Sábado 25 de Agosto de 2007 - Año 92 - Edición 7310 - Edición digital 0610

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La banda siguió tocando

La primera lectura, por cierto incorrecta, sería interpretar el paso de los cursantes y disertantes del X Encuentro de Formación Católica de Buenos Aires, por las calles de Luján, como un desembarco pintoresco de un puñado de anacrónicos, que entienden a la sociedad sin grises, únicamente entre buenos y malos. Y, por supuesto, colocándose ellos y quienes comparten su sesgado pensamiento en la vereda de los buenos.

Pero lejos de esa primera lectura, el último paso de estos fieles que tienen como gurú intelectual al obispo Antonio Baseotto (sí, aquel de la sugerencia al ministro de Salud Ginés González García de colocarle una piedra y arrojarlo al mar) no tuvo ribetes pintorescos. Por el contrario, hubo hechos y actitudes que merecen una postura más seria, más comprometida de las instituciones democráticas locales.

Uno de los oradores centrales del encuentro fue Antonio Caponnetto, director de la revista Cabildo. En esa publicación este “católico nacionalista”, como le gusta autodefinirse, escribe, entre otras cosas, supuestas defensas a la Patria con expresiones de esta estirpe: “Todo se lo ha tragado esta tiranía montonera, consolidada sobre hechos y personajes a cuál más depravado e impune. Es curioso que ideólogos, el vulgo todo y los subsidiados cronistas y pedagogos oficiales hayan convertido los siete años del Proceso (sic) en el eje monopólico del mal de toda la historia argentina”.

Es saludable que Caponnetto, Baseotto y todos los que marchan detrás de su sotana expresen sus ideas, que las escriban y, si les resulta rentable, que las publiquen y las vendan en formato de revista.

El problema surge cuando sus expresiones trascienden el submundo de su publicación. Es entonces cuando Caponnetto y sus libres pensadores ubican al comunicador que no piensa como ellos en la vereda del “enemigo”. Y como tal, avisarles que merecen su castigo.

En ese contexto, el domingo pasado Caponnetto increpó a los dos trabajadores de prensa que fueron a cubrir las actividades del encuentro (uno del semanario Novedades, el otro de EL CIVISMO), los trató de mentirosos, y dijo que “si siguen mintiendo se tendrán que atener a las consecuencias”. Además, uno de sus lacayos se acercó a los periodistas y les sacó fotos. Socarronamente, dijo que eran “para su cuarto”.

Prácticamente nadie en la comunidad local reaccionó ante lo sucedido. La Banda Rerum Novarum (que acompañó la procesión) siguió tocando, los partidos políticos siguieron con sus campañas y los integrantes del gobierno comunal no levantaron un solo dedo en expresión de repudio. Una pena, porque han sabido estar atentos a las amenazas hacia Alicia Kirchner en Santa Cruz o cuando un concejal criticó a la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, por citar apenas dos ejemplos.

Tal vez ayude a despabilar a las estructuras políticas el dato que indica que estos sujetos que cuestionan, amenazan y sacan fotos con olor a espionaje, son los mismos que tiempo atrás intentaron instalar un stand en la Feria del Libro para presentar el texto del ex represor Miguel Etchecolatz titulado “La otra campana del Nunca Más”.

Jorge Julio López, el testigo que desapareció y sigue sin paradero conocido en plena democracia, sufrió este hecho después de declarar en el juicio contra Etchecolatz.

Simples datos que pueden ayudar a despabilar a los que parecen dormidos.

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