Desde una vereda, los
fuertes intereses económicos tironean para
que las condiciones de trabajo se mantengan
como hasta ahora: sin límites, sin
horarios, sin restricciones, sin barreras
para proteger a la salud, sin reparos en la
cantidad de salas o de máquinas, sin mucha
exigencia en las proporciones a repartir.
Desde la otra vereda,
decenas de personas de Luján y quién sabe
cuántas en toda la geografía provincial,
piden ayuda para salir de su problema de
salud.
Esas dos orillas se
presentan al analizar lo que ocurre con los
bingos y las salas de juego. Y Luján tiene
historia para escribir en esta temática. En
el medio de esos intereses contrapuestos, el
Estado, el único con poder para modificar
realidades vigentes.
La semana pasada este
medio ofreció dolorosas historias de
personas atrapadas por la ludopatía y de
familiares que conviven con la decadencia
diaria de aquellos que no pueden frenar su
impulso por apostar. Gente que perdió su
dinero, después sus propiedades, más tarde
sus afectos. Gente que hoy sólo tiene la
vida, porque el resto se dilapidó en
apuestas.
Sin embargo, ante el
mismo tema hay otra campana que suena con
fuerza. A fines de abril del corriente año,
la Provincia ya había recibido ingresos por
486 millones de pesos provenientes de los
bingos. Puntualmente, se informaba que unos
371 millones de pesos llegaban desde las
máquinas tragamonedas y el resto, cerca de
115 millones de pesos, venían del juego del
bingo.
El peso de la
recaudación estatal a través de los bingos
y las salas de apuestas es tan fuerte que
hasta llega a jaquear las intenciones
electorales del gobernador Felipe Solá.
¿Usted cree que Solá
está más preocupado por la salud de
aquellos que padecen ludopatía en su
provincia que por la fortuna que puede tener
su demorado proyecto para renovar las
licencias de los bingos? Un consejo: no sea
ingenuo.
Solá necesita la
autorización legislativa para un nuevo
endeudamiento, por casi 1.000 millones de
pesos, y una ampliación del cálculo de
gastos y recursos 2006. Esas cifras son agua
para su sed de reelección.
El gobernador ya tiene
disponible una autorización para endeudarse
por 500 millones de pesos, sin considerar un
ingreso extraordinario de 430 millones por
la renovación de las licencias de los
bingos. En términos de juego, tiene muchas
fichas apostadas a esa iniciativa.
Son datos de la
realidad que llevan a pensar en un
gobernador más preocupado por asegurar los
recursos que le permitan seguir en el cargo
por cuatro años más, que por tender una
mano a aquellos que en la soledad de su
hogar, o en compañía de
"hermanos" en desgracia, intentan
asomar de una enfermedad que los tiene
dominados.
No es necesario
pararse en una vereda o en la otra. Basta
con atender las necesidades y los derechos
de cada una. En Luján, por ejemplo, nadie
ignora los beneficios que al Hospital
Municipal llegan a través del dinero
recaudado en el Bingo. Pero tampoco se
desoyó el flagelo de los ludópatas. Hasta
ayer, la Justicia tenía frenada una
restricción horaria que fue aplaudida en
todos los ámbitos donde se conoció la
noticia.
Esa medida era
respetuosa de los intereses enfrentados,
pero quién sabe por qué razón, no se
logra acceder a su saludable aplicación.
¿Usted cree que Solá
está más preocupado por la salud de
aquellos que padecen ludopatía en su
provincia que por la fortuna que puede tener
su demorado proyecto para renovar las
licencias de los bingos? Un consejo: no sea
ingenuo.