Miércoles 24 de Enero de 2007 - Año 92 - Edición 7250 - Edición digital 0550

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Los conductores más vivos del mundo

En estos días, los noticieros y los diarios hablan espantados de la cantidad espeluznante de accidentes de tránsitos, muchos de ellos con pérdidas de vidas. Indican que Argentina está al tope de los países con más muertos por esa causa. Ante la realidad, cualquier campaña de concientización o declaración de emergencia vial termina siendo irrisoria.

La idea de expresar una opinión sobre lo que ocurre desde este espacio, daba vueltas desde hace unos días. No queríamos ser repetitivos, aburridores. Sin embargo, resultó sencillo encontrar algo diferente para manifestar con relación a la problemática del tránsito en las rutas y calles argentinas.

Bastó con recorrer una docena de calles de la ciudad y mirar con atención el comportamiento de quienes nos rodean.

En sólo cinco minutos de observación, cuatro personas, de diferentes edades y estado físico, cruzaron la calle desde la mitad de la cuadra. No quisieron esperar para hacerlo en la esquina, donde corresponde. A las cuatro la maniobra les salió bien, pero estaba mal.

En el semáforo de Mariano Moreno y Doctor Muñiz, un señor con una motito roja se adelantó a todos los que aguardaban la luz verde, se asomó, miró y pasó en rojo. No usaba casco y su moto carecía de patente, focos delanteros y traseros.

A una cuadra de ese semáforo, el conductor de un auto gris daba vuelta en "U" para evitar la "insoportable" maniobra de transitar cuatro cuadras y estacionar sobre la vereda que le quedaba más cómoda.

En Almirante Brown al 1100 el propietario de un auto blanco no confía en el estacionamiento callejero y por eso suele ubicar su rodado en la vereda, frente a su casa. Debe saber que lo que hace está mal.

Tan mal como transitar por las rutas sin el cinturón de seguridad, sin encender la luz de posición, pasando a otro vehículo cuando hay dos líneas amarillas o manejando con una mano, mientras otra sostiene el celular, un cigarrillo, un mate o cambia el dial de una radio.

Si se presta atención al comportamiento individual de los caminantes, ciclistas, motociclistas y conductores de cualquier rodado, uno se dará cuenta que lo que padecemos en el país no es más que una consecuencia lógica de esa conducta.

Si transitamos las calles y rutas como se nos ocurre, sin el más mínimo respeto por nuestras vidas, mucho menos podemos esperar del cuidado hacia los terceros.

Por ello, hasta que algo nos lleve a un profundo cambio en la conciencia, en la educación, en la cultura, los accidentes serán moneda corriente. Al ciudadano común le interesa únicamente llegar más rápido a destino y no tener que gastar plata en su medio de locomoción. Si una luz anda mal, mañana o pasado la arreglo.

Al comerciante que reparte su mercadería lo moviliza llegar a más comercios en el menor tiempo posible para terminar más temprano e iniciar el descanso. Por eso, poco le importará si en el 99 por ciento de las bocas de distribución estaciona en doble fila.

Al motociclista lo puede más el presunto aspecto ridículo que le puede aportar un casco que tener un golpe en la cabeza contra el asfalto si alguien lo roza o se patina. Mientras eso no pase, queda más lindo circular con la cabellera al viento.

Al remisero, el único horizonte que lo apura es la posibilidad de realizar uno o dos viajes más. Hay que acelerar para rápidamente recibir por radio otro destino. Y si ese es el comportamiento de cada día, pensar en parar el auto para realizar reparaciones es casi utópico.

Todos tenemos razones para un mea culpa. El problema es que con la imprudencia las cosas nos salen bien en casi la totalidad de las maniobras. En "casi" la totalidad. Son esos "casi" los que llenan horas de noticias y páginas de diarios con accidentes. Todos somos los conductores más vivos del mundo, hasta que la suerte nos indica lo contrario.

 

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