Sigue
la ola de inseguridad en escuelas de este distrito.
Esta vez el turno le tocó al modesto
establecimiento educativo de Parada Granaderos.
La Policía se comprometió a
investigar el caso.
Aunque es habitual el hurto de la soga
del mástil, los robos seguidos de destrozos en la Escuela Nro.
22 "José Hernández" suelen ser hechos menos
frecuentes. Desde hacía dos años, este establecimiento
educativo rural no era blanco de la inseguridad hasta que este
martes en horas de la noche volvió a ser vulnerable cuando
delincuentes rompieron una reja, parte de la pared y tras
causar daños en el interior y robar elementos de valor se
fueron sin que nadie los viera.
Ubicada en el paraje conocido como
Parada Granaderos, situada en el límite este del partido de
Luján con el de General Rodríguez, la EGB 22 cuenta con una
matrícula de 51 alumnos a los que se suman otros 14 que
asisten al Servicio Infantil. Ayer, como es normal, fueron
recibidos por el director Juan Szewczyk y las maestras, aunque
antes de entrar a las aulas hubo un acto de repudio por lo
acontecido.
"Se supone que ha sido a la
madrugada porque rompieron la foto célula de la luz",
dedujo el director Szewczyk, al tiempo que contabilizó entre
lo robado una computadora, un radiograbador de su propiedad,
una videocassettera y útiles escolares.
Los autores del hecho rompieron con una
maza y un cortafierro una pared para luego doblar una reja y
así entrar al modesto edificio que se erige al costado de un
callejón de tierra.
Una vez en el interior, se dirigieron a
un cubículo donde el director guarda bajo llave distintas
herramientas personales. Este detalle parece no ser menor y al
menos así lo entiende Szewczyk, quien estima que los ladrones
conocerían algunos movimientos dentro de la escuela.
Por la hora en que sucedió el acto
vandálico seguido de robo, un vecino que habita a 100 metros
del establecimiento educativo escuchó ladrar a sus perros
más seguido que lo acostumbrado pero no se animó a salir.
Notificado del hecho, personal policial
del Puesto de Vigilancia Pueblo Nuevo (Cuartel V) llegó a la
escuela y se comprometió a investigar, al tiempo que era
aguardada la presencia de peritos para que tomen huellas
dactilares que podrían ser de utilidad para dar con los
malvivientes. Por su parte, el Consejo Escolar también fue
informado del robo y los daños ocasionados en esta
oportunidad.
En la escuela se vivía un clima de
desazón mezclado con impotencia y bronca por lo acontecido.
Decir "buenos días" era sólo un formalismo para el
personal docente y algunas mamás que con lágrimas en los
ojos no podían comprender la saña y el grado de maldad que
habían demostrado tener esta vez los sujetos que perpetraron
el hecho.