Sábado 4 de Marzo de 2006 - Año 91 - Edición 7159 - Edición digital 0459

Portada
Editorial
Clasificados
Archivo
Historia
Links
Suplementos              Sociales
Lujanenses en el mundo
Servicios
Farmacias de turno
Teléfonos útiles
Horarios de trenes
Cartas de lectores Guía de Profesionales

 

 

Sobre el Encuentro de la Fe y la Historia

Logros y algo más

La última edición del festival folklórico local, desarrollada con éxito, junto a sus aciertos despertó objeciones del público y de artistas.

Sin lugar a dudas fue un logro más que positivo haber llevado adelante esta nueva edición del Encuentro de la Fe y la Historia, cuya organización este año concretó una flamante Asociación.

Un evento de esta naturaleza, sin dudas, requiere de un esfuerzo invalorable por parte de quienes estuvieron al frente del mismo. Sobre todo en lo que hace a disposiciones generales, programación y los distintos aspectos que deben tenerse en cuenta para que resulte una fiesta de carácter popular.

En este sentido debe ser aplaudida la gestión, aunque el solo hecho de hacer involucre que afloren críticas o diferentes visiones de uno u otro lado.

En dos ediciones anteriores EL CIVISMO efectuó comentarios relativos a la faz artística de las distintas noches, sin entrar en mayores detalles de otros aspectos.

Y uno de los puntos que para el futuro deberán tener en cuenta los organizadores, es pensar cómo el público reaccionará frente al evento.

Con qué criterio, por ejemplo, se dispuso la programación. Es imposible negar la validez de las figuras reconocidas que privilegiaron el encuentro cada noche. Pero ¿debía necesariamente incluirse a casi todos los artistas de Luján y la zona, brindándoles sólo algunos minutos para demostrar su expresión?

Más aún cuando el número es importante y no todos cuentan con el aval artístico necesario para ocupar un espacio que se quiere jerarquizar.

Esa inclusión llevó a que el horario se disparara y quienes deseaban aplaudir a las figuras centrales debieran soportar un extensísimo show que parecía no terminar nunca. ¿Es prudente que un grupo como Los Nocheros o Soledad -en un día de semana- suban al escenario cerca de las dos de la madrugada? Esto lleva a preguntarse si realmente la programación se pensó para gente de trabajo o no.

Es importante dar la posibilidad de proyección a los artistas locales y zonales como se hizo, aunque tantos nombres agendados para cada noche llevó a que muchos debieran subir y casi simultáneamente bajar del escenario, lo que no despertó simpatías en los mismos artistas.

Además, una reflexión que debe llamar la atención de los organizadores es que, al igual que los artistas locales, algunos nombres de peso que participaron de la edición también hicieron oír su reclamo por el tiempo concedido para su actuación.

Tal el caso de los hermanos Cuty y Roberto Carabajal, que ante la voz del locutor de "respetar la programación y dar espacio a las siguientes figuras convocadas", limitando así la presentación y un pedido de bis del público, respondieron: "El público lo reclama, señor locutor, y son 30 años de trayectoria, señor locutor". Esta expresión de los hermanos mereció una ovación por parte de los presentes.

Un reproche de similar alcance se escuchó de uno de los integrantes de Los Alonsitos, que al verse limitados en su actuación uno de ellos expresó en voz alta, ante el público, que "llegamos y ya nos vamos". De este modo dejaron en claro que estaban comprimidos en su presentación y agregaron que "habían preparado más repertorio que deberían dejar para otra oportunidad".

Zonas VIP y otras

El valor de 20 pesos fijado para un gran número de ubicaciones cercanas al escenario no fue motivo de discusión para la mayoría, aunque sí la circunstancia de que no hubiese otros lugares y precios intermedios. Ello en razón de que se pasaba de 20 y 15 pesos, a 2 en el espacio popular, de pie. Y esto, de por sí, representó un obstáculo para las familias y para muchas personas mayores que no podían acceder a los asientos dispuestos. Se sumaba, además, el largo tiempo de vigilia y de permanencia de pie que se debía soportar esperando a los artistas de mayor renombre.

Las largas jornadas se sintieron y quedaron a la vista, además en los numerosos niños y pequeños que tuvieron que dormir en el asfalto, con sólo un bolso como cabecera o colchón, junto a padres que se resistían a dejar de ver y escuchar el espectáculo tan esperado: otros prefirieron retirarse por la extensión del festival.

Molestó también que no se respetara un horario de actuación. Se anunciaba a un artista pero debían, previamente, subir al escenario otros que demoraban en demasía la actuación de las figuras más esperadas.

Según los concurrentes que llegaron al lugar durante dos o tres jornadas, el desarrollo del espectáculo del primer día sufrió las falencias de la desorganización. No se previó, por ejemplo, una cantidad suficiente de baños químicos, se contó con sólo un baño mixto para la concurrencia que había abonado el mayor importe. A esto debió sumarse la falta de agua para mates y el mal tiempo, que hizo que el espectáculo invitara más al sufrimiento que al deleite. Por suerte, El Chaqueño adelantó su actuación y debió cantar, incluso, con agua en el escenario al no contar el espacio con un techo apropiado.

Ese día los paraguas también fueron tema de discusión entre los presentes, ya que dificultaban la visión del show. Muchos hicieron notar su alegría por la aparición de El Chaqueño, aunque muchos habían optado por retirarse o dejaron en claro que la edición de ese día debía haberse suspendido porque no era lógico pagar para ver un show bajo un diluvio.

Otro asunto que fue tema de comentario fue el del personal que ubicó a los asistentes, ya que no contaban con la preparación adecuada y, en pocas ocasiones, encontraban la ubicación precisa del espectador. Iban y venían con la gente de un lado hacia otro.

También se objetó que el ingreso de la entrada popular se realizara cerca de la Terminal. Con ello se sometió a los espectadores a caminar un largo trecho sin sentido, debiendo algunos que deseaban retirarse solicitar el permiso para hacerlo por el Museo de Bellas Artes.

Por último, no resultó prudente por parte de un locutor la respuesta que diera a un vecino que se quejó porque las cámaras encargadas de grabar el show dificultaban su visión. Después de interrogar al auditorio si querían que el Encuentro se viera en todo el país, entabló un diálogo con su interlocutor aconsejándole que se presentara en ventanilla a retirar el importe de su entrada si no estaba conforme.

Por la seriedad del emprendimiento, se entiende que hubo la mejor disposición de los organizadores en brindar lo mejor al público, aunque algunas de las consideraciones anotadas quizás debieran tenerse presente para una próxima edición.

El público y los artistas merecen lo mejor. Y en Luján quedó en claro que se apunta a ello.

>>> arriba

>>> principal