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No hay más mate cocido
Lo que ocurre en el Hospital Municipal
“Nuestra Señora de Luján” hace escasos días -y, suponemos, se
modificará apenas la información tome mayor estado público-
evidencia falta de consideración; un gobierno que pregona una cosa
pero hace (o deja hacer) otra y/o una carencia, rayana con lo
irrespetuoso, de sentido común. La gestión que se ufana de tener un
magnánimo olfato social, prohibió a la Cooperadora del Hospital que
regale infusiones a los pobres que esperan ser atendidos en el
establecimiento.
Concretamente, según informó a través
de diferentes canales la Asociación Cooperadora del Hospital, desde
la Dirección del establecimiento la obligaron a suspender el
servicio de mate cocido, mate cocido con leche, chocolatada y
minialfajores que entregaban sin cargo a las personas que entre
junio, julio y agosto deben soportar las bajas temperaturas para
acceder a la atención médica.
La Cooperadora intentó explicar las
motivaciones de ese acto solidario que tenía como destino, en su
inmensa mayoría, a personas carenciadas (ancianos, madres, chicos)
que no tienen los recursos para asistir a una cafetería. Esas
explicaciones chocaron contra las exigencias de la Dirección
hospitalaria.
El negocio es más fuerte.
Con el respaldo de la Dirección del
Hospital, la cafetería no tendrá más razones para las protestas. El
servicio se suspendió y después de un posible -y saludable- debate,
tal vez se consiga reestablecerlo el año próximo.
La suspensión obligatoria fue
comunicada por el doctor Guillermo Aranciva en la nota que le envió
a las autoridades de la Cooperadora. “Como consecuencia del reclamo
formulado administrativamente por el concesionario de la Cafetería
de nuestro nosocomio (y prolijo como buen administrador cita el
número de expediente) formalmente hacemos saber que desde la fecha
(el 1° de agosto pasado), sólo podrán entregarse en forma gratuita
infusiones (mate cocido) fuera del horario de atención del servicio
de Cafetería” y cierra su texto “agradeciendo vuestra comprensión”.
De nada sirvió que los responsables
del sencillo acto de sensibilidad escribieran “...nos consta que
únicamente acceden a este servicio aquellos pacientes en casi su
totalidad indigentes y menores de edad, que aún carecen de los
medios pecuniarios para sufragar un café con leche...”.
Aranciva fue categórico. Seguramente
respaldado por su jefe, el intendente Miguel Prince.
La lectura es tan simple como
indignante. Si sos pobre y tenés que esperar largas horas de la
madrugada en el Hospital para que te atiendan y además no tenés
plata en el bolsillo, jodete. Por supuesto que Prince, tan adepto a
esa frase que dice que donde hay una necesidad hay un derecho, jamás
le diría jodete en la cara a los pacientes pobres que esperan
sentados. Para eso tiene a sus funcionarios.
Para cuando termine la polémica, los
responsables de la cantina ya habrán logrado su objetivo, el
director del Hospital seguirá en su cargo con la conciencia
tranquila y las autoridades locales seguirán en lo suyo, que muchas
veces no es lo mismo que lo que necesita la gente. Donde hay una
necesidad hay un derecho (siempre y cuando no se cercene algún
interés económico).
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