Escribe Eduardo Montes de
Oca-Insurgente
Confiada ha andado la humanidad.
Creía que las fuerzas soviéticas y aliadas habían
abatido completamente la hidra en 1945. Sin embargo, su
hálito flota en el ambiente. Y cuando menos se espera
rebrota en uno u otro punto. Sobre todo en el hemisferio
norte. Porque, al parecer, a esa práctica excluyente
nombrada fascismo le vienen bien los climas gélidos y
templados. Climas de desarrollados en economía y
"punteros" en derechos humanos.
Y hablando de norte, de frío y de
derechos humanos, uno de los sitios donde últimamente
ha asomado la bestia es aquel donde nació. Sí, allá
donde una tradición de humanistas, filósofos de
avanzada, artistas, revolucionarios, ha encontrado su
contraparte; primero, en una teoría que exalta el
nacionalismo, la "pureza" étnica, el
"superhombre"; luego, en una praxis que, de no
atarse a tiempo, hubiera arrasado con Europa y quién
sabe si con el orbe entero.
Alemania vuelve a ser noticia de
escabroso asunto. Y que conste: no sólo por el fútbol.
Desde antes, observadores atentos insistían en que
mientras el país "se dispone a recibir una oleada
de turistas de todo el planeta durante la Copa Mundial
de la FIFA 2006, el ataque racista contra un político y
manifestaciones neonazis ensombrecen los preparativos
para el torneo".
Los temores son fundados. Al
presentar su informe anual 2005 -nos recuerda la agencia
informativa IPS-, el ministro del Interior, Wolfang
Schaeuble, reveló que más del cinco por ciento de los
hombres de entre 18 y 24 años de edad votaron por el
(ultraderechista) Partido Nacional Democrático en las
elecciones federales del año pasado. En el este del
país, el diez por ciento. Para mayor inri, el número
de los dispuestos a perpetrar actos de violencia con
tufo nazista se disparó de 400, en el año 2004, a
10.400, en 2005. La cantidad de ataques por motivos
raciales creció casi una cuarta parte, para sumar 958.
El clímax de algo que no
significa precisamente paranoia sino prevención con
causa, asomó en la advertencia hecha a horas del
comienzo del reciente Mundial por Uwe Karsten Heye,
vocero del canciller Gerhard Schröder de 1998 a 2002:
"Recomendaría a las personas que tengan otro color
de piel no visitar ciertas ciudades medianas y pequeñas
de Brandeburgo y otros lugares, porque corren peligro de
no salir vivas de allí".
Y a quien dude de la posibilidad
de una muerte anunciada, le recordamos un rosario de
ataques de entre los que sobresale el incendio, en 1992,
de un hostal que albergaba a inmigrantes solicitantes de
asilo en la oriental ciudad de Rostock. Doce meses
después, una familia turca resultaba el
"mejor" pasto para otra quema intencional, en
la occidental Solingen.
Hace muy poco, en Postdam,
también en un este en que algunos, cada vez más,
empuñan la xenofobia y el antisemitismo con el
argumento de las desigualdades sociales surgidas tras la
caída del vituperado Muro de Berlín, un vociferante
grupo de cabezas rapadas ofendía ("¿Por qué me
llaman nígger?", increpaba la víctima) y colmaba
de puntapiés por todo el cuerpo a un extranjero,
ingeniero hidráulico y padre de dos niños, quien, con
su desesperada defensa sólo logró un ensañamiento que
le costó fractura de cráneo.
Si bien el hecho, como los demás,
ha conmocionado a la opinión pública, no encontró eco
parecido entre los máximos responsables de conjurar a
tiempo el demonio del fascismo. El mismísimo ministro
del Interior no se daba por enterado. Como si no
entendiera porqué los agresores intentaban estigmatizar
al golpeado espetándole al rostro tumefacto los
denuestos de "negro de mierda" y "sucio
nigeriano", Schauble comentó con candidez
inimaginable que "la víctima podría haber sido
también rubia y de ojos azules".
¿Rubia, no? En ese contexto, y a
pesar de la conmoción, quizás la nota que más alarme
sea la pasividad ante la mayoría de los actos públicos
de violencia contra los "extraños", uno de
los más sonados símbolos del espíritu
ultranacionalista. Buena parte de los ciudadanos
-digámoslo sin cortapisa alguna- lucen adormilados
frente a la olorosa salchicha rociada con la mejor de
las cervezas...
Actitud que hace unos lustros puso
al globo al borde del fin, bajo una égida que apostó
por el holocausto judío y la del orbe eslavo, entre
otros. Si despertaran y se desperezaran de manera
gregaria todos -los gobernantes en primerísimo orden-,
los pacíficos alemanes harían a una humanidad
expectante el mejor de los regalos: la tranquilidad de
saberse protegida contra las consecuencias de esa vieja
teoría de "superhombres" y razas únicas.
Basta con tensar la memoria histórica. Y proponerse
cerrar espacio a la hidra que, decididamente, no murió
en 1945.
Basta con tensar la memoria
histórica. Y proponerse cerrar espacio a la hidra que,
decididamente, no murió en 1945.