Las personas que no están recibiendo el dinero que supuestamente
rebasa de las florecientes arcas del Estado y su relación con el
mercado, están en problemas. Siempre lo estuvieron, pero esa
condición se agrava cuando las autoridades no tienen conciencia real
de cómo vive el otro, de cómo vive o sobrevive "el de abajo".
La situación se puede describir a través de un puñado de
ejemplos. No se puede esperar un control férreo y mejoras en el
servicio de trenes, cada día más paupérrimo, si quienes tienen que
controlar y legislar no viajan en tren y ni siquiera tienen asesores
o secretarios que lo hagan por ellos.
No se puede esperar una política sensata en materia de atención
en salud pública, si los funcionarios sólo pasan por los hospitales
o por las salas de primeros auxilios para cortar una cinta de
inauguración. Por eso los turnos se tienen que solicitar a la
madrugada, se consiguen a largo plazo y hay que rogar atención para
ciertas especialidades médicas.
Algo similar ocurre ahora en Luján en tiempos en que los
concejales comienzan a discutir un aumento en las tasas municipales.
Aseguran desde el oficialismo y la oposición que uno de los
puntos de debate será incluir o excluir del fuerte incremento en las
tasas por servicios sanitarios y de recolección de residuos a los
barrios más carenciados del partido.
En el proyecto oficial el aumento está contemplado y hay sectores
de la oposición que consideran innecesario seguir golpeando los
bolsillos de aquellos que sólo se enteran por las noticias del
crecimiento de la economía y de la escasa disponibilidad de plazas
en los sitios más top para el turismo. El gobierno local da muestra
de gobernar con un discurso popular, pero a la hora de sacar cuentas
se olvida de algunos sectores.
Afirman quienes defienden el planteo de excluir a los barrios
carenciados del aumento, que la recaudación que aportarían no sería
significante. ¿Desde el Departamento Ejecutivo no repararon en este
detalle? ¿No les importó?
Suena irritante que uno de los justificativos para el incremento
sea la necesidad de cubrir los miles de pesos de aumento salarial
que comienzan a cobrar los secretarios, subsecretarios, directores y
coordinadores de la administración municipal además de, por
supuesto, el intendente.
La estructura de funcionarios que creó el jefe comunal llegó a
dimensiones impactantes. Debajo de cada baldosa de la casa municipal
se esconde un coordinador. Esa estructura tiene un altísimo costo,
sin siquiera reparar en la relación costo-beneficio.
Si bien planteos similares ya se hicieron desde este mismo
espacio, no está mal machacar con lo que se considera justo y
necesario. Si las cuentas están tan al rojo como para aumentar los
impuestos, ¿no sería sensato reducir el plantel de funcionarios,
limitar la cantidad de celulares y minutos libres de esos equipos
para personas que no tienen rumbo fijo dentro de la administración?
¿Cuánta planta se ahorraría el gobierno local si ajustara el plantel
de funcionarios a las necesidades concretas de la gestión?
Preguntas que en la gestión de Miguel Prince nadie está dispuesto
a realizar y mucho menos a responder. Los concejales de la oposición
tampoco ponen empeño en conocer esta información y mucho menos en
bregar por un cambio. ¿Será porque el aumento en las tasas también
financiará el incremento del monto de sus dietas?