¿A qué fue Cristina Kirchner a Francia? La pregunta no sólo
circuló por los medios de prensa. También se lo preguntó aquella
señora argentina que vio a la primera dama en bellos salones
parisinos y se preocupa por adivinar quién será el próximo eliminado
en la casa del Gran Hermano.
Es saludable que los ciudadanos nos preguntemos a qué viajan
nuestros senadores (o diputados, o intendentes, o concejales) al
exterior, en particular si lo hacen con abundantes recursos
públicos.
Es difícil definir a qué viajó Cristina Kirchner. Se supone que
fue a cimentar sus intenciones presidenciales, pero como el
matrimonio Kirchner se maneja con los recursos y los medios de
prensa como una verdadera pareja real, explican sólo lo que les
conviene y ante los micrófonos que le convienen.
La senadora por la provincia de Buenos Aires dio detalles de su
paseo por París a la revista "Debate", que la lee el cero coma cero
coma cero por ciento de la población, pero igualmente cuenta con
auspicios estatales. Según consignó el diario Perfil en su edición
del domingo, "Debate", con la señora del presidente, hizo un culto a
la "no pregunta". En otras palabras, la dejó hablar sin molestar con
preguntas.
Cristina fue a sacarse fotos y a mostrar un puñado de nuevos
modelitos dignos de la revista Caras; de eso no hay dudas. Posó
junto a los candidatos presidenciales Ségolène Royal y Nicolás
Sarkozy, se retrató con el primer ministro Dominique de Villepin,
consiguió fotografiarse con jugadores de la Selección Nacional
detrás de una camiseta con su nombre, y -afortunadamente, para
justificar algo del gasto- participó de la Convención sobre
Desapariciones Forzadas de Personas, donde comparó a la última
dictadura con el holocausto.
¿Qué aporte tendrá para la provincia que representa su costoso
viaje a París? Nadie lo responde. ¿Cuánto se dilapidó en su estadía
si apenas trascendió que durmió en una suite que cobra 1.610 euros
por día? Nadie lo responde. ¿Por qué las fotos de la senadora por el
Frente Para la Victoria fueron tomadas por personal de Presidencia
de la Nación? Nadie lo responde.
Cristina Kirchner, la esposa de Néstor Kirchner, aquellos que
llegaron al poder de la Argentina con un discurso que destrozaba la
frivolidad y la fiesta del menemismo. Cristina no gasta en Ferraris;
ella es distinta. Colecciona zapatos, carteras y accesorios de lujo.
Viva la diferencia.
Según un estudio de la consultora Equis dado en conocer esta
semana -sobre la base de datos del INDEC- en el último trimestre de
2006 la pobreza en Argentina creció del 26,4 al 27,1% de la
población.
Debido a la constante suba de los precios de la canasta básica,
unas 268.400 personas que vivían al límite de la pobreza se sumaron
a las filas de los carenciados.
Dentro de este rango se encuentran aquellos cuyos ingresos no
llegan a 914 pesos mensuales, el mínimo necesario para que una
familia tipo se provea de productos y servicios básicos, educación,
salud y transporte.
Seguramente no estará a tono con los gustos y las necesidades de
la senadora, de su esposo y de su séquito de obsecuentes rentados,
pero sería más fructífero en el marco de la construcción de un país
serio, que cambien las carteras de Louis Vuitton por botas de goma
que le sirvan para recorrer los rincones del país golpeados por
pobreza. Que en lugar de sonreír con dirigentes franceses, se tome
con seriedad la realidad social del país que la depositó en una
senaduría.
La senadora de un país en el que cerca del 30 por ciento de su
población vive con las necesidades elementales insatisfechas, viaja
al exterior para florear sus intenciones presidenciales y duerme en
habitaciones que cuestan 1.610 euros por día. En París, en Jáuregui,
en Avellaneda, o donde a usted se le ocurra, a eso se lo califica
fácilmente: una vergüenza.