Michel
Serres, filósofo y científico francés,
escritor e investigador, Profesor Emérito de
la Universidad de Stanford y Miembro de la
Academia Francesa de Ciencias, arroja un
rayo de luz y esperanza sobre nuestro
planeta y su realidad actual: "El hombre no
logrará acabar con el mundo y nuevamente los
científicos, la ciencia y su dilecta hija,
la tecnología, lo salvará".
A principios del siglo XX el 70% de los
habitantes de la tierra se dedicaban a
actividades agropecuarias. En la actualidad,
lo hace sólo un 2,5% de la población
mundial.
Ante estas cifras la pregunta obligada
es: ¿Estamos próximos a morir de hambre?
¡No! ¿Cómo es posible? Lo es gracias a la
ciencia y a la tecnología.
Es inevitable que las áreas rurales
cercanas a las grandes poblaciones sean
invadidas por estas actividades
agropecuarias debido al beneficio de estar
cerca de una ciudad. Carlos Keen es un
ejemplo clarísimo al respecto.
Cuando yo me instalé en este pueblo en
1982 un noticiero del Canal 7 de TV lo
definió como un pueblo fantasma. Hoy se
convirtió en un centro de atracción
turística de interés municipal y provincial,
con servicio variado de restaurantes.
Un encanto al aire libre para la gente
que viene con su familia a pasar un bucólico
día de campo rodeado de naturaleza.
Pero esta agradable narración se
contrapone con la situación actual de muchas
avícolas de la zona, y seguramente de muchas
otras, que lamentablemente no cumplen con la
Ordenanza Municipal 4159/99, Provincial Res.
81/00, ni Nacional SENASA6114/97.
Olores nauseabundos y la presencia
exagerada de moscas provocan una
contaminación ambiental cada vez mayor que
toleran nuestros visitantes.
¿Deben cerrarse las avícolas conflictivas
más comprometidas que no cumplen con las
normas? Honestamente creo que no, que debe
protegerse la producción nacional, pero al
mismo tiempo estimo que debemos convivir
bajo el principio de que el derecho de uno
termina donde empieza el de los demás, para
lo cual deberá cumplirse a rajatabla con
todos los requisitos técnicos que eviten
este vicio en nuestra respiración.
Si bien me he interiorizado de la
actividad avícola, no me siento capacitado
como para erigirme en erudito al respecto y
dictar normas, pero sí puedo relatar mi
experiencia personal. Un amigo, que es un
exitoso productor de la zona sur de la
provincia, posee dos granjas de
aproximadamente de 100.000 pollos
parrilleros cada una. Alfredo, que así se
llama, tiene una alquilada a un importante
INTEGRADOR y en la otra está integrado a la
misma empresa que le alquila.
¿Qué hace mi amigo para minimizar estos
problemas? Es simple, aplica todas las
técnicas de su integrador. A saber:
1º Problema- Manejo de pollos muertos (el
peor de los olores). Posibles Soluciones:
a) Cuenta rápida de las bajas para evitar
su descomposición.
b) Rápida eliminación de las mismas
utilizando la cremación en lo posible con
aves no putrefactas, mediante hornos a leña
con chimeneas de un mínimo de 5 metros de
alto para facilitar el venteo. Así se notará
por poco tiempo un leve olor a asado.
c) Enterrar los pollos poniéndoles cal
viva y una tapa al pozo es efectivo, pero a
la larga, no eficiente. No es recomendable.
Lo indicado es la cremación con leña (nunca
gasoil u otro combustible).
El horno, es un simple y económico horno
de campo de bajo
costo que se utilizará lo más seguido
posible y se deberá quizás invertir en un
peón que ayude en la cremación y el
manipuleo de las bolsas con la recolección
de las partes húmedas de la cama.
2º Problema- Manejo de camas. Posible
Solución:
a) Rápida eliminación de las mismas. Una
vez terminada la crianza, retirar la cama lo
antes posible, dejándola a la intemperie el
mínimo de tiempo. Durante la crianza
detectar zonas húmedas, retirarlas,
embolsarlas, sacándolas rápidamente del
lugar.
3º Problema- Moscas. Posible Solución:
a) Fumigar el máximo posible los 365 días
del año. Cumpliendo con los puntos 1 y 2 la
presencia de las mismas bajan muchísimo.
4º Problema- Limpieza de la zona. Posible
Solución:
a) Mantener el pasto muy corto para
facilitar la limpieza.
Existe, y lo noto a diario entre los
vecinos, lugareños y autoridades
municipales, un verdadero deseo a soluciones
equitativas para todos y para la convivencia
ante el avance de la ciudad sobre el campo,
que siempre es doloroso y conflictivo.
No puedo, señora directora, no hacer
mención al artículo del diario "Perfil" de
fecha 21/12/06 sobre la contaminación de
actividades agropecuarias cercanas a
poblaciones, countries y viviendas en zonas
campestres en busca de una vida mejor (estoy
seguro que su bien informado diario está al
tanto del mencionado). La periodista
entrevistó a varias personas vinculadas al
tema; entre ellas mi vecino el señor Pailhé,
al director de Medio Ambiente Lic. Sánchez
Caro, y al que suscribe. No intento utilizar
su periódico para agregar nada al mencionado
artículo, pero sí da lugar a consideraciones
que son indiscutibles verdaderas y
valederas: "Si se hacen las cosas bien
podemos convivir". ¿Quién puede no aceptar
esto? ¿No equivale a educación, dignidad y
respecto mutuo? ¿No están las autoridades y
sus normas para que esto sea posible?
Durante el primer semestre del 2006
estuve en contacto con la Dirección de Medio
Ambiente y sus integrantes. No me cabe la
menor duda de que si no se dobla como mínimo
la cantidad de inspectores y se les
facilitan los medios para hacerlos más
eficientes en su recargado trabajo, como así
también la posibilidad de aplicar multas
representativas y disuasivas (que no sean
más baratas pagarlas que cumplir con las
normas), vamos a seguir teniendo problemas.
Olores va a haber siempre en el campo
pero los desagradables y contaminantes que
alejan a los visitantes se pueden minimizar
en intensidad y duración al máximo.
Raúl Cesar
P/D: 1) Tengo 4 has. a 100 mts. del casco
urbano y de la Escuela Primaria N°6 de
Carlos Keen, ¿puedo poner un horno de
ladrillos o una compactadora y recibir
camiones de basura a cielo abierto? ¿O una
curtiembre? Yo diría que a pesar de mis
sacrosantos derechos de propiedad, la
Municipalidad, con toda razón, NO me lo
permitiría, entonces, la propiedad privada
tiene sus limitaciones, no?
2)¿Quién controla a las empresas
integradoras? ¿No deberían estar exigiendo
como mínimo a las avícolas integradas lo que
hacen en las propias?
Para quienes lo conocimos como profesor o
Director de la Escuela Nacional de Comercio
(EEMN°7) y compartimos con usted trabajos en
la escuela, no podemos dejar de recordarlo
como un excelente profesor frente al aula,
estudioso incansable de las Ciencias
Naturales, docente con gran dedicación y
labor esmerada en el Laboratorio, cuyos
elementos cuidaba como algo propio; Director
que iba y venía con papeles, notas, pedidos,
planos, de la escuela al Ministerio de
Educación para conseguir las obras del nuevo
edificio y siempre atento a lo que ocurría
en cada clase, a la entrada y salida del
horario escolar, atendiendo a padres,
alumnos, al personal. Pero sobre todos estos
valores visibles, había otros que algunos
descubríamos y que usted sabía ocultar: su
preocupación por los alumnos, por aquellos
que necesitaban no sólo elementos
materiales: útiles, calzado, guardapolvo,
comida, sino apoyo en el estudio o sostén
espiritual. Estaba junto a esos alumnos,
compraba, conseguía, llevaba en su auto pan,
facturas, libros; todo aquello que los
chicos precisaban, hasta "el famoso corte de
cabello". Siempre tenía una palabra de
ayuda, gratitud, estímulo para quienes
trabajábamos con usted. Se desprendía de sus
cosas, para ofrecerlas. Periódicos, libros,
recuerdos que conservaba de su padre y las
escribía, Álbum del Centenario, llegaban
siempre a mi casa, con una nota suya, en la
que en forma humilde como usted era, me lo
ofrecía desinteresadamente. En el mes de
diciembre de 2006 recibí sus últimas notas,
recortes y periódicos del Luján de 1910.
Sr. Lucca, como le decíamos con respeto
profesores y alumnos, o simplemente Carlitos,
queremos expresarle que dejó una gran
lección, no sólo desde lo intelectual, sino
como persona: con sus testimonios
cristianos, humildad, sencillez, hombre de
bien, solidario, trabajando por aquellos que
más lo necesitaban, junto a su gran Amor:
María Delia. Pocos días pasaron, hasta que
uno y otro partieron hacia el lugar que Dios
les tenía preparado para el reencuentro
eterno.
No sé si supimos agradecerle o
manifestarle el reconocimiento necesario.
Pero usted nunca esperaba nada del otro. Le
bastaba saber en su interior que había
realizado el bien, un servicio.
Gracias por todo lo que dio como docente
en diferentes niveles de enseñanza, como
directivo, amigo y vecino de Luján.
Hasta siempre.
María Teresa Tartaglia de Silvano.