Miércoles 31 de Enero de 2007 - Año 92 - Edición 7252 - Edición digital 0552

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Una bocanada de aire fresco

Lo primero que se escucha luego de conocer en detalle la actividad que se viene desarrollando, en silencio, desde 1999 es una pregunta: ¿pero esta organización es de Luján? Cuesta creer de inmediato que un grupo de personas, sin fines de lucro, trabaje para quitarle integrantes al gran flagelo de la pobreza y que no se trate de un oportuno aviso de campaña.

"Resolví adoptar el punto de vista del gusano. Me parecía que si observaba las cosas desde cerca, las vería con mayor precisión. Como un gusano, si encontraba un obstáculo en el camino, lo eludiría y alcanzaría con seguridad mi objetivo. Me sentía dominado por un sentimiento de impotencia ante el flujo creciente de hambrientos de Dhaka", expresa el autor de una idea que tiene cultores locales: Muhammad Yunus, premio Nóbel de la Paz.

Ese espíritu movilizó al grupo de personas que EL CIVISMO presentó en sociedad en su edición del miércoles pasado. La asociación sin fines de lucro De La Nada impulsa un revolucionario sistema de microcréditos en un contexto que no está acostumbrado a esa política de préstamos, desde el punto de vista puntual, y mucho menos acostumbrado a confiar en el otro, desde el punto de vista general. En un contexto, para no irnos en definiciones abstractas, en el que nadie discute que un jefe comunal pueda embolsar 25.000 pesos por mes cuando en el mismo lapso cientos de sus gobernados cobran 150 o 200 pesos de un plan social.

Contra todos los pronósticos, De la Nada ya entregó en Luján y general Rodríguez unos 650 microcréditos para personas que creen más en su potencial laboral y en sus habilidades comerciales que en las dádivas estatales. Y el dato que más llama la atención es que el dinero se entrega sin necesidad de papeles ni burocracia. El único requisito es presentar una idea productiva y comprometerse con sus semejantes para no perjudicar al sistema de préstamos. Esta propuesta, tal vez tan utópica para la vida real, crece en todo el mundo y también en nuestros alrededores.

Además, conocedores del entorno, los responsables de la asociación local crearon actividades y acciones que se anexan y ayudan a complementar el sueño de salir de la pobreza.

Se acompañan y asesoran diferentes emprendimientos productivos, se realizan charlas o cursos de capacitación, se impulsa la creación de huertas y se reúnen fondos para becar a hijos de personas carenciadas, beneficiadas por los planes de De La Nada, a las que se les complica solventar la escolaridad primaria, secundaria o terciaria.

Obras como las realizadas por De la Nada merecen un espacio -paradójicamente, la asociación carece de espacio físico para sus oficinas- en páginas que no suelen dedicarse a estas noticias.

La asociación impulsa esos pequeños cambios que todos tenemos a mano. De la Nada fomenta la cultura de trabajo, pilar para cualquier sociedad que tenga intenciones de crecer, de desarrollarse, de enfrentar cualquier cimbronazo político o económico.

Contra tanta práctica que fomenta el ocio, el facilismo, el esperar de otro lo que uno podría generar, el no modificar mi realidad y, por ende mi entorno, De La Nada aporta una bocanada de aire fresco. Una ilusión y una invitación a creer en las buenas intenciones, algo a lo que tampoco solemos estar acostumbrados.

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