Ya no hay margen para hablar de un tema
menor; de una cuestión inventada por los
medios de prensa. La venta de lotes fiscales
o con dueños que no ejercen su posesión,
que se suponían que estaban en custodia en
la administración pública, es un
escándalo de magnitud que el gobierno
encabezado por Miguel Ángel Prince tiene
que afrontar.
Se conocían detalles de la maniobra
desde hace un año y la directora de
Tierras, Graciela Galarraga, sólo tiene
para decir la investigación "fue como
escribir un diario del viajero".
Afortunadamente, las maniobras políticas
que intentaron alivianar el peso de las
críticas no eclipsaron la sanción de una
resolución en la que se repudian las
maniobras perpetradas, se considera
incumplida la función pública y
absolutamente condenable la actitud del
intendente Prince, de la secretaria Isabel
Otero y de la directora de Tierras por la
demora para denunciar el hecho, y se sugiere
reemplazar transitoriamente a Galarraga y
los empleados de su área.
Ante la gravedad de lo confesado por al
menos tres protagonistas del ilícito (una
intermediaria y dos compradoras), el jefe
comunal debería estar a la altura de las
circunstancias.
Prince expone una manifiesta
intencionalidad al elegir concurrir a jugar
al "fútbol solidario" en lugar de
responder al pedido de los concejales, que
solicitaban su presencia en el Concejo
Deliberante para explicarles -para explicara
a la comunidad- qué errores se cometieron
para que se vendan lotes fiscales y se
gestione una vivienda prefabricada para una
compradora, todo desde oficinas municipales.
En una muestra más del menosprecio hacia
el Concejo, Prince optó por el evento
deportivo. Ni siquiera se buscó una excusa
elegante. Políticamente, el intendente cree
que es más fructífero para la gestión
tomarse una foto con el actor de una novela,
que salir a dar la cara por una estafa en la
que se menciona a una empleada municipal y
demasiadas omisiones de los funcionarios
más cercanos a su gestión.
Cuando se recupere del cansancio
futbolístico, Prince tendría que ocuparse
del gobierno. Jugar al fútbol o presenciar
la recreación de una batalla son acciones
interesantes, coloridas, pero una gestión
municipal se tiene que cimentar en acciones
un tanto más profundas, más serias, más
duraderas, más maduras.
La semana pasada, en el Concejo
Deliberante, se le pidió al presidente del
cuerpo, el concejal del FPV Rubén Leopardi,
que se aleje del cargo hasta tanto se sepa
por qué su empresa familiar "El
Gavilán" descargaba o difundía el
olor pestilente de su comercio en amplios
sectores de la ciudad. Mientras los bloques
de la oposición definían ese pedido,
Prince se preocupaba por conseguir una
rodillera que le permitiera desplazarse sin
problemas por el campo de juego del
Polideportivo.
También en el Concejo se pidió al
gobierno que reemplace transitoriamente a
Galarraga y los empleados de Tierras de esas
tareas, hoy bajo la lupa de la Justicia.
Creen que esas medidas aportarían seriedad
a una administración sospechada de tener
participación (por acción u omisión) en
las maniobras delictivas de los terrenos
fiscales. Mientras los concejales resolvían
el texto de ese pedido, Prince se preocupaba
por jugar con una camiseta que no fuese
demasiado parecida a la de Independiente,
porque él es hincha de Racing.
Los pantalones deportivos no eran un
inconveniente en la indumentaria del viernes
a la noche. Prince jugaría con los
pantalones que usa siempre, porque para
afrontar los problemas graves que sufre la
comunidad jamás se puso los pantalones
largos.