Con "Rotos de amor", nuestra
ciudad volvió a tomar contacto con una excelente propuesta
escénica y otra creación dramática de Rafael Bruzza, el
autor de "El cruce de la pampa", que estrenara años
atrás la Comedia Municipal.
En esta nueva pieza, Bruzza apela a
cuatro actores para hablar de amores desencontrados. Y los
viste de visitadores médicos, todos sobrevivientes con penas
en el corazón, dispuestos a contar, con comicidad, ternura y
algo de patetismo, los motivos que los llevaron a su derrota
en el amor.
Detrás de ellos, un director, Daniel
Suárez Marzal, que ya ha dado aquí examen de excelencia en
lo que a puesta escénica se refiere.
Consustanciado con el espíritu del
autor, el director desecha todo elemento que pueda distraer la
atención. Y selecciona sólo cuatro sillas como único
atributo para resolver la impecable coreografía de
movimientos que ideó para la ocasión.
Está claro que detrás de cada una de
esas ideas hay cuatro actores, con sobrado oficio, para jugar
con el tono adecuado cada uno de los pasajes de "Rotos de
amor".
Vestidos con traje y un maletín, cada
uno contará su historia. Rodríguez -encarnado por Patricio
Contreras- apuntará que está recluido en una piecita de los
fondos, mientras su ex encontró solaz junto a un profesor de
tango.
Berlanguita, recreado por Claudio Rizzi
en lugar de Gustavo Garzón, aguarda desde hace mucho tiempo a
una mujer casada y con hijas. Artemio, que asume Víctor
Laplace, ha sido desplazado de su hogar por sus ronquidos,
mientras el Mudo, papel que tiene a su cargo Daniel Fanego,
relatará su historia de amor y su viudez, exhibiendo a sus
amigos las cenizas de su mujer que siempre lleva consigo.
Por sobre las anécdotas y vivencias de
los personajes, la obra de Bruzza se enriquece y cobra otra
dimensión con las situaciones que plantean Suárez Marzal y
los actores citados. De tal modo, "Rotos..." se
proyecta y logra una unidad y comicidad tal que termina por
atrapar al auditorio.
Son distintas páginas de tango las que
van enhebrando cada una de las situaciones, en las que
convergen ingenuidad, grotesco y dramatismo, según los
requerimientos.
Visualmente, la pieza es un deleite
desde el vamos. Es una música que permite no sólo distintas
coreografías del género, sino que se extiende a las voces de
los actores, que sin cantar, dan el timbre necesario para que
todo el espectáculo gane en coherencia y solidez.
Las secuencias que cuentan a Fanego, el
Mudo, resultan hilarantes debiendo conectarse a través de
sonidos guturales con un interlocutor que interpreta sus
decires. Estas escenas, junto a la despedida de las cenizas de
su difunta esposa, son quizás las más relevantes de toda la
pieza.
"Rotos..." se ve como un
impecable juego escénico que el público de Luján disfrutó.
Este aspecto quedó a la vista por las continuas explosiones
de risas y aplausos que la interpretación de estos cuatro
actores despertó.
La pieza se conoció el domingo, en la
sala oficial, convocando a media platea.
COMICIDAD: las distintas situaciones que
atraviesan estos cuatro visitadores médicos se ganarán la
adhesión del público, que sigue con una sonrisa toda la
pieza.
Isla
Por sobre las anécdotas y vivencias de
los personajes, la obra de Bruzza se enriquece y cobra otra
dimensión con las situaciones que plantean Suárez Marzal y
los actores citados.
Son distintas páginas de tango las que
van enhebrando cada una de las situaciones, en las que
convergen ingenuidad, grotesco y dramatismo, según los
requerimientos.