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El enésimo cambio educativo
Otro cambio más y van... Los
docentes, alumnos y padres no terminan de asimilar un sistema de
estudio cuando se anuncia rápidamente la implementación de otro,
presuntamente mejor.
En la actualidad, desde la
Provincia se sale a difundir, con lujo de detalles, la puesta en
marcha de la Nueva Secundaria, enmarcada en la Ley Nacional de
Educación. Esta norma reemplaza a otra, que no duró demasiado pero
también en su momento se había presentado como superadora de las
anteriores: la Ley Federal de Educación.
Sería necio cuestionar algo que,
por ahora, sólo se anuncia. Del mismo modo, sería prejuicioso
afirmar que las autoridades educativas de la Provincia, ante cierta
indiferencia de las autoridades nacionales, se volverán a equivocar
en el cambio de sistema y dentro de un par de años estaremos
informando sobre el ventajoso retorno a la vieja secundaria o la
modificación de la obsoleta Ley Nacional de Educación.
Lo que no resulta prejuicioso,
necio ni desubicado, es afirmar que los cambios parecen tener más
justificación burocrática y política que práctica. A menos de un mes
del inicio de las clases en la secundaria, las autoridades difunden
los detalles del proyecto para calmar el mar de dudas que se generan
en los maestros, profesores, directivos, alumnos y familiares.
Tienen que informar desde los
sitios de inscripción hasta la distribución de los cursos, la
cantidad de materias, la distribución de las mismas, la garantía
para los puestos de trabajo existentes y los sitios de capacitación
que –muy argentino el dato- todavía no se realizaron aunque las
clases comienzan en un par de semanas.
Cuando las cosas se hacen y
anuncian tan cerca de la fecha de su comienzo, es lógica la
confusión y la aparición de problemas. En la nota que este medio da
a conocer en la presente edición, el director de Secundaria
Bonaerense, Ariel Zysman, asegura que se trabaja en la planificación
y planeamiento de la distribución edilicia, entre otras cuestiones
de último momento.
Ante la promesa del funcionario,
cabe preguntarse si para el 5 de marzo estarán en condiciones de
comenzar su ciclo lectivo todos los edificios educativos de la
provincia de Buenos Aires. Las autoridades, a quien quiere creerles,
dicen que sí.
El año pasado sólo se adelantó
el sistema de la Nueva Secundaria con pruebas piloto en algunas
decenas de establecimientos educativos. Y con capacitación de cierta
cantidad mínima de docentes. El resto tendrá que capacitarse en
coincidencia con el inicio de las clases.
También se propone –e impone-
con sobrados argumentos a su favor, la creación de una nueva materia
(Construcción Ciudadana), pero sólo se indica que sus dos horas
semanales podrán dictarse en contraturno o como la escuela lo
encuentre más conveniente.
¿Este es el modo de dar los
pasos iniciales hacia una transformación educativa? ¿Es la manera de
iniciar cambios profundos, o más bien se trata del camino para
justificar funciones dentro de una estructura estatal? No habrá que
esperar mucho para que se sepa cómo resultará este sistema para la
educación de los chicos, único objetivo posible.
De todas maneras, es innegable
que el gobernador Felipe Solá transita sus últimos meses en el
cargo. Cuando asuma su reemplazante, ¿le dará continuidad a los
cambios o aplicará sus manuales, como suelen hacer todos los
funcionarios recién asumidos?
Hoy la noticia pasa por la
implementación de la Nueva Secundaria porque se quiere llegar a los
13 años obligatorios de estudio. Esperemos que dentro de un par de
años no nos toque escribir sobre lo equivocado de esa política o
sobre lo erróneo de pensar que se solucionó la formación de los
jóvenes porque se los obligó a estar sentados en un banco escolar
más de diez años. |