Miércoles 10 de Enero de 2007 - Año 92 - Edición 7246 - Edición digital 0546

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Retroceso ante las presiones

Bastaría salir a la calle con un grabador o consultar por teléfono a un número aleatorio de vecinos y preguntarles, ¿finalmente, qué horario tiene el Bingo Luján? Nos animamos a suponer que muchos desconocen esa información.

Sí sabemos, porque así lo reflejaron decenas de respuestas a una reciente consulta realizada a través de nuestra página de internet, que la mayoría de los lectores de ese espacio periodístico creen que el gobierno no tiene que retroceder en su decisión y otorgarle más horas de apertura a la sala de juegos.

Tal vez no sean pocos los que recuerden que el año pasado, el intendente Miguel Prince miró a los alrededores del partido que le toca gobernar y redactó una ordenanza que recibió aplausos en su pueblo, en las cercanías y en los medios de prensa de llegada nacional.

Con una firmeza inusual, Prince restringía el horario de la sala de juegos de la calle Mitre porque consideraba que su apertura, de prácticamente 24 horas de cada día, afectaba a los comercios del centro y, se sospecha, también a los barriales; estaba generando inconmensurables cantidades de conflictos familiares y aportaba a un incremento alarmante de personas con ludopatía (adicción al juego).

Casi nada cambió entre la firma de esa decisión y la medida que se pretende adoptar hoy, en el recinto del Concejo Deliberante. En realidad, conviene analizar lo escaso que cambió en el medio. Hubo un par de ruidosas protestas; alguna presentación judicial y la típica presión a través del "peligrar de las fuentes de trabajo".

Si se cumplen los pronósticos, a partir de la promulgación de la ordenanza que se votaría hoy, el Bingo consigue un horario semanal de 13 horas diarias; de 17 horas los sábados y de 20 horas los domingos y feriados. Bastante más que la propuesta inicial del Ejecutivo y el Concejo que establecía como horario de apertura de 18 a 4 de la mañana para todos los días.

Hay un dato que se transformó en eje de la presión para lograr la modificación y que encontró eco en un gobierno local permeable a los intereses particulares: la conservación de los puestos de trabajo.

Se supo en estos días que el sindicato que organizó la protesta en la puerta del palacio municipal tenía, hasta la semana pasada, dos afiliados. Esa cifra no trasmite la idea de tratarse de un organismo muy representativo.

Pero al margen del detalle numérico, los concejales que decidieron investigar el trasfondo de la protesta se encontraron con un dato interesante: la empresa que explota la sala de juegos habría contratado a 50 personas después de saber que su horario sería restringido. Con ello, cae uno de los argumentos más fuertes para pedir flexibilización.

Más allá de esta información y de que la medida encontró apoyo multisectorial en la sociedad y en la Justicia (que avaló la medida), el gobierno termina cediendo ante las presiones. Sin demasiados rodeos en la expresión, una verdadera lástima.

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