Miércoles 24 de Mayo de 2006 - Año 91 - Edición 7152 - Edición digital 0482

Portada
Editorial
Clasificados
Archivo
Historia
Links
Suplementos              Sociales
Lujanenses en el mundo
Servicios
Farmacias de turno
Teléfonos útiles
Horarios de trenes
Cartas de lectores Guía de Profesionales

 

 

Los delincuentes aprovecharon la soledad del lugar

Robo y destrozos en la Escuela 22

Sigue la ola de inseguridad en escuelas de este distrito.

Esta vez el turno le tocó al modesto establecimiento educativo de Parada Granaderos.

La Policía se comprometió a investigar el caso.

Aunque es habitual el hurto de la soga del mástil, los robos seguidos de destrozos en la Escuela Nro. 22 "José Hernández" suelen ser hechos menos frecuentes. Desde hacía dos años, este establecimiento educativo rural no era blanco de la inseguridad hasta que este martes en horas de la noche volvió a ser vulnerable cuando delincuentes rompieron una reja, parte de la pared y tras causar daños en el interior y robar elementos de valor se fueron sin que nadie los viera.

Ubicada en el paraje conocido como Parada Granaderos, situada en el límite este del partido de Luján con el de General Rodríguez, la EGB 22 cuenta con una matrícula de 51 alumnos a los que se suman otros 14 que asisten al Servicio Infantil. Ayer, como es normal, fueron recibidos por el director Juan Szewczyk y las maestras, aunque antes de entrar a las aulas hubo un acto de repudio por lo acontecido.

"Se supone que ha sido a la madrugada porque rompieron la foto célula de la luz", dedujo el director Szewczyk, al tiempo que contabilizó entre lo robado una computadora, un radiograbador de su propiedad, una videocassettera y útiles escolares.

Los autores del hecho rompieron con una maza y un cortafierro una pared para luego doblar una reja y así entrar al modesto edificio que se erige al costado de un callejón de tierra.

Una vez en el interior, se dirigieron a un cubículo donde el director guarda bajo llave distintas herramientas personales. Este detalle parece no ser menor y al menos así lo entiende Szewczyk, quien estima que los ladrones conocerían algunos movimientos dentro de la escuela.

Por la hora en que sucedió el acto vandálico seguido de robo, un vecino que habita a 100 metros del establecimiento educativo escuchó ladrar a sus perros más seguido que lo acostumbrado pero no se animó a salir.

Notificado del hecho, personal policial del Puesto de Vigilancia Pueblo Nuevo (Cuartel V) llegó a la escuela y se comprometió a investigar, al tiempo que era aguardada la presencia de peritos para que tomen huellas dactilares que podrían ser de utilidad para dar con los malvivientes. Por su parte, el Consejo Escolar también fue informado del robo y los daños ocasionados en esta oportunidad.

En la escuela se vivía un clima de desazón mezclado con impotencia y bronca por lo acontecido. Decir "buenos días" era sólo un formalismo para el personal docente y algunas mamás que con lágrimas en los ojos no podían comprender la saña y el grado de maldad que habían demostrado tener esta vez los sujetos que perpetraron el hecho.

>>> arriba

>>> principal