Escribe Hugo Alberto de Pedro-Especial de
ARGENPRESS.info
En Argentina, cuando falta más de un año para las
elecciones nacionales, algunos políticos van poniendo
en condiciones las maquinarias propias y las partidarias
que, como sucede frecuentemente, tenderán a forjar
nuevos intentos para hacerse del poder o mantenerlo a
cualquier costo; y particularmente buscando el menor
compromiso con el ciudadano. Ese compromiso que tanto
les molesta y que su ausencia los libera.
Una vez más las cuestiones partidarias pasarán por
la fuerza, ahora abonada por las reiteradas amenazas
emitidas desde el "eje del poder", que un
grupo de supuestos iluminados pueda imponer sobre
aquellos que necesitan de los pactos y acuerdos impunes
para no perder los beneficios de todo tipo que supone
gobernar y legislar.
Hasta el día de las elecciones la participación
ciudadana estará como siempre nuevamente ausente, salvo
para los actos y concentraciones que se irán haciendo
para demostrar fortalezas, las que contarán con la
disposición de medios, dineros y presiones de cualquier
tipo provenientes de las rentas públicas. Esas tristes
imágenes de humanos trasladados como ganado, o bien un
choripán reemplazando a la zanahoria nos recuerda la
fábula.
La caterva dirigencial de los partidos y movimientos
políticos irán buscando colocarse a uno u otro lado
del "eje del poder", desde donde mezquinamente
articularán las formas de hacer todo aquello que deba
ser hecho, por supuesto que en sus propios beneficios.
Léase traicionar al ciudadano y relegarlo a la
condición de "pone votos".
Durante estos tres años de hegemonía kirchnerista
tan adornada por interminables y penetrantes
vociferaciones y con algunas decisiones acertadas en los
hechos llevados adelante -aunque muy vacías de una
definición ideológica clara y precisa- donde el
autoritarismo y patoterismo se hizo carne desde el
presidente hasta los eslabones más lejanos del poder
real, muchos personajes han tenido que adoptar
decisiones que se encuentran peleadas con un pasado y
con las pertenencias logradas en el campo político,
sindical, social, popular, periodístico, empresario,
etc.
Solamente un hecho imprevisible, o la suma de ellos,
puede torcer el acompañamiento cívico que el
kirchnerismo tendrá en los tiempos futuros -mediatos e
inmediatos-. La fauna política preferirá, una vez
más, convalidar cualquier tipo de políticas con sus
abigarradas intenciones antes que oponerse desde una
posición crítica y superadora, convalidando así un
modelo democrático no participativo en donde la
representatividad está ajustada a las mentiras y
fraudes ideológicos que no lograrán quebrar la
dirección del proyecto vigente. O sea, el mantenimiento
del "eje del poder".
Con una caja superabundante, con todas las manos
necesarias en las cámaras del Congreso para convalidar
las políticas presidenciales y con los representantes y
ejecutivos en cada una de las provincias rendidos al
"eje del poder", es muy poco lo que se puede
esperar de la aparición de aires nuevos. Menos aún, la
posibilidad de que se produzca una construcción de
nuevos espacios de representación que pongan freno y
límites a los abusos del poder y que puedan diseñar, o
esbozar al menos, un esquema creíble para la
proposición de cambios de rumbos para lograr saltar las
barreras de las injusticias sociales, ampliar el campo
del trabajo y las posibilidades del pueblo, lograr el
mejoramiento de la educación y de la seguridad social,
entre otros asuntos urgentes.
Claro está que nadie puede, a esta altura de los
acontecimientos y del conocimiento de quién es
Kirchner, pensar que bajo el pretexto de un progresismo
disfrazado no serán muchos los que se opongan al poder
dominante y decidan construir o reconstruir, como en
muchos casos es necesario, espacios que disputen el
poder, tanto desde la izquierda como desde la derecha.
La bonanza en la recaudación del Estado, el contexto
regional favorable, los grandes negocios y negociados
logrados con una política económica y cambiaria
ajustada a las necesidades de las grandes
concentraciones de capital, junto con políticas activas
desarrolladas al amparo de superpoderes, con escaso o
inexistente debate político parlamentario y
preferentemente armadas desde la necesidad y la urgencia
dentro de una emergencia económica y social endémica,
donde los parches que se van poniendo a medida que los
reclamos sociales se hacen insoportables son hechos de
la realidad que nadie puede desconocer o soslayar.
Salvo, seguramente, que sea un beneficiario más del
modelo imperante.
La publicidad y la propaganda perfectamente
impuestas, diseñadas, contratadas y generosamente
pagadas por el "eje del poder" martilla
incansablemente sobre la opinión pública: la forma, la
moldea y la domestica a su real y reverendo antojo.
Cuando cualquiera, y desde donde sea, alza la voz para
emitir juicios o prédicas que no agradan al gobierno
son tapados, impugnados y descalificados al mejor estilo
que el autoritarismo impone sin sonrojarse, alentado por
aplausos y risas de todo el funcionariato.
En este contexto reinante se hace prácticamente
imposible generar otras opciones o al menos conseguir
cambios y consensos en los caminos a seguir. Porque la
respuesta es y seguirá siendo siempre la misma:
"comparen con lo que sucedía antes". Claro
que ese antes tuvo como protagonistas, socios y
acompañantes a los mismos que hoy reniegan de su pasado
complaciente y que los encontraba ayer apoyando a los
que hoy critican, no sin razón por supuesto. Ahora, de
vil manera, se hacen los distraídos y los inocentes
desde una posición tan mendaz como intolerable, cuando
no echan mano a supuestas, que conocemos falsas e
indignas, defensas anteriores de los Derechos Humanos.
En fin, la cuestión del futuro es clara. No habrá
ningún cambio posible y menos siquiera la perspectiva
de su construcción en el corto plazo si como pueblo no
nos decidimos a que así sea.
Quizás sea posible y esperable, tanto como deseable,
que el futuro no sea tan previsible, que la Argentina
pueda vivir momentos de mayor participación, y que
entre todos podamos cambiar este "eje del
poder" para que sea posible el "eje del
pueblo" el que ponga a los representantes al
servicio de un país digno, justo, libre y soberano.
Perder estas esperanzas en algún sentido sería
perder nuestro derecho de ser ciudadanos libres.