Miércoles 20 de Septiembre de 2006 - Año 92 - Edición 7216 - Edición digital 0516

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La gambeta del intendente

Ya no hay margen para hablar de un tema menor; de una cuestión inventada por los medios de prensa. La venta de lotes fiscales o con dueños que no ejercen su posesión, que se suponían que estaban en custodia en la administración pública, es un escándalo de magnitud que el gobierno encabezado por Miguel Ángel Prince tiene que afrontar.

Se conocían detalles de la maniobra desde hace un año y la directora de Tierras, Graciela Galarraga, sólo tiene para decir la investigación "fue como escribir un diario del viajero".

Afortunadamente, las maniobras políticas que intentaron alivianar el peso de las críticas no eclipsaron la sanción de una resolución en la que se repudian las maniobras perpetradas, se considera incumplida la función pública y absolutamente condenable la actitud del intendente Prince, de la secretaria Isabel Otero y de la directora de Tierras por la demora para denunciar el hecho, y se sugiere reemplazar transitoriamente a Galarraga y los empleados de su área.

Ante la gravedad de lo confesado por al menos tres protagonistas del ilícito (una intermediaria y dos compradoras), el jefe comunal debería estar a la altura de las circunstancias.

Prince expone una manifiesta intencionalidad al elegir concurrir a jugar al "fútbol solidario" en lugar de responder al pedido de los concejales, que solicitaban su presencia en el Concejo Deliberante para explicarles -para explicara a la comunidad- qué errores se cometieron para que se vendan lotes fiscales y se gestione una vivienda prefabricada para una compradora, todo desde oficinas municipales.

En una muestra más del menosprecio hacia el Concejo, Prince optó por el evento deportivo. Ni siquiera se buscó una excusa elegante. Políticamente, el intendente cree que es más fructífero para la gestión tomarse una foto con el actor de una novela, que salir a dar la cara por una estafa en la que se menciona a una empleada municipal y demasiadas omisiones de los funcionarios más cercanos a su gestión.

Cuando se recupere del cansancio futbolístico, Prince tendría que ocuparse del gobierno. Jugar al fútbol o presenciar la recreación de una batalla son acciones interesantes, coloridas, pero una gestión municipal se tiene que cimentar en acciones un tanto más profundas, más serias, más duraderas, más maduras.

La semana pasada, en el Concejo Deliberante, se le pidió al presidente del cuerpo, el concejal del FPV Rubén Leopardi, que se aleje del cargo hasta tanto se sepa por qué su empresa familiar "El Gavilán" descargaba o difundía el olor pestilente de su comercio en amplios sectores de la ciudad. Mientras los bloques de la oposición definían ese pedido, Prince se preocupaba por conseguir una rodillera que le permitiera desplazarse sin problemas por el campo de juego del Polideportivo.

También en el Concejo se pidió al gobierno que reemplace transitoriamente a Galarraga y los empleados de Tierras de esas tareas, hoy bajo la lupa de la Justicia. Creen que esas medidas aportarían seriedad a una administración sospechada de tener participación (por acción u omisión) en las maniobras delictivas de los terrenos fiscales. Mientras los concejales resolvían el texto de ese pedido, Prince se preocupaba por jugar con una camiseta que no fuese demasiado parecida a la de Independiente, porque él es hincha de Racing.

Los pantalones deportivos no eran un inconveniente en la indumentaria del viernes a la noche. Prince jugaría con los pantalones que usa siempre, porque para afrontar los problemas graves que sufre la comunidad jamás se puso los pantalones largos.

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