Sábado 2 de Septiembre de 2006 - Año 92 - Edición 7211 - Edición digital 0511

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Ni Blumberg ni D'Elía

¿Existe la posibilidad de no sentir simpatía por ninguna de las dos convocatorias del jueves? Si no existe, la creamos. Uno puede mirar con desconfianza las intenciones de "seguridad respetuosa" de Juan Carlos Blumberg y también cuestionar la pobre puesta en escena del indescriptible Luis D'Elía, sólo útil para trabajos mandados desde el gabinete nacional.

Si bien en cada caso hubo diferencias notorias, en el fondo se trató de dos títeres políticos con ansias de poder, utilizando un problema latente en la sociedad para ratificar sus rumbos personales.

Lo realizado por el ¿piquetero? ¿funcionario? ¿cadete? del gobierno nacional Luis D'Elía fue impresentable desde su origen.

En la Casa Rosada notaron que Juan Carlos Blumberg podía organizar una marcha a la Plaza de Mayo y golpear, con la contundencia de una asistencia masiva, en uno de los talones de Aquiles de la actual gestión: la inseguridad.

Desde entonces le ordenaron a D'Elía justificar su sueldo ensuciando la cancha. Y cuando evidenciaron que eso no hacía mella en la convocatoria de Blumberg, ordenaron la organización de una "contramarcha" el mismo día, a la misma hora, a escasas cuadras de la otra y con el único objetivo de opacar la caminata de los admiradores de Blumberg, Radio 10 y su discurso ideológico.

Con colectivos y gente aportada por los otrora "intendentes mafiosos" que ahora son socios, casi amigos en las filas del kirchnerismo, este sujeto que como candidato salió último cómodo en elecciones abiertas logró una magra convocatoria.

Ni siquiera le resultó la estrategia de dejar pegado a Adolfo Pérez Esquivel, que prefirió darle la espalda y hablar para apenas 80 personas que no comulgaban con Blumberg, pero tampoco con el aparato de D'Elía.

Separado por Diagonal Norte se montó el otro circo político.

El ¿empresario? ¿víctima? ¿candidato a gobernador del PRO? Juan Carlos Blumberg, seguido de cerca por Mauricio Macri, Ricardo López Murphy y Cecilia Pando, entre otros, malgastó su poder de convocatoria en la presentación de un listado de medidas con fuerte olor represivo (que no quita que la mayoría de los presentes lo haya aplaudido) y en el adelanto de lo que comienza a tomar forma: su ingreso a la política partidaria.

Con relación a las acciones pedidas, Blumberg quiere "creación de instituto de menores", "trabajo en las cárceles", "control de los condenados con libertad condicional" y "urbanizar las villas 'donde vive gente honrada pero también mucho delincuentes (sic)". Eso sí, se enoja cuando a su cara se le agregan los bigotes de Adolf Hitler o se lo califica como cultor de la mano dura.

Los caminos para conseguir seguridad no son los que marca Blumberg escoltado por Patti y Pando, y mucho menos los que presuntamente representa D'Elía, marioneta de Kirchner, los Fernández y compañía.

En todo caso, aunque sólo 80 personas se arrimaron a esa propuesta, suena más coherente, reflexiva y menos politizada la solicitud del Nobel de la Paz que llamó a "No penalizar la pobreza". Es cierto que con eso no alcanza, pero militarizando las calles tampoco llegará la seguridad.

Porque conviene electoralmente a unos y otros, nos quieren hacer creer -con fuerte apoyo mediático- que sólo hay dos caminos para transitar si uno quiere salir a la calle con cierta tranquilidad: el camino que describe Blumberg y que iluminan sus inocentes velas, o el de los Derechos Humanos que Kirchner y los suyos descubrieron hace apenas tres años, cuando tomaron las riendas del poder.

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