Miércoles 6  de Septiembre de 2006 - Año 92 - Edición 7212 - Edición digital 0512

Portada
Editorial
Clasificados
Archivo
Historia
Links
Suplementos        Sociales
Lujanenses en el mundo
Servicios
Farmacias de turno
Teléfonos útiles
Horarios de trenes Guía de Profesionales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

sitio relacionado >>> opinión

"La venganza" de los usuarios con las empresas

Los usuarios de Servicios Públicos estamos hartos del comportamiento que las empresas tienen para con nosotros.

¡Riiiin... Riiiin...!

- ¿Hola?

- Buenos días. ¿Usted es el titular de la línea?

- Sí, soy yo mismo.

- ¿Me puede decir su nombre por favor?

- José Luis

- Sr. José Luis, le llamo de Telefónica para ofrecerle una promoción consistente en la instalación de una línea adicional en su casa, en donde usted tendrá derecho a...

- Disculpe la interrupción, señorita, pero exactamente ¿quién es usted?

- Mi nombre es Silvina Maciel, de Telefónica, y estamos llamando...

- Silvina, discúlpeme, pero para nuestra seguridad me gustaría comprobar algunos datos antes de continuar la conversación, ¿le importa?

- No tengo problema, señor.

- ¿Desde qué teléfono me llama? En la pantallita del mío sólo pone "Número privado".

- El interno mío es el 1004.

- ¿Para qué departamento de Telefónica trabaja?

- Telemarketing Activo.

- ¿Me podría dar el número de trabajadora de Telefónica?

- Señor, disculpe, pero creo que toda esa información no es necesaria...

- Entonces, lamentablemente, tendré que colgar porque no tengo la seguridad de hablar con una trabajadora de Telefónica.

- Pero yo le puedo garantizar...

- Vea Silvina, cada vez que yo llamo a Telefónica, antes de poder comenzar cualquier trámite estoy obligado a dar mis datos a toda una legión de empleados...

- Está bien señor, mi número es el 34591212.

- Un momento mientras lo verifico, no se retire Silvina... (dos minutos).

- Un momento por favor, toda la gente en casa se encuentra ocupada... (cinco minutos)

- ¿Señor?

- Un momento por favor, toda la gente en casa se encuentra ocupada...

- Silvina, le voy a comunicar con mi mujer que es la encargada de la sección de adquisición de productos técnicos de la casa; por favor, no se retire.

(Coloco el auricular del teléfono delante de un grabador y pongo el CD de Caribe Mix 2004 con el Repeat activado. Sabía que algún día esa droga de música me sería útil. Después de sonar el CD entero, mi mujer atiende el teléfono):

- Disculpe por la espera, me puede decir su teléfono pues en la pantallita del mío sólo aparece "Numero privado".

- 1004.

- Gracias. ¿Con quién estoy hablando?

- Con Silvina.

- ¿Silvina qué?

- Silvina Maciel (ya demostrando cierta irritación en la voz).

- ¿Cuál es su número de trabajadora de Telefónica?

- 34591212 (más irritada todavía).

- Gracias por la información Silvina. ¿En qué puedo ayudarla?

- La llamo de Telefónica, estamos llamando para ofrecerle nuestra promoción "Línea Adicional", en la que usted tiene derecho a otra línea. ¿Estaría interesada?

- Voy a ingresar su solicitud en nuestro programa de Nuevas Adquisiciones y dentro de algunos días nos contactamos con usted. ¿Puede anotar el número de ingreso al programa, por favor? ¿Hola? ¿Hola?

- TU... TU... TU... TU...

Por favor:

Hágalo circular entre todos sus amigos y en particular a los que trabajan en las empresas de servicios, bancos, etc.

Ana María Colombo


Sardinas

Ya el nombre, "colectivo", anuncia tormentas. No es que seamos un caso único en el mundo pero, por lo que nos toca, debemos admitir que en nuestra Argentina cotidiana todo lo que sea colectivo es a la vez problemático. No innova en absoluto quien señala nuestro individualismo (que es una forma políticamente correcta de llamar al simple y llano egoísmo), y si no fíjese si le suenan las frases "yo, argentino", "no te metás" o "algo habrán hecho". En el reino del sálvese quien pueda, reafirmado espectacularmente en la reciente traición perpetrada por la clase media de la cacerola contra sus ex compañeros del piquete, compartir, aunque sea el espacio, es todo un tema.

El colectivo está en el famoso pero reducido catálogo de inventos argentinos que se transmite orgullosamente por tradición oral, y que incluye al dulce de leche y a la birome. Deben ser también inventos argentinos el típico chofer malhumorado e irresponsable, la lucha despiadada por el asiento libre y esa costumbre autóctona de manosear a las chicas como si el hecho de viajar apretados habilitara toda clase de contactos.

Especie de Far West en miniatura, tierra de nadie donde poco importan la ley y el reglamento, el colectivo ha sabido sortear avances tecnológicos y regulaciones al punto de que, por ejemplo, sólo una mínima parte de los coches cuentan con las rampas para discapacitados que requiere la ley, y los que las tienen no las hacen funcionar con la excusa de que están rotas. Todas. Al mismo tiempo. Siempre.

A las indudables mejoras (marcha mejor compensada, ventanales más amplios, más espacio interior, barrales por todos lados, multiplicidad de timbres) han sobrevivido las formas de maltrato específicas de ese medio de transporte.

Desde el desprecio por algunas paradas en las que sólo por azar los choferes deciden detenerse hasta el mutismo absoluto ante las preguntas de los pasajeros o el olvido del compromiso de avisar dónde queda determinado destino para que el viajero primerizo no pase de largo.

Otras frases cargadas de sadismo: "Al fondo, al fondo que hay

lugar", "Arribaaaa" (esta última pronunciada con un énfasis militante, agresivo). También han resistido incólumes el paso del tiempo y los cambios sociales.

Por si fuera poco, hay riesgo de muerte: un matutino porteño difundió recientemente que casi no se castigan las permanentes infracciones cometidas por los choferes de colectivos en la ciudad de Buenos Aires.

Cruzar con el semáforo en rojo, detenerse en lugares no permitidos, marchar a la velocidad del sonido, son todas acciones potencialmente mortales (a veces efectivamente mortales) que casi nunca reciben una sanción.

Nuevamente la ley parece quedar fuera de ese micromundo, mientras los pasajeros la miran alarmados por la ventanilla.

Pero las cosas pueden estar cambiando. A tono con los tiempos que corren, aunque tal vez un poco tardíamente (las reivindicaciones del ciudadano/consumidor ya llevan un buen tiempo de avance, incluso en nuestra nación tercermundista), un fallo judicial ha encendido una luz de esperanza: un pasajero será indemnizado porque, a pesar de sus quejas, el conductor del colectivo en el que viajaba no hizo nada para que otro pasajero dejara de fumar, algo claramente prohibido a bordo de las unidades.

Es poco pero es algo. Por una vez, se castigó el incumplimiento de las normas, algo a lo que los colectiveros (y los empresarios del transporte) no parecen estar acostumbrados.

Sebastián Lalaurette

Agencia MP


Importante: las notas firmadas no representan la opinión del periódico, son exclusiva responsabilidad de los firmantes

>>> principal