Sábado 4 de Agosto de 2007 - Año 92 - Edición 7303 - Edición digital 0603

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Lo único espléndido es la fachada

Tal vez los vecinos pensaban que como su exterior luce recién pintado, impecable, el interior presenta las mismas características. Los turistas que no ingresan a sus instalaciones, seguramente se van de Luján con la sensación de que el Complejo Museográfico “Enrique Udaondo” atraviesa uno de sus mejores momentos. Nada más alejado de la realidad.

Por desidia o por una política de vaciamiento que nadie saldría a admitir públicamente, el Museo Udaondo presenta graves problemas de seguridad y mantenimiento. Los polémicos “préstamos” de piezas de las colecciones que integran su patrimonio sólo resultaron ser disparadores de un complejo panorama que -en esta edición- admitió el propio director del establecimiento.

Tal como informamos en las páginas 10 y 11 de esta edición, semanas atrás se conoció el robo de tres grandes pailas. Son tres recipientes de cobre que pesan entre 150 y 300 kilos y tienen un diámetro de entre 50 y 80 centímetros.

Se aclara, además, que el caso se suma a distintos hechos relacionados con faltantes de piezas históricas que se registraron durante estos últimos meses. Y al robo en la Sala del Gaucho del 8 de diciembre pasado.

El director del Museo, el Arq. Roberto Grin, admitió: “La seguridad está mal. No tenemos normas de seguridad. Hemos hecho una serie de proyectos y se ha pedido la implementación de un sistema de cámaras de video que todavía no se ha implementado por falta de fondos”.

Grin se escudó en la falta de recursos humanos de las fuerzas de seguridad que tienen asiento en el Museo, las mismas que deben velar por la seguridad de los locales nocturnos.

Ante ello, el funcionario provincial parece conformarse con la realización de un inventario para, en caso de un nuevo ilícito, saber qué faltante denunciar. De todas maneras, ese trabajo no está terminado.

Otro escudo para explicar el pobre presente del Museo es el clima. ¿El clima? Así lo informa un cartel que Grin colocó en la entrada al Museo Histórico y que detalla cuáles son las salas que permanecen abiertas.

Según esa escueta explicación para los visitantes, “la amenaza de inundación” de abril y los “pronósticos climáticos” del otoño impedían exponer salas y elementos con tranquilidad. Hoy, lejos de esa amenaza de abril, Grin admitió que el establecimiento “debe estar funcionando en un 50 por ciento”. ¿Ahora temerán potenciales inundaciones de abril de 2008?

Si a lo narrado se le suma esta política de prestar piezas y no luchar demasiado por su regreso, como en el caso de las puertas de la antesala de la Casa de Tucumán (el gobernador Felipe Solá habló de tenencia “ridícula” la del Museo local), sospechar sobre políticas de vaciamiento no sería insensato.

Grin explicó a este medio que la entrega de piezas del Museo a otros complejos, a gobiernos provinciales o a exposiciones es una medida positiva porque permite que públicos, vecinos o turistas de diferentes partes del mundo conozcan la existencia del Museo de Luján. Eso sí, sin pisar Luján.

Sería bueno para esos circunstanciales observadores de Tucumán, de la Capital Federal (adonde se llevaría a La Porteña), que en Luján, el lugar de origen y propiedad de esos elementos, quede algo para mostrar.

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