En esta ocasión, el Instituto Superior
de Formación Docente "Nuestra Señora de Luján",
de las Hermanas Vicentinas, y la Asociación Cultural y
Biblioteca Ameghino, se reunieron para concretar la
presentación de la escritora argentina de literatura
infantil, Silvia Schujer.
Ante una concurrida audiencia, el
viernes por la tarde, docentes, estudiantes y lectores en
general estuvieron presentes en la sede de la biblioteca para
disfrutar de una charla con la autora. Finalizado el
encuentro, los chicos y no tan chicos pudieron firmar sus
ejemplares.
Schujer pertenece al reconocido grupo de
autores que, con el retorno de la democracia, concretaron una
renovación de la literatura dirigida al mundo infantil. Entre
los nombres de Ricardo Mariño, Graciela Cabal, María Elena
Walsh, Elsa Bornemann, Graciela Montes -quien también llegó
a nuestra ciudad en 2004- y otros, aparece Silvia Schujer como
integrante de este conjunto que enfatizó el carácter libre y
liberador de la literatura, más que la transmisión
implícita de valores que la antecedió.
Aquella propuesta conllevó, durante los
primeros años de democracia, una innumerable cantidad de
iniciativas que recorrieron el país diseminando estos nuevos
criterios literarios.
Con 20 años en la literatura infantil,
muchos de los trabajos de Schujer ya integran la lista de
clásicos nacionales imperdibles, tanto para grandes como para
chicos.
En la charla del viernes cada palabra
valió la pena, especialmente cuando se trata de este tipo de
encuentros que acercan lectores y autores en un diálogo
abierto.
Cocinando cuentos
Abriendo la charla, Schujer se refirió
al quehacer mismo del escritor, a la cocina en la que los
autores se sumergen para ofrecer historias y emociones. A
continuación se extractan algunos de los comentarios que
brindó en su disertación.
"Me gusta hablar de la cocina de la
escritura porque es lo que puedo transmitirles como
experiencia. Cuando uno habla de esta cocina, hay que
referirse a cada uno de los libros. No hay ninguna receta
mágica, al menos yo no la tengo. Sólo levantarme todas las
mañanas, prender la computadora, dejarle lugarcito a mi perro
que se sienta al lado mío y ponerme a escribir. Fuera de esa
cosa mecánica, el resto depende de cada una de las historias.
"Una pregunta típica que me hacen
los chicos es de dónde saco las ideas. Eso no lo puedo
contestar porque no lo sé exactamente. Sí podría hablar de
cómo y dónde aparece alguna idea en algún libro, por
ejemplo, en "Lucas duerme en un jardín".
"En general yo no soy
autobiográfica. Todos los que escribimos, muchas veces sin
saberlo, ponemos cosas nuestras, pero no necesariamente cuento
historias que me hayan pasado. Hago esta salvedad porque Lucas
me hizo acordar a mi hijo cuando era chiquito. Ese nene con
rulos que no quería que lo peinaran era bastante mi hijo; y
esta idea de sacar los juguetes y tirarlos todos al suelo
también. Ahí sí hubo algunas evocaciones, algunos recuerdos
para crear este cuento. Por eso la idea me surgió simplemente
pensando en esto: una de las cosas que yo hacía cuando él
era chiquito era invitarlo a jugar a la ciudad. Esto
significaba que sacábamos todos los chirimbolos que había en
el cuarto y tratábamos de armar puentes, caminos. Yo
necesitaba estimularlo mucho para jugar porque era medio
intelectual, y yo decía que tenía que ser un nene, y me
parecía que iba a ser más nene si yo me sentaba con él a
jugar y a sacar todas las cosas. Lo terrible era juntar todo
eso. Era terrible para él y para mí. Me imagino que todas
las que tienen hijos entenderán que las habitaciones de los
chicos son una de las cosas más terribles y son muchos más
terribles cuando van creciendo".
"Lucas duerme en
un jardín"
"Simplemente lo que hago es tomar
una idea, general, básica, pequeña, como es un cuarto
desordenado, donde se jugó. A partir de ahí disparo esa idea
hasta sus últimas consecuencias. Y esto para mí era decir,
bueno, no voy a juntar nada; ¿qué pasaría si...? En
general, cuando uno escribe un cuento se pregunta eso, ¿qué
pasaría si...? Es decir, si un orden establecido se rompe. En
este caso la lógica sería: el cuarto se desordena, hay que
ordenarlo. Ahí se termina la historia. Yo no cuento un cuento
con eso. Por eso me pregunto que pasaría si... no ordenara,
si se rompiera el orden lógico de lo que uno imagina que
sucede en la vida cotidiana. Bueno, si nadie barre, hay
tierra; si hay tierra, pueden crecer plantas; y si crecen
plantas en un ambiente, se convierte en un jardín, y punto.
"Digo esto y punto, porque me
ocurrió una vez que fui a un colegio y los chicos estaban
felices y habían leído "Lucas duerme en un
jardín". Cuando llegué estaba lleno de maquetas de
habitaciones, en general muy ordenadas para lo que era Lucas.
Nos pusimos a charlar, y cuando terminó el encuentro la
maestra dijo: "Bueno chicos, qué aprendimos de este
cuento". Y todos los chicos respondieron a coro que hay
que ordenar la habitación. Yo casi me desmayo, eso no lo dice
nunca el cuento, ni era eso lo que quería decir. El libro
simplemente plantea qué pasaría si no se ordenara la
habitación y punto.
"Oliverio junta
preguntas"
"Yo tenía una idea: coleccionar
preguntas. Pero era una idea muy difusa, y pensaba... bueno,
puede ser que un árbol en vez de hojas dé preguntas. Iba
buscando. Estuve años buscando y escribiendo. Hasta que un
día, en el subte, pensé que podía coleccionar preguntas
como quien junta figuritas. Así llegué a esta idea de álbum
en el que en vez de pegar figuritas, se pegan preguntas.
Llegué a mi casa y escribí el cuento. Cuando lo terminé me
di cuenta que este personaje Oliverio, que coleccionaba
preguntas, era mucho más interesante que la historia; que
había nacido un personaje sobre el que yo podía explayarme
muchísimo más. Lo increíble es quién es este personaje que
colecciona preguntas, porque evidentemente es un ser
diferente, es un ser particular; y cuando uno descubre un ser
particular, está en presencia de un personaje. A partir de
eso, yo pude desarrollar todas las historias que están en el
libro de Oliverio, y, en parte, con Lucas me pasó lo mismo,
porque también vi que con Lucas tenía para mucho más".
"Canciones de
cuna para dormir cachorros"
"Cuando mi hijo me dijo que iba a
ser abuela me dio vuelta por dentro, y así nació el libro
que para mí hoy es "El Libro", que se llama
"Canciones de cuna para dormir cachorros". A partir
de ese momento sentí que todo lo que yo había hecho todo el
tiempo iba a concluir en ese mundo que era tan fuerte. ¡Hice
tantas canciones! En el libro hay algunas. A partir de eso fue
notable cómo me llevó a escribir cuentos para nenes más
chicos.
Torrentes de ideas
"Hay períodos en que uno está
más y otros menos creativo, períodos en los que no se me
ocurre nada y otros en los que se me ocurre todo. Estoy
sentada y se me ocurren ideas, ideas, ideas... pero no salgo
corriendo a escribirlas. En esos momentos en que tengo
muchísimas ideas me desespero un poco, pero ahora me doy
cuenta de que cuando algo es muy fuerte, la idea que queda es
la que termino escribiendo. Hay una que se va a repetir y
hasta que no salga no nos dejará de perseguir. Yo no sé si
es un tema lo que se busca, es una idea que es distinto. Y
hago esta diferencia porque algo que me pone sumamente
nerviosa es cuando escucho a alguien decir que quiere escribir
sobre la desocupación, o que hay que escribir para los chicos
sobre el tema de la muerte. Eso sucede mucho, porque es muy
común que las editoriales te propongan colecciones con temas
como los valores, los derechos humanos. Pero cuando eso está
antes que la idea, antes que la historia, realmente es un
bodrio, es una bajada de línea. Es literariamente poco feliz.
Yo creo que en las historias puede aparecer todo: situaciones
de muerte, de juego, de enfermedad, pero en función de una
historia. Me parece que al revés es problemático.
"Los chicos a veces me preguntan
¿qué mensaje nos querés dejar? La verdad es que yo no
quiero dejar ningún mensaje. Me parece que cuando yo escribo
apuesto a una historia, a que esa historia contenga todo los
elementos que necesita para que me la crean, para que en todo
caso, los emocione. Pero mensaje, un mensaje moral, no, de
ninguna manera.
"Cuentos y
chinventos"
"Mi primer libro salió publicado
hace 20 años, pero no lo escribí como un libro. Hacía un
año y medio que trabajaba en un diario que dejó de salir
hace bastante, que era el diario La Voz. Allí, cuando
todavía los suplementos no eran revistas sino que salían en
el tamaño tabloide, yo hacía el suplemento infantil. Me
parecía interesante sacarlo un poco de toda la
escolarización que tenían en ese momento, porque seguían el
calendario escolar y las efemérides. Yo no sabía nada de
eso, así que no podía hacer demasiado. Tenía muchas ganas
de hacer un suplemento con mucho entretenimiento, con cuentos,
con poesías. Y como en el diario tampoco entendían
demasiado, me dejaron. No es que yo era jefa de redacción y
tenía redactores; era jefa, redactora, todo, y como quería
que hubiera cuentos en ese suplemento, me vi obligada a
escribir, no me quedó más remedio. Y a mi juego me habían
llamado. Escribía un montón de cuentos en la redacción del
diario, pero en mi horizonte no estaba la publicación de un
libro, yo sólo los escribía.
"Un día llegó un cable con el
anuncio del Premio Casa de las Américas, que es un premio muy
prestigioso que se otorga en Cuba y que había estado
prohibido en la Argentina. Me dejaron el cable en mi
escritorio para que me presentara. El concurso era de libros
de cuentos, y yo tenía cuentos sueltos. Me decían que
juntara los cuentos y los pusiera en forma de libro. Entonces
me puse a hacer una selección, tenía bastante para elegir,
buscaba denominadores comunes. Eran cuentos muy variados,
entonces inventé unas historias chiquititas que iban uniendo
distintas partes del libro, y los llamé chinventos. Por ese
entonces no sabía muy bien lo que eran, lo hice como para
darle unidad al libro. Armé el primer original y cuando
empecé a leer las bases había que mandar tres copias y
había que enviarlo con estampillado especial y no sé
cuántas cosas más, ya era muy complicado, por eso tengan
siempre cerca a la madre que hace ese tipo de trámites. Ella
hizo todo.
"Ese fue mi primer libro, y la
verdad es que tuve suerte porque gané ese concurso. Mientras
escribí los cuentos, no lo pensé como libro, pero así
nació "Cuentos y chinventos". A partir de ahí
empecé a publicar".
La relación con el
ilustrador
"En líneas generales, yo presento
un texto en la editorial y me preguntan si quiero algún
ilustrador en especial. Ahora ya los conozco, al principio no.
A veces me preguntaban y otras no. En esa época veía que el
libro aparecía ilustrado cuando ya estaba impreso. Cuando me
di cuenta de que a veces me llevaba algunos chascos, empecé a
preguntar un poco más. Pero como no escribía para chicos muy
chiquitos, las ilustraciones eran más que nada de apoyatura.
"Después, cuando empecé a
escribir cosas que necesitaban más ilustraciones, comencé a
relacionarme un poco más, pero trato de no influir en el
trabajo del ilustrador. Una vez que elijo el estilo, me gusta
dejar que el ilustrador haga su propia lectura, su propia
interpretación y, por supuesto, su propia creación. Es muy
difícil que yo me meta, sí quiero verlo antes, porque a
veces pasan cosas, no siempre por malas intenciones, pero
puede haber algunos choques de interpretación. Pero en
general me meto poco, elijo confiada y que la persona haga su
creación.
"En el caso de "Hugo tiene
hambre" lo escribí como un guión. Las palabras no me
alcanzaban para contar la historia, sentía que la imagen era
fundamental, cosa que no me había pasado nunca. Necesitaba al
ilustrador para que interpretara la transformación. Y cuando
escribí el texto todo lo hacía apelando a la imagen. Así
nació este libro álbum, en el que texto e imagen trabajan
juntos para contar la historia".
Tras la exposición que ganó a todo el
público, Silvia Schujer firmó ejemplares de sus creaciones y
respondió algunos interrogantes que le formularon.
La escritora
Nacida el 28 de diciembre de 1956 en
Olivos, provincia de Buenos Aires, Silvia Schujer cursó el
Profesorado de Literatura, Castellano y Latín; participó en
un taller de crítica a cargo de la escritora Liliana Heker;
el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de la
Universidad de Buenos Aires; producción teatral con el autor
y director Roberto Cossa; y completó estudios de piano y
canto.
Entre sus actividades profesionales co-dirigió
el suplemento infantil del diario La Voz; fue secretaria de
redacción del periódico Mensajero; colaboró en distintos
medios gráficos, entre ellos Crónica y Popular, y las
revistas Anteojito, Cosmik, Billiken, La Nación de los
chicos, Cordones sueltos, Humi y A-Z diez. Formó parte del
Consejo de Dirección de la revista especializada en
literatura infantil y juvenil La Mancha, entre cuyos
integrantes se encuentran la escritora Graciela Montes,
Graciela Cabal, Laura Devetach, Gustavo Roldán, Ema Wolf y
Graciela Pérez Aguilar. Desde 1988 hasta 1998 trabajó en el
Departamento de Literatura Infantil-Juvenil de la Editorial
Sudamericana.
Entre otros galardones, en 2004 recibió
el Diploma al Mérito en la categoría "Literatura
Infantil", premio que fue otorgado a los más destacados
escritores de la última década.
En la actualidad colabora con las
revistas La Valijita de Billiken y Enseñar en Jardín, y
coordina un taller privado de escritura con orientación en
literatura infantil.