Sábado 14 de Abril de 2007 - Año 92 - Edición 7272 - Edición digital 0572

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El origen no está en Neuquén

Poco importa cuál era el dial en el que estaba clavada la radio en la tarde-noche del lunes pasado. Lo que importaba era el mensaje que se trasmitía. El locutor anunció las palabras del presidente de la Nación, Néstor Kirchner, con relación al brutal asesinato del docente Carlos Fuentealba, en Neuquén. Una breve distracción del oyente que no duró más de un minuto y la radio que ofrecía la voz de Kirchner criticando con entusiasmo y énfasis al diario La Nación. ¿El locutor se equivocó? ¿Kirchner se equivocó y recibió de su secretario un discurso traspapelado?

Nadie se había equivocado. O, en todo caso, Kirchner cree que no se equivoca si al explicarle al pueblo lo sucedido con Fuentealba elige centrar sus cuestionamientos en el diario La Nación. Ese día, en su editorial, el mencionado matutino repudiaba lo sucedido con el docente y pedía una discusión de fondo sobre los modos de encarrilar las protestas sociales.

Si el editorial tenía un enfoque correcto o no, es problema de sus editores y, en segunda instancia, de sus lectores. No es serio que un presidente tome ese debate escrito como el eje de su explicación sobre lo ocurrido en una ruta, donde perdió la vida un docente que reclamaba mejores condiciones de trabajo.

Kirchner no sólo no enfrenta sus responsabilidades en este caso, sino que utiliza la vieja estrategia de inventar al enemigo. ¿A quién puede favorecer un enfrentamiento entre el presidente de la Nación y un diario? Al mandatario para ordenar a su tropa o al diario para vender algunos ejemplares más. Nada le aportan al resto de los ciudadanos y, en todo caso, habría que evaluar el daño que se provoca a la libertad de expresión.

Kirchner no tiene que pelear con La Nación, sus editoriales y sus columnistas. Kirchner tiene que pelear contra las grandes empresas; contra las prestadoras de servicios, a las que les sigue regalando subsidios para sostener la mentira de la "no inflación"; contra los generadores de precios; contra los que contribuyen a la pésima distribución de las ganancias. Concretamente, en el caso que desembocó en la muerte de Fuentealba, Kirchner tiene que pelear contra su propia política, teñida de un fuerte oportunismo electoral, que se transforma en un trapecio sin red para el resto de los gobiernos (provinciales y/o municipales).

Ni siquiera resulta productivo o constructivo que Kirchner intercambie culpas con Jorge Sobisch. El gobernador neuquino tendrá que pagar el costo político y judicial de una orden que derivó en criminal. Y el autor del asesinato tendrá que pagar ante la Justicia.

Lo que se tiene que discutir, para que no se sigan lamentando muertes de gente que reclama por sus derechos, es el fondo de cada uno de los asuntos. Los docentes de Neuquén pedían lo que también piden docentes de otras provincias, que quedaron relegados de los beneficios de un anuncio nacional vacío de contenido.

El origen del conflicto docente en Neuquén no está en Neuquén, sino que se remonta al anuncio electoralista de aumento para todos los maestros del país del todavía ministro de Educación de la Nación, Daniel Filmus, bajo órdenes directas de Kirchner.

El primero que encendió la alarma fue el ministro de Economía de la Provincia de Buenos Aires, que pegó el portazo cuando notó que los números no cerraban para el incremento vociferado desde la órbita nacional. Varias provincias no iniciaron su ciclo lectivo por la misma razón: Filmus prometió pero las economías provinciales no podían cumplir.

El aumento se dio a conocer para sostener o impulsar la candidatura a jefe de Gobierno de la Ciudad de Filmus y para hablar -que es gratis- del compromiso de la gestión nacional con la educación y con los trabajadores del sector. En la práctica, para muchas arcas provinciales el pago del incremento se presenta muy complejo.

La raíz del conflicto que derivó en el asesinato del profesor de Química es la negación de la realidad que se practica desde Nación. Puertas adentro de la Casa Rosada o en las placenteras estadías en El Calafate, parece que no hay problemas de financiación para aumentos salariales, no hay aumento de precios, no hay inflación, no hay espeluznante distribución desigual de la riqueza, no hay pobreza. En las calles, en las rutas, en los bolsillos de docentes y no docentes, se expresa la verdad.

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