Sábado 3 de Febrero de 2007 - Año 92 - Edición 7253 - Edición digital 0553

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Una oposición tibia

Con el trasfondo abstracto de "realizar una oposición constructiva", el miércoles se levantaron las manos desde todos los bloques para aprobar un incremento en las tasas municipales, en un promedio cercano al 60 por ciento.

Ediles radicales, vecinalistas, aislados (como Ilma Vieiro) y hasta los justicialistas, a pesar de las críticas expresadas, terminaron dando el visto bueno a un proyecto que golpeará con fuerza los bolsillos de todos los contribuyentes.

La pregunta que los ediles opositores se deberían hacer es cuánto tiene de constructiva una oposición que, ante los pedidos del Departamento Ejecutivo, termina cediendo.

Imposible medirlo, pero sí se puede realizar alguna estimación. Para ello, lo primero que deben preguntarse los representantes de la oposición es a qué Ejecutivo le están aprobando más recursos. Un mayor contribuyente planteó una parábola de un padre con un hijo vago al que un fin de semana le da cien pesos para gastar, los gasta y al siguiente le da doscientos.

También desde la oposición podrían analizar su reciente voto por la afirmativa pensando las cosas desde lo supuesto. Es decir, imaginar qué pasaría si este año al gobierno de Miguel Prince no se le otorgaba el tan ansiado incremento.

Seguramente se saldría a blandear el fantasma de la cesación de pagos a proveedores; se diría que los recursos no alcanzan para comprar los insumos necesarios en todas las áreas y se afirmaría que no hay fondos para cubrir los salarios municipales, entre otros argumentos apocalípticos.

Cada uno de esos argumentos merecen o en todo caso permiten una explicación. Si bien no existe cesación de pagos, bastaría con preguntarle a los proveedores de la Municipalidad cómo se encuentran los números; o reparar en las cifras de las deudas comunales.

Por su parte, con las cifras actuales y pasadas, diferentes reparticiones municipales carecieron de los elementos básicos para brindar servicios. Por caso, cabe recordar algunas denuncias que se oyeron el año pasado desde el Hospital Municipal.

Y ante el planteo de los salarios, la hipótesis es más bien política: si no asoma un aumento, ¿el compañero Samuel Peñalba, funcionario y sindicalista municipal, saldría a generarle problemas a su jefe Miguel Prince en un año electoral?

En definitiva, el gobierno llega al pedido de este último aumento con el agua al cuello porque, como alguna voz solidaria dijo en la asamblea del miércoles, no supo generar recursos con esfuerzo genuino y ni siquiera demostró viveza para prorratear el incremento con el correr de los años.

En más de diez años de administración consecutiva, no licitó las concesiones de espacios públicos notablemente rentables, y no ahorró en gastos ociosos dentro del plantel de funcionarios. Por el contrario, creó una estructura enorme de secretarios, subsecretarios, directores, coordinadores, subcoordinadores, contratados y etcéteras.

A este gobierno, la oposición le concede un verdadero impuestazo. No estaría mal para ellos y para los lujanenses en general que, en plan de replantear sus acciones, los opositores con responsabilidad en el Concejo también se pregunten para qué los votaron sus seguidores.

¿Los habrán votado para ejercer una oposición que, por creerse responsable, termina siendo servil a los intereses de una administración desprolija? ¿O habrán recibido los votos para ejercer una oposición de pantalones largos, que controle a la gestión, le haga sentir los rigores ante los errores y afronte las consecuencias?

La actitud adoptada el miércoles, cuando se levantó la mano para que en poco tiempo más el gobierno invada los bolsillos de los ciudadanos, parece más acorde con la primera de las preguntas.

Si a ello se suma una repudiable actitud de indiferencia desde todas las bancadas opositoras hacia quienes en la noche del miércoles, con aciertos o errores, pedían la palabra para opinar sobre lo que se iba a votar, queda la sensación de estar frente a una oposición tibia, una oposición que quiere diferenciarse pero le tiene terror a los conflictos. Una oposición, que si sigue transitando este camino difícilmente coseche buenos frutos en las próximas elecciones.

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