Serán los jueces en los que recaiga la
causa los que tendrán que determinar la
responsabilidad legal que le cabe a Estela
Ramona Paz, más conocida como "Mónica
Paz, la martillera", y a la misteriosa
e invisible señora "María Rosa
Bertolino", presuntas autoras de la
maniobra mediante la cual vendían terrenos
fiscales de diferentes puntos del partido de
Luján.
Lo que amerita respuestas urgentes, para
que las condiciones establecidas para la
ilegalidad no perduren, es el rol que en
todo el ilícito tuvieron los funcionarios a
cargo de la Dirección de Tierras y Vivienda
de la Comuna, sus jefes y sus subordinados.
Se tiene que cerrar el cerco sobre los
sospechosos: Paz y Bertolino, ¿actuaron
solas o son eslabones de una cadena?
Por lo sucedido, se confirma, entre otras
irregularidades, que en la administración
municipal hace más de un año que se pueden
conseguir planillas catastrales con lotes o
parcelas de terrenos de hasta 10 hectáreas,
para ofrecer a un precio vil al mejor
postor.
De acuerdo a la confesión de una de las
implicadas en el caso, se realizaron
"cerca de 15 ventas". Es decir que
no hay registro exacto de la cantidad de
estafas que se perpetraron, porque la
confesión surgió de una de las autoras.
Otro dato que no debería pasar
desapercibido: las operaciones económicas
por varios miles de pesos se realizaban en
el hall de la Municipalidad, mientras las
vendedoras saludaban a empleados y
funcionarios que pasaban delante suyo. Nadie
las molestaba.
La gravedad del hecho terminó de
determinarse esta semana. Recién el jueves
pasado, cuando el tema ya había explotado
en la opinión pública, una gacetilla de
prensa informó que el gobierno local
radicó una denuncia penal.
Pero en ese texto se admite que una de
las implicadas comentó la maniobra en la
Dirección de Tierras el 15 septiembre del
año pasado. Y que no se realizó una
denuncia inmediata "porque no había
suficientes pruebas".
Se llegó a admitir una ineficiencia tal
que confiesan haber tardado un año en
reunir los elementos suficientes como para
solicitar la intervención de la Justicia.
El lunes pasado se radicó la denuncia de lo
que se sabía desde el 15 de septiembre.
¿Son los funcionarios los que tienen que
realizar la tarea de investigación? ¿No
estarían "haciendo tiempo"?
Dicho en palabras más comprensibles,
está claro que "se dejó hacer"
durante casi un año. Se calló durante casi
un año. No se tomaron medidas durante casi
un año. Aún con el pensamiento más
condescendiente hacia los funcionarios, se
puede decir que trabajaron en la búsqueda
de pruebas durante casi un año, mientras
las condiciones seguían latentes para
comercializar terrenos fiscales de hasta 10
hectáreas. En ese caso, ¡cuánta
inocencia! Demasiada para la responsabilidad
que merece un cargo público.
La contundencia de la información que se
conoció en estos días, incluso aquella que
indica que el gobierno local necesitó
prácticamente un año para juntar pruebas y
decidirse a radicar una denuncia, teje la
sospecha de que a partir de ahora el
intendente y sus funcionarios harán todo lo
humanamente posible para esquivar las
responsabilidades y las gruesas falencias
que rodean a la estafa con lotes fiscales.
Los hechos conocidos hasta ahora son
irrefutables. La falta en los deberes de
funcionario público, cuanto menos en el
área de Tierras, están a la vista.
¿Alguien pagará por el grotesco
ilícito que se realizaba dentro de la
Municipalidad con acción u omisión
estatal? ¿O la solución apuntará a la
creación de una comisión investigadora que
durante todo el tiempo necesario, para
olvidar lo ocurrido, analice los hechos
"hasta las últimas
consecuencias"?