Miércoles 28 de Junio de 2006 - Año 91 - Edición 7162 - Edición digital 0492

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Literatura infantil

El mundo de los chicos

Silvia Schujer dialogó con chicos y grandes acerca de su quehacer como escritora y de su experiencia en el mundo de la literatura para chicos. Un auditorio repleto disfrutó atentamente de la propuesta realizada en la Biblioteca Ameghino.
PALABRAS DE AUTORA: la charla ofrecida por la escritora argentina recorrió parte de su trabajo literario. Finalizado el encuentro, dedicó ejemplares.

En esta ocasión, el Instituto Superior de Formación Docente "Nuestra Señora de Luján", de las Hermanas Vicentinas, y la Asociación Cultural y Biblioteca Ameghino, se reunieron para concretar la presentación de la escritora argentina de literatura infantil, Silvia Schujer.

Ante una concurrida audiencia, el viernes por la tarde, docentes, estudiantes y lectores en general estuvieron presentes en la sede de la biblioteca para disfrutar de una charla con la autora. Finalizado el encuentro, los chicos y no tan chicos pudieron firmar sus ejemplares.

Schujer pertenece al reconocido grupo de autores que, con el retorno de la democracia, concretaron una renovación de la literatura dirigida al mundo infantil. Entre los nombres de Ricardo Mariño, Graciela Cabal, María Elena Walsh, Elsa Bornemann, Graciela Montes -quien también llegó a nuestra ciudad en 2004- y otros, aparece Silvia Schujer como integrante de este conjunto que enfatizó el carácter libre y liberador de la literatura, más que la transmisión implícita de valores que la antecedió.

Aquella propuesta conllevó, durante los primeros años de democracia, una innumerable cantidad de iniciativas que recorrieron el país diseminando estos nuevos criterios literarios.

Con 20 años en la literatura infantil, muchos de los trabajos de Schujer ya integran la lista de clásicos nacionales imperdibles, tanto para grandes como para chicos.

En la charla del viernes cada palabra valió la pena, especialmente cuando se trata de este tipo de encuentros que acercan lectores y autores en un diálogo abierto.

Cocinando cuentos

Abriendo la charla, Schujer se refirió al quehacer mismo del escritor, a la cocina en la que los autores se sumergen para ofrecer historias y emociones. A continuación se extractan algunos de los comentarios que brindó en su disertación.

"Me gusta hablar de la cocina de la escritura porque es lo que puedo transmitirles como experiencia. Cuando uno habla de esta cocina, hay que referirse a cada uno de los libros. No hay ninguna receta mágica, al menos yo no la tengo. Sólo levantarme todas las mañanas, prender la computadora, dejarle lugarcito a mi perro que se sienta al lado mío y ponerme a escribir. Fuera de esa cosa mecánica, el resto depende de cada una de las historias.

"Una pregunta típica que me hacen los chicos es de dónde saco las ideas. Eso no lo puedo contestar porque no lo sé exactamente. Sí podría hablar de cómo y dónde aparece alguna idea en algún libro, por ejemplo, en "Lucas duerme en un jardín".

"En general yo no soy autobiográfica. Todos los que escribimos, muchas veces sin saberlo, ponemos cosas nuestras, pero no necesariamente cuento historias que me hayan pasado. Hago esta salvedad porque Lucas me hizo acordar a mi hijo cuando era chiquito. Ese nene con rulos que no quería que lo peinaran era bastante mi hijo; y esta idea de sacar los juguetes y tirarlos todos al suelo también. Ahí sí hubo algunas evocaciones, algunos recuerdos para crear este cuento. Por eso la idea me surgió simplemente pensando en esto: una de las cosas que yo hacía cuando él era chiquito era invitarlo a jugar a la ciudad. Esto significaba que sacábamos todos los chirimbolos que había en el cuarto y tratábamos de armar puentes, caminos. Yo necesitaba estimularlo mucho para jugar porque era medio intelectual, y yo decía que tenía que ser un nene, y me parecía que iba a ser más nene si yo me sentaba con él a jugar y a sacar todas las cosas. Lo terrible era juntar todo eso. Era terrible para él y para mí. Me imagino que todas las que tienen hijos entenderán que las habitaciones de los chicos son una de las cosas más terribles y son muchos más terribles cuando van creciendo".

"Lucas duerme en un jardín"

"Simplemente lo que hago es tomar una idea, general, básica, pequeña, como es un cuarto desordenado, donde se jugó. A partir de ahí disparo esa idea hasta sus últimas consecuencias. Y esto para mí era decir, bueno, no voy a juntar nada; ¿qué pasaría si...? En general, cuando uno escribe un cuento se pregunta eso, ¿qué pasaría si...? Es decir, si un orden establecido se rompe. En este caso la lógica sería: el cuarto se desordena, hay que ordenarlo. Ahí se termina la historia. Yo no cuento un cuento con eso. Por eso me pregunto que pasaría si... no ordenara, si se rompiera el orden lógico de lo que uno imagina que sucede en la vida cotidiana. Bueno, si nadie barre, hay tierra; si hay tierra, pueden crecer plantas; y si crecen plantas en un ambiente, se convierte en un jardín, y punto.

"Digo esto y punto, porque me ocurrió una vez que fui a un colegio y los chicos estaban felices y habían leído "Lucas duerme en un jardín". Cuando llegué estaba lleno de maquetas de habitaciones, en general muy ordenadas para lo que era Lucas. Nos pusimos a charlar, y cuando terminó el encuentro la maestra dijo: "Bueno chicos, qué aprendimos de este cuento". Y todos los chicos respondieron a coro que hay que ordenar la habitación. Yo casi me desmayo, eso no lo dice nunca el cuento, ni era eso lo que quería decir. El libro simplemente plantea qué pasaría si no se ordenara la habitación y punto.

"Oliverio junta preguntas"

"Yo tenía una idea: coleccionar preguntas. Pero era una idea muy difusa, y pensaba... bueno, puede ser que un árbol en vez de hojas dé preguntas. Iba buscando. Estuve años buscando y escribiendo. Hasta que un día, en el subte, pensé que podía coleccionar preguntas como quien junta figuritas. Así llegué a esta idea de álbum en el que en vez de pegar figuritas, se pegan preguntas. Llegué a mi casa y escribí el cuento. Cuando lo terminé me di cuenta que este personaje Oliverio, que coleccionaba preguntas, era mucho más interesante que la historia; que había nacido un personaje sobre el que yo podía explayarme muchísimo más. Lo increíble es quién es este personaje que colecciona preguntas, porque evidentemente es un ser diferente, es un ser particular; y cuando uno descubre un ser particular, está en presencia de un personaje. A partir de eso, yo pude desarrollar todas las historias que están en el libro de Oliverio, y, en parte, con Lucas me pasó lo mismo, porque también vi que con Lucas tenía para mucho más".

"Canciones de cuna para dormir cachorros"

"Cuando mi hijo me dijo que iba a ser abuela me dio vuelta por dentro, y así nació el libro que para mí hoy es "El Libro", que se llama "Canciones de cuna para dormir cachorros". A partir de ese momento sentí que todo lo que yo había hecho todo el tiempo iba a concluir en ese mundo que era tan fuerte. ¡Hice tantas canciones! En el libro hay algunas. A partir de eso fue notable cómo me llevó a escribir cuentos para nenes más chicos.

Torrentes de ideas

"Hay períodos en que uno está más y otros menos creativo, períodos en los que no se me ocurre nada y otros en los que se me ocurre todo. Estoy sentada y se me ocurren ideas, ideas, ideas... pero no salgo corriendo a escribirlas. En esos momentos en que tengo muchísimas ideas me desespero un poco, pero ahora me doy cuenta de que cuando algo es muy fuerte, la idea que queda es la que termino escribiendo. Hay una que se va a repetir y hasta que no salga no nos dejará de perseguir. Yo no sé si es un tema lo que se busca, es una idea que es distinto. Y hago esta diferencia porque algo que me pone sumamente nerviosa es cuando escucho a alguien decir que quiere escribir sobre la desocupación, o que hay que escribir para los chicos sobre el tema de la muerte. Eso sucede mucho, porque es muy común que las editoriales te propongan colecciones con temas como los valores, los derechos humanos. Pero cuando eso está antes que la idea, antes que la historia, realmente es un bodrio, es una bajada de línea. Es literariamente poco feliz. Yo creo que en las historias puede aparecer todo: situaciones de muerte, de juego, de enfermedad, pero en función de una historia. Me parece que al revés es problemático.

"Los chicos a veces me preguntan ¿qué mensaje nos querés dejar? La verdad es que yo no quiero dejar ningún mensaje. Me parece que cuando yo escribo apuesto a una historia, a que esa historia contenga todo los elementos que necesita para que me la crean, para que en todo caso, los emocione. Pero mensaje, un mensaje moral, no, de ninguna manera.

"Cuentos y chinventos"

"Mi primer libro salió publicado hace 20 años, pero no lo escribí como un libro. Hacía un año y medio que trabajaba en un diario que dejó de salir hace bastante, que era el diario La Voz. Allí, cuando todavía los suplementos no eran revistas sino que salían en el tamaño tabloide, yo hacía el suplemento infantil. Me parecía interesante sacarlo un poco de toda la escolarización que tenían en ese momento, porque seguían el calendario escolar y las efemérides. Yo no sabía nada de eso, así que no podía hacer demasiado. Tenía muchas ganas de hacer un suplemento con mucho entretenimiento, con cuentos, con poesías. Y como en el diario tampoco entendían demasiado, me dejaron. No es que yo era jefa de redacción y tenía redactores; era jefa, redactora, todo, y como quería que hubiera cuentos en ese suplemento, me vi obligada a escribir, no me quedó más remedio. Y a mi juego me habían llamado. Escribía un montón de cuentos en la redacción del diario, pero en mi horizonte no estaba la publicación de un libro, yo sólo los escribía.

"Un día llegó un cable con el anuncio del Premio Casa de las Américas, que es un premio muy prestigioso que se otorga en Cuba y que había estado prohibido en la Argentina. Me dejaron el cable en mi escritorio para que me presentara. El concurso era de libros de cuentos, y yo tenía cuentos sueltos. Me decían que juntara los cuentos y los pusiera en forma de libro. Entonces me puse a hacer una selección, tenía bastante para elegir, buscaba denominadores comunes. Eran cuentos muy variados, entonces inventé unas historias chiquititas que iban uniendo distintas partes del libro, y los llamé chinventos. Por ese entonces no sabía muy bien lo que eran, lo hice como para darle unidad al libro. Armé el primer original y cuando empecé a leer las bases había que mandar tres copias y había que enviarlo con estampillado especial y no sé cuántas cosas más, ya era muy complicado, por eso tengan siempre cerca a la madre que hace ese tipo de trámites. Ella hizo todo.

"Ese fue mi primer libro, y la verdad es que tuve suerte porque gané ese concurso. Mientras escribí los cuentos, no lo pensé como libro, pero así nació "Cuentos y chinventos". A partir de ahí empecé a publicar".

La relación con el ilustrador

"En líneas generales, yo presento un texto en la editorial y me preguntan si quiero algún ilustrador en especial. Ahora ya los conozco, al principio no. A veces me preguntaban y otras no. En esa época veía que el libro aparecía ilustrado cuando ya estaba impreso. Cuando me di cuenta de que a veces me llevaba algunos chascos, empecé a preguntar un poco más. Pero como no escribía para chicos muy chiquitos, las ilustraciones eran más que nada de apoyatura.

"Después, cuando empecé a escribir cosas que necesitaban más ilustraciones, comencé a relacionarme un poco más, pero trato de no influir en el trabajo del ilustrador. Una vez que elijo el estilo, me gusta dejar que el ilustrador haga su propia lectura, su propia interpretación y, por supuesto, su propia creación. Es muy difícil que yo me meta, sí quiero verlo antes, porque a veces pasan cosas, no siempre por malas intenciones, pero puede haber algunos choques de interpretación. Pero en general me meto poco, elijo confiada y que la persona haga su creación.

"En el caso de "Hugo tiene hambre" lo escribí como un guión. Las palabras no me alcanzaban para contar la historia, sentía que la imagen era fundamental, cosa que no me había pasado nunca. Necesitaba al ilustrador para que interpretara la transformación. Y cuando escribí el texto todo lo hacía apelando a la imagen. Así nació este libro álbum, en el que texto e imagen trabajan juntos para contar la historia".

Tras la exposición que ganó a todo el público, Silvia Schujer firmó ejemplares de sus creaciones y respondió algunos interrogantes que le formularon.

La escritora

Nacida el 28 de diciembre de 1956 en Olivos, provincia de Buenos Aires, Silvia Schujer cursó el Profesorado de Literatura, Castellano y Latín; participó en un taller de crítica a cargo de la escritora Liliana Heker; el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de la Universidad de Buenos Aires; producción teatral con el autor y director Roberto Cossa; y completó estudios de piano y canto.

Entre sus actividades profesionales co-dirigió el suplemento infantil del diario La Voz; fue secretaria de redacción del periódico Mensajero; colaboró en distintos medios gráficos, entre ellos Crónica y Popular, y las revistas Anteojito, Cosmik, Billiken, La Nación de los chicos, Cordones sueltos, Humi y A-Z diez. Formó parte del Consejo de Dirección de la revista especializada en literatura infantil y juvenil La Mancha, entre cuyos integrantes se encuentran la escritora Graciela Montes, Graciela Cabal, Laura Devetach, Gustavo Roldán, Ema Wolf y Graciela Pérez Aguilar. Desde 1988 hasta 1998 trabajó en el Departamento de Literatura Infantil-Juvenil de la Editorial Sudamericana.

Entre otros galardones, en 2004 recibió el Diploma al Mérito en la categoría "Literatura Infantil", premio que fue otorgado a los más destacados escritores de la última década.

En la actualidad colabora con las revistas La Valijita de Billiken y Enseñar en Jardín, y coordina un taller privado de escritura con orientación en literatura infantil.

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