Lo primero que se escucha luego de conocer en detalle la
actividad que se viene desarrollando, en silencio, desde 1999 es una
pregunta: ¿pero esta organización es de Luján? Cuesta creer de
inmediato que un grupo de personas, sin fines de lucro, trabaje para
quitarle integrantes al gran flagelo de la pobreza y que no se trate
de un oportuno aviso de campaña.
"Resolví adoptar el punto de vista del gusano. Me parecía que si
observaba las cosas desde cerca, las vería con mayor precisión. Como
un gusano, si encontraba un obstáculo en el camino, lo eludiría y
alcanzaría con seguridad mi objetivo. Me sentía dominado por un
sentimiento de impotencia ante el flujo creciente de hambrientos de
Dhaka", expresa el autor de una idea que tiene cultores locales:
Muhammad Yunus, premio Nóbel de la Paz.
Ese espíritu movilizó al grupo de personas que EL CIVISMO
presentó en sociedad en su edición del miércoles pasado. La
asociación sin fines de lucro De La Nada impulsa un revolucionario
sistema de microcréditos en un contexto que no está acostumbrado a
esa política de préstamos, desde el punto de vista puntual, y mucho
menos acostumbrado a confiar en el otro, desde el punto de vista
general. En un contexto, para no irnos en definiciones abstractas,
en el que nadie discute que un jefe comunal pueda embolsar 25.000
pesos por mes cuando en el mismo lapso cientos de sus gobernados
cobran 150 o 200 pesos de un plan social.
Contra todos los pronósticos, De la Nada ya entregó en Luján y
general Rodríguez unos 650 microcréditos para personas que creen más
en su potencial laboral y en sus habilidades comerciales que en las
dádivas estatales. Y el dato que más llama la atención es que el
dinero se entrega sin necesidad de papeles ni burocracia. El único
requisito es presentar una idea productiva y comprometerse con sus
semejantes para no perjudicar al sistema de préstamos. Esta
propuesta, tal vez tan utópica para la vida real, crece en todo el
mundo y también en nuestros alrededores.
Además, conocedores del entorno, los responsables de la
asociación local crearon actividades y acciones que se anexan y
ayudan a complementar el sueño de salir de la pobreza.
Se acompañan y asesoran diferentes emprendimientos productivos,
se realizan charlas o cursos de capacitación, se impulsa la creación
de huertas y se reúnen fondos para becar a hijos de personas
carenciadas, beneficiadas por los planes de De La Nada, a las que se
les complica solventar la escolaridad primaria, secundaria o
terciaria.
Obras como las realizadas por De la Nada merecen un espacio
-paradójicamente, la asociación carece de espacio físico para sus
oficinas- en páginas que no suelen dedicarse a estas noticias.
La asociación impulsa esos pequeños cambios que todos tenemos a
mano. De la Nada fomenta la cultura de trabajo, pilar para cualquier
sociedad que tenga intenciones de crecer, de desarrollarse, de
enfrentar cualquier cimbronazo político o económico.
Contra tanta práctica que fomenta el ocio, el facilismo, el
esperar de otro lo que uno podría generar, el no modificar mi
realidad y, por ende mi entorno, De La Nada aporta una bocanada de
aire fresco. Una ilusión y una invitación a creer en las buenas
intenciones, algo a lo que tampoco solemos estar acostumbrados.