El gobierno nacional ha iniciado una amplia campaña
de consulta popular para que todos tengan oportunidad de
opinar acerca de la nueva Ley de Educación Nacional. Ya
se realizaron dos jornadas de análisis y debate en las
escuelas y el lunes 17 y el martes 18 será el momento
de escuchar la voz de padres y alumnos.
La iniciativa tiene como propósito reemplazar la
actual Ley Federal de Educación fruto de las políticas
neoliberales aplicadas durante los noventa. Esa ley
desarticuló el sistema educativo nacional, creó el
nefasto tercer ciclo (octavos y novenos años agregados
a las escuelas primarias), aceleró el traspaso de
escuelas a las provincias, quitó recursos al sistema
priorizando el pago de la deuda externa, según
recomendaciones del propio FMI, sobre el financiamiento
para educación.
El paso siguiente, impedido en gran medida gracias a
las marchas y protestas gremiales, era la
municipalización de los servicios educativos al estilo
chileno. Sistema contra el cual la presidenta de ese
país debió afrontar manifestaciones durísimas
recientemente y que en la práctica significa que
estudia el que puede pagar.
La provincia de Buenos Aires dictó en 1994 su propia
Ley de Educación en concordancia con la nacional. La
impuso sin ningún consenso y recibió desde el primer
momento una lluvia de críticas, a tal punto que, con el
transcurso del tiempo, fue dando la razón a los
docentes implementando distintos cambios.
Algunos partidos de la oposición señalan que
resulta paradójico que el gobierno actual, del mismo
signo del autor de aquella ley, hoy la considera
totalmente negativa. Más aún, posiblemente algún
legislador que ayer levantó su mano aprobatoria, lo
repita con la nueva.
Son aspectos de la realidad argentina difíciles de
entender.
No obstante, el proyecto de Ley de Educación
Nacional que se propone enviar a las Cámaras el
ministro Daniel Filmus en octubre próximo, va a
contemplar algunos aspectos importantísimos.
Una vez sancionada, será cuestión de lograr que su
cumplimiento y adecuada implementación se transforme en
una política de Estado, es decir que tenga continuidad
en el tiempo y no que ante la primera crisis, grande o
pequeña, resulte la cenicienta del presupuesto y de las
preocupaciones y ocupaciones del gobierno.
¿Qué aspectos deberá contemplar la Ley?
Sostener que la educación es responsabilidad
indelegable e inalienable del Estado; concebir a la
educación como permanente; favorecer la concentración
de los docentes en un mismo establecimiento (evitar los
profesores-taxi), asignando tanto horas de clase como
tiempo para trabajo pedagógico individual y colectivo y
para la tutoría de alumnos; brindar capacitación
continua, gratuita y en servicio, de carácter
obligatorio, a todos los docentes (para terminar con la
mercantilización de los cursos de capacitación);
llevar la formación docente de grado al nivel
universitario; establecer sistemas de reinserción para
quienes desean retomar sus estudios y acreditar saberes
adquiridos fuera del sistema; asegurar el funcionamiento
de convenciones colectivas de trabajo (esto evita que se
tomen decisiones sin la participación de los docentes);
fijar políticas compensatorias para que la educación
sea de la misma calidad en todo el país, unificar el
sistema en su estructura y contenidos en el orden
nacional respetando las particularidades regionales;
proveer edificios y equipamientos, previendo el debido
mantenimiento; disponer que las escuelas tengan como
máximo 500 alumnos y que no haya más de 25 por curso;
redefinir los recursos que se destinan a las escuelas de
gestión privada, sosteniendo fuertemente sólo a las
que son gratuitas o cobran muy poco (para evitar que se
ahonden las diferencias sociales); garantizar tanto
condiciones dignas de trabajo como salarios adecuados y
suficientes; disponer que los programas de estudio
formen tanto en la cultura del trabajo, el esfuerzo y la
responsabilidad como en la conciencia de ser parte del
sistema democrático que implica derechos y obligaciones
ciudadanas.
Otros aspectos a tener en cuenta serían: dar
razonables márgenes de autonomía en la administración
de las escuelas evitando excesos burocráticos; separar
lo asistencial de lo propiamente educativo para que no
se desdibuje la función de la escuela y se priorice la
adquisición de conocimientos; extender la
obligatoriedad hasta la culminación del nivel medio;
destacar al maestro como un referente social fundamental
para mejorar las condiciones de vida de los sectores
más desprotegidos; implementar formas eficaces de ayuda
para alumnos con necesidades básicas insatisfechas;
fijar pautas para evaluar a los estudiantes en la
adquisición de conocimientos básicos esenciales y el
desempeño de los docentes como responsables de brindar
un buen servicio; prever la formación de equipos
interdisciplinarios en las escuelas consideradas de alto
riesgo para la atención de los problemas de la
adolescencia.
Hablar de educación es hablar de futuro. Deberán
transcurrir algunos años para que se empiecen a ver los
frutos de una nueva y buena Ley de Educación.
El esfuerzo de debatir el tema, discutirlo y
analizarlo vale la pena. Ojalá el día de mañana
merezca ser recordada con tanta admiración como se lo
hace con la 1420.