Bastaría salir a la calle con un grabador o consultar por
teléfono a un número aleatorio de vecinos y preguntarles,
¿finalmente, qué horario tiene el Bingo Luján? Nos animamos a
suponer que muchos desconocen esa información.
Sí sabemos, porque así lo reflejaron decenas de respuestas a
una reciente consulta realizada a través de nuestra página de
internet, que la mayoría de los lectores de ese espacio
periodístico creen que el gobierno no tiene que retroceder en su
decisión y otorgarle más horas de apertura a la sala de juegos.
Tal vez no sean pocos los que recuerden que el año pasado, el
intendente Miguel Prince miró a los alrededores del partido que le
toca gobernar y redactó una ordenanza que recibió aplausos en su
pueblo, en las cercanías y en los medios de prensa de llegada
nacional.
Con una firmeza inusual, Prince restringía el horario de la sala
de juegos de la calle Mitre porque consideraba que su apertura, de
prácticamente 24 horas de cada día, afectaba a los comercios del
centro y, se sospecha, también a los barriales; estaba generando
inconmensurables cantidades de conflictos familiares y aportaba a un
incremento alarmante de personas con ludopatía (adicción al
juego).
Casi nada cambió entre la firma de esa decisión y la medida que
se pretende adoptar hoy, en el recinto del Concejo Deliberante. En
realidad, conviene analizar lo escaso que cambió en el medio. Hubo
un par de ruidosas protestas; alguna presentación judicial y la
típica presión a través del "peligrar de las fuentes de
trabajo".
Si se cumplen los pronósticos, a partir de la promulgación de
la ordenanza que se votaría hoy, el Bingo consigue un horario
semanal de 13 horas diarias; de 17 horas los sábados y de 20 horas
los domingos y feriados. Bastante más que la propuesta inicial del
Ejecutivo y el Concejo que establecía como horario de apertura de
18 a 4 de la mañana para todos los días.
Hay un dato que se transformó en eje de la presión para lograr
la modificación y que encontró eco en un gobierno local permeable
a los intereses particulares: la conservación de los puestos de
trabajo.
Se supo en estos días que el sindicato que organizó la protesta
en la puerta del palacio municipal tenía, hasta la semana pasada,
dos afiliados. Esa cifra no trasmite la idea de tratarse de un
organismo muy representativo.
Pero al margen del detalle numérico, los concejales que
decidieron investigar el trasfondo de la protesta se encontraron con
un dato interesante: la empresa que explota la sala de juegos
habría contratado a 50 personas después de saber que su horario
sería restringido. Con ello, cae uno de los argumentos más fuertes
para pedir flexibilización.
Más allá de esta información y de que la medida encontró
apoyo multisectorial en la sociedad y en la Justicia (que avaló la
medida), el gobierno termina cediendo ante las presiones. Sin
demasiados rodeos en la expresión, una verdadera lástima.