Miércoles 14 de Febrero de 2007 - Año 92 - Edición 7256 - Edición digital 0556

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La reina Cristina

¿A qué fue Cristina Kirchner a Francia? La pregunta no sólo circuló por los medios de prensa. También se lo preguntó aquella señora argentina que vio a la primera dama en bellos salones parisinos y se preocupa por adivinar quién será el próximo eliminado en la casa del Gran Hermano.

Es saludable que los ciudadanos nos preguntemos a qué viajan nuestros senadores (o diputados, o intendentes, o concejales) al exterior, en particular si lo hacen con abundantes recursos públicos.

Es difícil definir a qué viajó Cristina Kirchner. Se supone que fue a cimentar sus intenciones presidenciales, pero como el matrimonio Kirchner se maneja con los recursos y los medios de prensa como una verdadera pareja real, explican sólo lo que les conviene y ante los micrófonos que le convienen.

La senadora por la provincia de Buenos Aires dio detalles de su paseo por París a la revista "Debate", que la lee el cero coma cero coma cero por ciento de la población, pero igualmente cuenta con auspicios estatales. Según consignó el diario Perfil en su edición del domingo, "Debate", con la señora del presidente, hizo un culto a la "no pregunta". En otras palabras, la dejó hablar sin molestar con preguntas.

Cristina fue a sacarse fotos y a mostrar un puñado de nuevos modelitos dignos de la revista Caras; de eso no hay dudas. Posó junto a los candidatos presidenciales Ségolène Royal y Nicolás Sarkozy, se retrató con el primer ministro Dominique de Villepin, consiguió fotografiarse con jugadores de la Selección Nacional detrás de una camiseta con su nombre, y -afortunadamente, para justificar algo del gasto- participó de la Convención sobre Desapariciones Forzadas de Personas, donde comparó a la última dictadura con el holocausto.

¿Qué aporte tendrá para la provincia que representa su costoso viaje a París? Nadie lo responde. ¿Cuánto se dilapidó en su estadía si apenas trascendió que durmió en una suite que cobra 1.610 euros por día? Nadie lo responde. ¿Por qué las fotos de la senadora por el Frente Para la Victoria fueron tomadas por personal de Presidencia de la Nación? Nadie lo responde.

Cristina Kirchner, la esposa de Néstor Kirchner, aquellos que llegaron al poder de la Argentina con un discurso que destrozaba la frivolidad y la fiesta del menemismo. Cristina no gasta en Ferraris; ella es distinta. Colecciona zapatos, carteras y accesorios de lujo. Viva la diferencia.

Según un estudio de la consultora Equis dado en conocer esta semana -sobre la base de datos del INDEC- en el último trimestre de 2006 la pobreza en Argentina creció del 26,4 al 27,1% de la población.

Debido a la constante suba de los precios de la canasta básica, unas 268.400 personas que vivían al límite de la pobreza se sumaron a las filas de los carenciados.

Dentro de este rango se encuentran aquellos cuyos ingresos no llegan a 914 pesos mensuales, el mínimo necesario para que una familia tipo se provea de productos y servicios básicos, educación, salud y transporte.

Seguramente no estará a tono con los gustos y las necesidades de la senadora, de su esposo y de su séquito de obsecuentes rentados, pero sería más fructífero en el marco de la construcción de un país serio, que cambien las carteras de Louis Vuitton por botas de goma que le sirvan para recorrer los rincones del país golpeados por pobreza. Que en lugar de sonreír con dirigentes franceses, se tome con seriedad la realidad social del país que la depositó en una senaduría.

La senadora de un país en el que cerca del 30 por ciento de su población vive con las necesidades elementales insatisfechas, viaja al exterior para florear sus intenciones presidenciales y duerme en habitaciones que cuestan 1.610 euros por día. En París, en Jáuregui, en Avellaneda, o donde a usted se le ocurra, a eso se lo califica fácilmente: una vergüenza.

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