Miércoles 15 de Agosto de 2007 - Año 92 - Edición 7307 - Edición digital 0607

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La víctima vivía en una precaria vivienda

Incendio en el Santa Marta: un muerto

Un hombre de unos 60 años murió calcinado este lunes en horas de la noche.

El incendio se habría ocasionado por un brasero.

Atrapado por el fuego que en segundos devoró su humilde casa, construida con paredes de cartón y techo de chapas revestido con brea, murió este lunes Abelardo Aguirre. Tenía 60 años y vivía desde hacía más de 10 años en Las Palmeras 635 del barrio Santa Marta.

Al parecer, el incendio lo desató una chispa que salió de una especie de estufa salamandra que la víctima utilizaba para calefaccionar el precario monoambiente, levantado en un terrero que le había cedido para que lo ocupara un amigo que trabaja como puestero en la zona de Cañada de Arias.

Esa sería la pista más firme que por estas horas investiga la Justicia para determinar el motivo que le produjo la muerte a este vecino, apreciado en el barrio y asiduo colaborador del comedor de la capilla San José Obrero.

El proceso ígneo comenzó minutos antes de las 20. Todo fue muy rápido. Cuando llegaron los bomberos lo único que pudieron hacer fue apagar las llamas.

Vecinos de Aguirre intentaron rescatarlo pero les fue imposible. La casa estaba cerrada por dentro con tres candados, que tras el hecho quedaron chamuscados, aferrados a oxidadas cadenas y esparcidos por la puerta principal. Adentro todo ardía.

En un principio acudieron al lugar dos dotaciones a las que debió sumársele una tercera, dada la dimensión que tenía en esos instantes el incendio. “Se sintió una explosión y después empezó a largar chispas. Tenía una garrafa que era verde y ahora quedó negra. También tenía una estufa a kerosene”, dijo una niña que se encontraba jugando a pocos metros de la casa siniestrada en el momento en que se produjo la tragedia.

“Mi papá se metió pero no lo pudo sacar”, agregó otro niño, mientras le mostraba al cronista de este medio los restos del reloj pulsera y la linterna de “Don Aguirre”.

“Era mi mejor compañero de trabajo en el comedor comunitario. Era muy bueno”, lamentó una vecina quien presume que Aguirre pudo haber arrojado “algún combustible” a la estufa.

El cuerpo del infortunado Aguirre estuvo hasta las 3 de la madrugada entre los restos de lo que había sido su casa. Por falta de morguera, el cadáver tuvo que ser llevado por la Policía a la seccional, lugar donde permaneció hasta el mediodía de ayer.

Las horas que prosiguieron al incendio causaron indignación en la humilde barriada. “Se lo estaban comiendo los perros”, agregó otro niño, quien junto con una amiga estaba jugando a la mancha el lunes por la noche, escuchó la explosión y vio cómo el fuego consumió al querido “viejito” Aguirre.

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