¿Existe la posibilidad de no sentir
simpatía por ninguna de las dos
convocatorias del jueves? Si no existe, la
creamos. Uno puede mirar con desconfianza
las intenciones de "seguridad
respetuosa" de Juan Carlos Blumberg y
también cuestionar la pobre puesta en
escena del indescriptible Luis D'Elía,
sólo útil para trabajos mandados desde el
gabinete nacional.
Si bien en cada caso hubo diferencias
notorias, en el fondo se trató de dos
títeres políticos con ansias de poder,
utilizando un problema latente en la
sociedad para ratificar sus rumbos
personales.
Lo realizado por el ¿piquetero?
¿funcionario? ¿cadete? del gobierno
nacional Luis D'Elía fue impresentable
desde su origen.
En la Casa Rosada notaron que Juan Carlos
Blumberg podía organizar una marcha a la
Plaza de Mayo y golpear, con la contundencia
de una asistencia masiva, en uno de los
talones de Aquiles de la actual gestión: la
inseguridad.
Desde entonces le ordenaron a D'Elía
justificar su sueldo ensuciando la cancha. Y
cuando evidenciaron que eso no hacía mella
en la convocatoria de Blumberg, ordenaron la
organización de una
"contramarcha" el mismo día, a la
misma hora, a escasas cuadras de la otra y
con el único objetivo de opacar la caminata
de los admiradores de Blumberg, Radio 10 y
su discurso ideológico.
Con colectivos y gente aportada por los
otrora "intendentes mafiosos" que
ahora son socios, casi amigos en las filas
del kirchnerismo, este sujeto que como
candidato salió último cómodo en
elecciones abiertas logró una magra
convocatoria.
Ni siquiera le resultó la estrategia de
dejar pegado a Adolfo Pérez Esquivel, que
prefirió darle la espalda y hablar para
apenas 80 personas que no comulgaban con
Blumberg, pero tampoco con el aparato de
D'Elía.
Separado por Diagonal Norte se montó el
otro circo político.
El ¿empresario? ¿víctima? ¿candidato
a gobernador del PRO? Juan Carlos Blumberg,
seguido de cerca por Mauricio Macri, Ricardo
López Murphy y Cecilia Pando, entre otros,
malgastó su poder de convocatoria en la
presentación de un listado de medidas con
fuerte olor represivo (que no quita que la
mayoría de los presentes lo haya aplaudido)
y en el adelanto de lo que comienza a tomar
forma: su ingreso a la política partidaria.
Con relación a las acciones pedidas,
Blumberg quiere "creación de instituto
de menores", "trabajo en las
cárceles", "control de los
condenados con libertad condicional" y
"urbanizar las villas 'donde vive gente
honrada pero también mucho delincuentes
(sic)". Eso sí, se enoja cuando a su
cara se le agregan los bigotes de Adolf
Hitler o se lo califica como cultor de la
mano dura.
Los caminos para conseguir seguridad no
son los que marca Blumberg escoltado por
Patti y Pando, y mucho menos los que
presuntamente representa D'Elía, marioneta
de Kirchner, los Fernández y compañía.
En todo caso, aunque sólo 80 personas se
arrimaron a esa propuesta, suena más
coherente, reflexiva y menos politizada la
solicitud del Nobel de la Paz que llamó a
"No penalizar la pobreza". Es
cierto que con eso no alcanza, pero
militarizando las calles tampoco llegará la
seguridad.
Porque conviene electoralmente a unos y
otros, nos quieren hacer creer -con fuerte
apoyo mediático- que sólo hay dos caminos
para transitar si uno quiere salir a la
calle con cierta tranquilidad: el camino que
describe Blumberg y que iluminan sus
inocentes velas, o el de los Derechos
Humanos que Kirchner y los suyos
descubrieron hace apenas tres años, cuando
tomaron las riendas del poder.