir al arco y hacían penales sospechosos con tal de emular al 12 argentino, hasta alguno calzándose un pullover a rombitos, ya que eran tiempos en que apenas se podía aspirar a la casaca albiceleste Olan, ni pensar en la original y menos de un arquero (ni hablar de otros países).

Estimular la memoria y que aparezcan los David Platt, Raducioiu, las lanas de Valderrama, Gullit y Makanaki. Van Basten y Klinsmann jugando y no haciendo de técnicos de turno con sus onerosas camisas. Un goleador que tuvo su mes de gloria y nunca más como "Totó" Schilaci y uno que tuvo sus años de vida útil como Roger Milla.

La canción mundialista más bella con una carga emotiva única e irrepetible y hasta una rudimentaria mascota que tuvo éxito y arcaico merchandising.

"Alemao que no... sigue Diego", Taffarel acariciando la rodilla de Caniggia, gol y despeine. El ocaso del gran ariete inglés Gary Lineker y un pibe que asomaba, Roberto Baggio. El pechazo de Troglio a Codesal tras la sanción del penal.

Una exigua cantidad de enviados especiales -y entendidos-no como la ola de improvisados que viajaron vaya a saber a qué a Alemania, a hablar de las salchichas, a insultar a otro total no entiende el idioma o a visitar cervecerías... No a los Fierita, Larry de Clay o Giordano. Sí a los Julio Ricardo, Víctor Hugo, Tito Biondi o el Araujo que relataba, todo por Canal 7, sin actores invitados ni planteles de 50 periodistas, ni ex jugadores robándola.

Una Copa del Mundo que lo tuvo todo, quizá no mucho fútbol que es de lo que se trata, pero sí permanece indeleble en el recuerdo y se engalana cada vez más a medida que pasan los Estados Unidos 94 con su inauguración fallida y su público ignaro; Francia 98 con Ricky Martín ladrando; Japón-Corea con su horario insufrible y su tecnología de punta; Alemania 06 con su puntillosidad y espectacularidad insulsa y olvidable matizado con el impresentable león hermafrodita.

Por la interrupción de las clases, los calcos que venían en los chicles y un fantástico álbum de figuritas, por todo ello, por lo anterior y mucho más, gracias Italia 90 por tus noches mágicas y ser "el" Mundial.

Bonus Track

De antes y no "de después": Argentina 78 y las pilchas Adidas que no dejaban nada a la imaginación, qué dri fit ni ocho cuartos.

España 82 testigo del festejo más genial en la historia del gol, la segunda anotación de Italia en la final versus Alemania, Marco Tardelli con puños apretados, agitando brazos, meneando la cabeza, corriendo y al borde del llanto: apoteótico. Además, en la segunda ronda otra perlita, un barbado Maradona retirándose expulsado tras un planchazo correctivo.