Miércoles 18 de Abril de 2007 - Año 92 - Edición 7273 - Edición digital 0573

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Un diálogo que llega tarde

Aseguran que los planos originales que vieron docentes, autoridades educativas, funcionarios y algunos alumnos tienen cerca de cinco décadas. Allí consta, irrefutable, el paso de la ruta 5, hoy autopista. Y que su traza corta el triángulo que se forma en uno de los extremos del amplio predio de la Universidad Nacional de Luján.

Es un dato de la realidad conocido ahora, pero también por los constructores de las primeras paredes de la casa de altos estudios y por quienes dieron las órdenes a esos constructores. Por error, practicidad o por omisión, los edificios universitarios fueron brotando en ese triángulo, el más cercano a las vías de acceso. La ruta 5, por entonces, era sólo uno de los límites visible a través del Puente de Control.

Desde entonces, cuando se habló o se discutió acerca de la traza rutera que debía pasar entremedio de los edificios de la UNLu, siempre se trabajó sobre paliativos. La traza de la ruta 5 tenía que ocupar su ubicación original. Por eso, hoy los reclamos suenan tardíos. Por eso, hoy los acuerdos entre autoridades educativas y políticas suenan a maquillaje sin cirugía mayor.

Es probable que el grupo de estudiantes que por estos días reclama enfáticamente una consulta popular para definir democráticamente los pasos a dar se haya equivocado en el modo de la protesta. Tan probable como que no despiertan grandes muestras de apoyo en sus pares. Sin duda, la mayoría de los estudiantes de la UNLu hoy está más preocupado por el parcial más inminente que por el impacto que puede causar la autopista.

Con todo, aunque la protesta nazca o sea sostenida por un grupo “minúsculo”, no pierde su sensatez. Pasaron años y años de oídos sordos, de pataleos aislados, de charlas informativas a las que no concurrían más de diez personas, de gestiones que preferían pasar por alto la carpeta del “problema de la autopista”, hasta que un día comenzaron los movimientos de tierra.

En estos días, el Consejo Superior de la UNLu aceptó abrir canales de diálogo con quienes se oponen al paso de la autopista. Lo hizo, lógicamente, después de negociar el levantamiento de la toma del rectorado.

Casi una burla a los reclamos si se tiene en cuenta que las máquinas siguen avanzando con la obra. Casi una burla si se repara en que las autoridades de la universidad ya aceptaron la dádiva que el Poder Ejecutivo ofreció a cambio de silencio y resignación.

Son unos 16 millones de pesos los que la UNLu recibirá como compensación por las molestias que causa o causará la autopista pasando a metros de las salas de estudio, lectura e investigación. No hay que tener estudios universitarios para comprender aquel dicho popular que expresa que cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.

Ahora las autoridades de la UNLu prometen la apertura de canales de diálogo con la comunidad educativa. Un diálogo que se podrá lograr si se lo permite el ruido de las máquinas constructoras o directamente el rugir de los motores de los rodados pasando por la flamante autopista.

 

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