La
idea de mantener una reunión entre algunos concejales y la
jueza de Paz surgió el jueves pasado.
Los ediles quieren que la funcionaria
del Poder Judicial explique por qué no otorga órdenes de
allanamiento a la Policía.
Mientras tanto, vecinos reclaman el
regreso de los "megaoperativos" ante la
proliferación de menores armados por las calles de los
barrios Ameghino y Lanusse.
Luego de una reunión mantenida el
jueves entre concejales que integran la Comisión de
Seguridad, Transporte y Tránsito con funcionarios municipales
del área de Prevención Comunitaria y Control Urbano,
autoridades policiales y vecinos, los ediles llegaron a la
conclusión de pedirle explicaciones a la jueza de Paz Letrada
por su desempeño en algunos hechos en particular.
El motivo que llevó a los concejales a
evaluar la necesidad de que la Dra. Estela Carril justifique
alguna de sus decisiones, parte de una creciente sensación de
inseguridad que manifestaron tener vecinos de los barrios
Lanusse y Ameghino quienes ven proliferar por las calles a
menores de entre 14 y 17 portando armas con la misma
naturalidad que puede tener un niño manipulando un juguete.
Ante esta situación de peligro a la que
se ven expuestos diariamente, piden que vuelvan los llamados
"megaoperativos". Se trata de procedimientos
realizados por sorpresa y con la participación masiva de
efectivos llevados a cabo por la Policía Bonaerense que
incluyen allanamientos de determinadas viviendas. En este caso
puntual, solicitan que se implemente a la brevedad y que la
fuerza de seguridad ingrese a lugares donde se sospecha
habrían armas ilegales.
Sin embargo, la Policía no puede dar
una respuesta acorde al planteo integral de un grupo de
ciudadanos debido a que la jueza de Paz en varias ocasiones no
hizo lugar al pedido que autoriza a la fuerza a ingresar a
viviendas particulares por sostener que la solicitud girada no
se ajustaba en algunos de los términos a lo que exige la ley.
No obstante, la Policía no carga todas las culpas contra la
jueza de Paz ya que en el caso de la situación de menores
armados en la vía pública quien debe actuar es la Justicia
de Menores, y a partir de la Ley de Minoridad quien deberá
intervenir es la Municipalidad.
Por su parte, la posibilidad de que
regresen los "megaoperativos" en el corto plazo no
la descartan las autoridades policiales ya que están
gestionando con la Fiscalía de Mercedes aplicarlos de un
momento para otro.
Con todo, hay quienes defienden la
actuación de la Dra. Carril porque se ajustó a la ley al
negar la autorización para decomisar armas en el interior de
viviendas con el argumento de que la Ley de Tenencia de Armas
había sido prorrogada y, por lo tanto, no podía permitir que
la Policía las incaute ingresando a casas particulares ya que
legalmente sus moradores todavía podían tenerlas en su
poder.
Por este tipo de decisiones algunos
tildan a la jueza de "legalista" y dicen que
contrasta con uno de los objetivos primarios de la fuerza
policial como es combatir la delincuencia en todas sus formas.
Y una de esas formas es desarmando a quien cuenta con armas en
forma ilegal porque estaría actuando al margen de la ley.
DETALLISTA
De sólida formación judicial y
detallista a ultranza, a la Dra. Carril no le tiembla el pulso
a la hora de tener que anular un pedido de allanamiento por un
punto o una coma mal colocados. Y esto en ocasiones lleva a
que una contravención no salga del Juzgado, o a que una
investigación quede a medio camino por la falta de un dato o
por un error de ortografía escrita por un policía o por un
funcionario municipal. A su favor, fuentes policiales
destacaron casos en los que se expidió con celeridad y así
pudieron dar con malvivientes que acababan de cometer
ilícitos.
"Tal vez necesitemos un juez de Paz
con un poco más de cintura y elasticidad como tiene Moreno
como para que las penas sean más efectivas aunque las
resoluciones que toma la jueza son entendibles desde un punto
de vista técnico", se escuchó decir esta semana.
Ante la rigidez de la jueza que no
otorga la cantidad de órdenes de allanamiento que pide la
fuerza policial y la demanda de medidas por parte de la gente,
los ediles quieren ahora hablar con la titular del Juzgado de
Paz y en lo posible desean hacerlo en forma
"urgente".
Aunque nadie se anima a decir
abiertamente que la relación entre el Juzgado, la
Municipalidad y la Policía hoy puede considerarse como
conflictiva, al menos reconocen que están frente a una
"situación crítica". Existe cierto malestar por la
poca flexibilidad que viene demostrando la Dra. Carril frente
a algunos procedimientos en los que se le solicitan órdenes
de allanamientos para poder actuar. Además, aseguran que
algunos expedientes que llegan a sus manos no siguen luego el
curso que desearían los funcionarios municipales.
¿HORA DE RENDIR
CUENTAS?
Algunas voces escuchadas esta semana
hablan, en principio, de que la magistrada debería rendir
cuenta por su labor, al menos, ante los concejales. Otros,
más extremistas, consideran que llegó el momento de empezar
a trabajar en el cambio de la funcionaria, aunque removerla de
su cargo no resultaría una tarea sencilla.
En tal sentido, uno de los ediles que
participó de la reunión le dijo a EL CIVISMO que en Moreno
"piden veinte órdenes de allanamiento y le dan las
veinte. En otros lugares del conurbano piden diez y les dan
las diez, pero acá no se sabe por qué no da ninguna
orden".
Por otra parte, a partir de los hechos
violentos que se vivieron durante el fin de semana pasado en
el microcentro de Luján, se llevó a cabo otra reunión que
mantuvo un conocido vecino -cuyo hijo fue brutalmente golpeado
por una patota- con autoridades del Departamento Ejecutivo y
policiales. En ese encuentro hablaron no sólo de cuestiones
relacionadas con la seguridad en la noche sino también de la
problemática que involucra la venta de drogas ilícitas.
Según pudo saber este medio, una de las
partes habría dicho que la Dra. Carril no es proclive a que
la Policía proceda a allanar viviendas de "familias
tradicionales" cuyos hijos estarían sospechados de estar
involucrados en algún tipo de actividad delictiva.
Al respecto, ponen como ejemplo el caso
de un hombre que acaba de salir de la cárcel y que por estos
días se ganaría la vida vendiendo estupefacientes pero que
no puede ser detenido porque la Justicia -nótese que nunca
señalaron a la jueza- no autoriza a la Policía a realizar un
procedimiento en su vivienda.
Resulta difícil saber cuánto hay de
cierto en este comentario, sobre todo si no hay una denuncia
concreta. Sin embargo, muchos vecinos de este ex convicto
aseguran que estaría gozando de una "protección" y
esto le permitiría ganar dinero en forma ilícita.
Desde la Municipalidad alientan a los
vecinos a que radiquen denuncias bajo reserva de identidad
ante un fiscal o ante la propia jueza de Paz. Esa denuncia
indefectiblemente debe llegar a la Policía, pero mientras no
existan denuncias concretas, difícilmente la Justicia actúe
de oficio y menos aún basándose en comentarios de vecinos.
"Nadie se juega legalmente u oficialmente a
denunciar", enfatizó un funcionario del Departamento
Ejecutivo que habló ayer con este medio.
Mientras tanto, uno de los concejales
confirmó que desde la Comisión de Seguridad, Transporte y
Tránsito van a "pedirle una reunión urgente a la
titular del Juzgado de Paz para saber por qué en Luján no
autoriza ciertos allanamientos con el fin de poder sacar del
circuito armas que puedan tener estos jóvenes".
Herencia del
Virreinato
Hablar de la Justicia de Paz significa
referirse a una de las instituciones más antiguas de nuestro
país en la tarea de administrar justicia.
Remontándose a su historia, en la
época del Virreinato, los Juzgados de Paz se instituyeron en
aquellos pueblos y ciudades en los que no había cabildos, y
aunque su competencia ni su forma eran las mismas que en la
actualidad, la Justicia de Paz siempre tuvo dentro de la
comunidad un papel preponderante determinado por el elemental
principio de inmediatez.
En la provincia de Buenos Aires la
competencia de la Justicia de Paz evolucionó constantemente,
aunque su cambio más drástico se dio en 1978 con la
promulgación de la ley 9.229 (perfeccionada más tarde por el
Decreto Ley 9.682 y la ley 10.571), que transformó en Letrada
a la vieja y tradicional justicia lega, en la que la figura
del Juez de Paz era el ciudadano más probo que desempeñaba
su cargo ad-honorem.
A partir de allí comienza una sucesión
de transformaciones hasta alcanzar la tan especial como
variada competencia que hoy tiene, ya que comprende en
cuestiones tan disímiles como faltas correccionales (ley
8031), civiles y comerciales, menores, violencia familiar,
etc.