La
última edición del festival folklórico local, desarrollada
con éxito, junto a sus aciertos despertó objeciones del
público y de artistas.
Sin lugar a dudas fue un logro más que
positivo haber llevado adelante esta nueva edición del
Encuentro de la Fe y la Historia, cuya organización este año
concretó una flamante Asociación.
Un evento de esta naturaleza, sin dudas,
requiere de un esfuerzo invalorable por parte de quienes
estuvieron al frente del mismo. Sobre todo en lo que hace a
disposiciones generales, programación y los distintos
aspectos que deben tenerse en cuenta para que resulte una
fiesta de carácter popular.
En este sentido debe ser aplaudida la
gestión, aunque el solo hecho de hacer involucre que afloren
críticas o diferentes visiones de uno u otro lado.
En dos ediciones anteriores EL CIVISMO
efectuó comentarios relativos a la faz artística de las
distintas noches, sin entrar en mayores detalles de otros
aspectos.
Y uno de los puntos que para el futuro
deberán tener en cuenta los organizadores, es pensar cómo el
público reaccionará frente al evento.
Con qué criterio, por ejemplo, se
dispuso la programación. Es imposible negar la validez de las
figuras reconocidas que privilegiaron el encuentro cada noche.
Pero ¿debía necesariamente incluirse a casi todos los
artistas de Luján y la zona, brindándoles sólo algunos
minutos para demostrar su expresión?
Más aún cuando el número es
importante y no todos cuentan con el aval artístico necesario
para ocupar un espacio que se quiere jerarquizar.
Esa inclusión llevó a que el horario
se disparara y quienes deseaban aplaudir a las figuras
centrales debieran soportar un extensísimo show que parecía
no terminar nunca. ¿Es prudente que un grupo como Los
Nocheros o Soledad -en un día de semana- suban al escenario
cerca de las dos de la madrugada? Esto lleva a preguntarse si
realmente la programación se pensó para gente de trabajo o
no.
Es importante dar la posibilidad de
proyección a los artistas locales y zonales como se hizo,
aunque tantos nombres agendados para cada noche llevó a que
muchos debieran subir y casi simultáneamente bajar del
escenario, lo que no despertó simpatías en los mismos
artistas.
Además, una reflexión que debe llamar
la atención de los organizadores es que, al igual que los
artistas locales, algunos nombres de peso que participaron de
la edición también hicieron oír su reclamo por el tiempo
concedido para su actuación.
Tal el caso de los hermanos Cuty y
Roberto Carabajal, que ante la voz del locutor de
"respetar la programación y dar espacio a las siguientes
figuras convocadas", limitando así la presentación y un
pedido de bis del público, respondieron: "El público lo
reclama, señor locutor, y son 30 años de trayectoria, señor
locutor". Esta expresión de los hermanos mereció una
ovación por parte de los presentes.
Un reproche de similar alcance se
escuchó de uno de los integrantes de Los Alonsitos, que al
verse limitados en su actuación uno de ellos expresó en voz
alta, ante el público, que "llegamos y ya nos
vamos". De este modo dejaron en claro que estaban
comprimidos en su presentación y agregaron que "habían
preparado más repertorio que deberían dejar para otra
oportunidad".
Zonas VIP y otras
El valor de 20 pesos fijado para un gran
número de ubicaciones cercanas al escenario no fue motivo de
discusión para la mayoría, aunque sí la circunstancia de
que no hubiese otros lugares y precios intermedios. Ello en
razón de que se pasaba de 20 y 15 pesos, a 2 en el espacio
popular, de pie. Y esto, de por sí, representó un obstáculo
para las familias y para muchas personas mayores que no
podían acceder a los asientos dispuestos. Se sumaba, además,
el largo tiempo de vigilia y de permanencia de pie que se
debía soportar esperando a los artistas de mayor renombre.
Las largas jornadas se sintieron y
quedaron a la vista, además en los numerosos niños y
pequeños que tuvieron que dormir en el asfalto, con sólo un
bolso como cabecera o colchón, junto a padres que se
resistían a dejar de ver y escuchar el espectáculo tan
esperado: otros prefirieron retirarse por la extensión del
festival.
Molestó también que no se respetara un
horario de actuación. Se anunciaba a un artista pero debían,
previamente, subir al escenario otros que demoraban en
demasía la actuación de las figuras más esperadas.
Según los concurrentes que llegaron al
lugar durante dos o tres jornadas, el desarrollo del
espectáculo del primer día sufrió las falencias de la
desorganización. No se previó, por ejemplo, una cantidad
suficiente de baños químicos, se contó con sólo un baño
mixto para la concurrencia que había abonado el mayor
importe. A esto debió sumarse la falta de agua para mates y
el mal tiempo, que hizo que el espectáculo invitara más al
sufrimiento que al deleite. Por suerte, El Chaqueño adelantó
su actuación y debió cantar, incluso, con agua en el
escenario al no contar el espacio con un techo apropiado.
Ese día los paraguas también fueron
tema de discusión entre los presentes, ya que dificultaban la
visión del show. Muchos hicieron notar su alegría por la
aparición de El Chaqueño, aunque muchos habían optado por
retirarse o dejaron en claro que la edición de ese día
debía haberse suspendido porque no era lógico pagar para ver
un show bajo un diluvio.
Otro asunto que fue tema de comentario
fue el del personal que ubicó a los asistentes, ya que no
contaban con la preparación adecuada y, en pocas ocasiones,
encontraban la ubicación precisa del espectador. Iban y
venían con la gente de un lado hacia otro.
También se objetó que el ingreso de la
entrada popular se realizara cerca de la Terminal. Con ello se
sometió a los espectadores a caminar un largo trecho sin
sentido, debiendo algunos que deseaban retirarse solicitar el
permiso para hacerlo por el Museo de Bellas Artes.
Por último, no resultó prudente por
parte de un locutor la respuesta que diera a un vecino que se
quejó porque las cámaras encargadas de grabar el show
dificultaban su visión. Después de interrogar al auditorio
si querían que el Encuentro se viera en todo el país,
entabló un diálogo con su interlocutor aconsejándole que se
presentara en ventanilla a retirar el importe de su entrada si
no estaba conforme.
Por la seriedad del emprendimiento, se
entiende que hubo la mejor disposición de los organizadores
en brindar lo mejor al público, aunque algunas de las
consideraciones anotadas quizás debieran tenerse presente
para una próxima edición.
El público y los artistas merecen lo
mejor. Y en Luján quedó en claro que se apunta a ello.