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Lo único espléndido es la fachada
Tal vez los vecinos pensaban que como su
exterior luce recién pintado, impecable, el interior presenta las
mismas características. Los turistas que no ingresan a sus
instalaciones, seguramente se van de Luján con la sensación de que
el Complejo Museográfico “Enrique Udaondo” atraviesa uno de sus
mejores momentos. Nada más alejado de la realidad.
Por desidia o por una política de
vaciamiento que nadie saldría a admitir públicamente, el Museo
Udaondo presenta graves problemas de seguridad y mantenimiento. Los
polémicos “préstamos” de piezas de las colecciones que integran su
patrimonio sólo resultaron ser disparadores de un complejo panorama
que -en esta edición- admitió el propio director del
establecimiento.
Tal como informamos en las páginas 10
y 11 de esta edición, semanas atrás se conoció el robo de tres
grandes pailas. Son tres recipientes de cobre que pesan entre 150 y
300 kilos y tienen un diámetro de entre 50 y 80 centímetros.
Se aclara, además, que el caso se
suma a distintos hechos relacionados con faltantes de piezas
históricas que se registraron durante estos últimos meses. Y al robo
en la Sala del Gaucho del 8 de diciembre pasado.
El director del Museo, el Arq.
Roberto Grin, admitió: “La seguridad está mal. No tenemos normas de
seguridad. Hemos hecho una serie de proyectos y se ha pedido la
implementación de un sistema de cámaras de video que todavía no se
ha implementado por falta de fondos”.
Grin se escudó en la falta de
recursos humanos de las fuerzas de seguridad que tienen asiento en
el Museo, las mismas que deben velar por la seguridad de los locales
nocturnos.
Ante ello, el funcionario provincial
parece conformarse con la realización de un inventario para, en caso
de un nuevo ilícito, saber qué faltante denunciar. De todas maneras,
ese trabajo no está terminado.
Otro escudo para explicar el pobre
presente del Museo es el clima. ¿El clima? Así lo informa un cartel
que Grin colocó en la entrada al Museo Histórico y que detalla
cuáles son las salas que permanecen abiertas.
Según esa escueta explicación para
los visitantes, “la amenaza de inundación” de abril y los
“pronósticos climáticos” del otoño impedían exponer salas y
elementos con tranquilidad. Hoy, lejos de esa amenaza de abril, Grin
admitió que el establecimiento “debe estar funcionando en un 50 por
ciento”. ¿Ahora temerán potenciales inundaciones de abril de 2008?
Si a lo narrado se le suma esta
política de prestar piezas y no luchar demasiado por su regreso,
como en el caso de las puertas de la antesala de la Casa de Tucumán
(el gobernador Felipe Solá habló de tenencia “ridícula” la del Museo
local), sospechar sobre políticas de vaciamiento no sería insensato.
Grin explicó a este medio que la
entrega de piezas del Museo a otros complejos, a gobiernos
provinciales o a exposiciones es una medida positiva porque permite
que públicos, vecinos o turistas de diferentes partes del mundo
conozcan la existencia del Museo de Luján. Eso sí, sin pisar Luján.
Sería bueno para esos
circunstanciales observadores de Tucumán, de la Capital Federal
(adonde se llevaría a La Porteña), que en Luján, el lugar de origen
y propiedad de esos elementos, quede algo para mostrar.
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