Hablar desde un medio de difusión masivo de "olas" o de
"recrudecimiento" de ciertas modalidades delictivas siempre se tiñe
de cierta sospecha de subjetivo. Los grandes medios de prensa
suelen, de acuerdo a las necesidades del momento, poner el acento en
los secuestros, los robos a determinado rubro comercial, el asalto a
abuelos, entre muchas opciones posibles.
Por ello, sin hablar de "ola", sí se puede afirmar que existe
cierta sensación, palpable en las calles de Luján, de que la
seguridad no está disfrutando de sus mejores tiempos. Que, por el
contrario, son excesivos los casos de inseguridad.
De inmediato, la Policía (con apoyo de las autoridades políticas
locales) puede salir a difundir sus números, sus estadísticas, pero
tanto ellos como los ciudadanos comunes sabemos que esas cifras
"oficiales" no siempre tienen su correlato en la realidad. ¿Cuánto
ocurre en inmuebles urbanos o rurales, en las calles y no se realiza
la denuncia correspondiente?
En los últimos meses abundaron en las páginas de los medios
locales casos de asaltos, de robos, de atracos "menores", de
ilícitos callejeros y, en contraposición, en la mayoría de esos
hechos no se pudo informar sobre detenciones.
La situación se hubiese tomado con cierta "normalidad" en otras
épocas, en las que la crisis golpeaba bolsillos y amplios sectores
sociales y, por ende, también en las cajas de recursos de los
efectivos policiales. Hoy, aunque la reactivación sea despareja,
nadie niega que la crisis comenzó a ser un recuerdo.
Esa realidad quita presión social. Y en Luján, el cambio del
entorno estuvo acompañado por una medida que merece un seguimiento
minucioso: la creación del Consejo Permanente para la Seguridad
Ciudadana (CPSC), financiado en su totalidad por el Fondo de
Seguridad Ciudadana, que los lujanenses pagamos solapadamente en la
boleta de energía eléctrica.
Todos los meses, varios miles de pesos entran en una cuenta
bancaria que debe servir para cubrir todas las necesidades de las
fuerzas de seguridad, ante las cuales el gobierno de la provincia de
Buenos Aires prefiere seguir haciéndose el distraído.
Si bien se realizan publicaciones con ciertos gastos generales,
la comunidad debe tener el detalle de los destinos de ese dinero.
¿Cuántos patrulleros están en funcionamiento? ¿Cuántos en arreglo?
¿Cuántos agentes trabajan a diario en cada una de las dependencias?
¿Son los suficientes para cubrir la demanda local o harían falta
refuerzos? ¿Se fueron muchos policías a cubrir tareas en la costa
atlántica? ¿Quiénes trabajan desde el CPSC para tener al tanto a la
comunidad de los datos derivados de las comisarías? Y la pregunta
con respuesta más compleja: ¿cómo repercute la situación actual en
la seguridad de la gente?
Es una buena época para comenzar a discutir estos temas. Las
elecciones todavía asoman lejanas y eso ayudaría a que el debate no
se contamine de electoralismo.
Además, se sabe que hay intenciones políticas de dejar sin efecto
el cobro del Fondo de Seguridad Ciudadana y cubrir esos gastos con
recursos del presupuesto municipal. Y que, ligado con esto último,
se quiere derivar cierta responsabilidad en el manejo de los fondos
a la administración de los Bomberos Voluntarios.
Tal vez una discusión seria y constante sobre las carencias en
materia de seguridad y cómo administrar los recursos que aporta la
gente, quite de la calle esa sensación de indefensión que, por
momentos, gana el ánimo de los lujanenses.