Escribe: Antonino Enrique Martínez
La principal novedad educativa en la provincia de
Buenos Aires es la conversión, en el ciclo lectivo a
iniciarse el 5 de marzo, de todos los séptimos años en
primeros años de la Escuela Secundaria con el agregado,
en contra turno, de dos módulos (dos horas reloj) de un
área, espacio curricular o asignatura denominada
CONSTRUCCIÓN CIUDADANA.
Comenzará a dictarse aproximadamente dos meses
después del comienzo de las clases porque en ese lapso
los docentes designados serán capacitados.
¿Y para qué debiera servir esta materia? Nada más ni
nada menos que para dialogar, discutir, conversar,
reflexionar, buscar información y leer sobre política.
Es notable la escasa formación política en nuestro
país y hasta parece mal visto que se hable seriamente de
temas políticos específicos con los alumnos porque se
confunde esta actividad con proselitismo partidario.
Quizás se deba a una inadecuada interpretación del
inciso c del artículo 6º del Estatuto del Docente de la
Provincia de Buenos Aires que señala, refiriéndose a las
obligaciones docentes: "Formar a los alumnos en las
normas éticas y sociales con absoluta prescindencia
partidaria y religiosa, en el amor y respeto a la patria
y en el conocimiento y respeto de la Constitución
Nacional y la Constitución Provincial". Obsérvese,
entonces, que la prohibición se refiere a los partidos
políticos y no a la política que es algo que nos afecta
a todos como se verá enseguida. Pero digamos, de paso,
que en las escuelas de gestión pública, en general, no
se respeta la prescindencia religiosa, porque muchas de
ellas tienen símbolos que hacen referencia a la Iglesia
Católica y nadie objeta formalmente esta violación de la
norma, lo cual demuestra que los usos, costumbres y
tradiciones pueden más que los reglamentos.
Desde luego que esto no corresponde para las privadas
confesionales.
Viene al caso recordar la conocida frase del famoso
dramaturgo inglés Bertold Bretch quien afirmó: "El peor
analfabeto es el analfabeto político. Él no ve, no
habla, no participa de los acontecimientos políticos. Él
no sabe que el costo de vida, el precio del poroto, del
pescado, de la harina, del alquiler, del calzado o del
remedio dependen de decisiones políticas.
"El analfabeto político es tan burro que se
enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la
política; no sabe que de su ignorancia política nacen la
prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor
de todos los bandidos: el político corrupto y lacayo de
las empresas nacionales y multinacionales".
Más que justificada está la incorporación de un
espacio destinado a construir ciudadanía, a formar
políticamente a los jóvenes.
Derecha, izquierda, capitalismo, Marx, plusvalía, y
tantos otros conceptos forman parte de una generalizada
nebulosa.
Un docente bien preparado puede ayudar a sus alumnos
a identificar en las noticias diarias actos o medidas de
los gobiernos de los distintos países su carácter
progresista o no progresista, la defensa auténtica de
los intereses nacionales o su solapada enajenación.
Formar ciudadanos es fortalecer la democracia, es
aprender a votar, a tomarse el compromiso de analizar la
situación antes de ingresar al cuarto oscuro y no dejar
todo librado al azar por desinterés y descreimiento. Y
esto ocurre en personas de buen nivel educativo, lo cual
indica que la escuela ha fallado en su capacitación
política.
El análisis de la realidad debe hacerse con la
correspondiente mesura y evitar las críticas
destructivas que caen en una suerte de nihilismo que lo
niega todo. El mensaje que decodifica el alumno es: nada
sirva, nada vale la pena.
Justamente se trata de construir ciudadanía, de
encontrar la forma de que cada alumno descubra en sí
mismo las herramientas que le permitan llegar a ser un
ciudadano. Un ciudadano consciente de su pequeñez como
individuo, pero también de la importancia de su opinión.
Pienso que, dado que esta materia formará parte
también de segundo y tercer año, podría tener, en
primero, como eje, el municipio, la patria chica, lo
cercano, cotidiano y palpable (el municipalismo como
cuna de la democracia sobre lo cual hay tanta
bibliografía); en segundo, el eje sería la provincia y
en tercero, la nación. Esto permitiría ir abarcando
problemas más complejos de acuerdo a la edad y madurez
de los alumnos.
La lectura de los periódicos locales, provinciales y
nacionales debe ser parte insoslayable de la actividad
de esta asignatura.
Drogadicción, alcoholismo, bulimia, anorexia, sida,
embarazos juveniles, contaminación ambiental,
catástrofes meteorológicas, casos de corrupción,
aflorarán, y el docente podrá ayudar a interpretarlos y
contextualizarlos.
Otro aspecto importante sería gravar determinados
programas de televisión, verlos con los alumnos y
comentarlos.
La participación de los ciudadanos en las cuestiones
de interés general es una necesidad y entre ellas está
la incorporación a los partidos políticos existentes o
la formación de nuevos para que se dé la imprescindible
renovación. Nada mejor entonces que preparar a los
jóvenes en las escuelas con el acompañamiento
responsable de las familias.
El dictado de CONSTRUCCIÓN CIUDADANA implicará un
gran riesgo y una gran responsabilidad para los
docentes, además de exigir una amplísima cultura
general, creatividad y compromiso.
Por su parte, las autoridades educativas deberán
estar dispuestas a aceptar la diversidad de enfoques y
quizás a enfrentarse a planteos y cuestionamientos no
siempre agradables. Porque basta una recorrida
medianamente inquisidora por una escuela para detectar
necesidades y falencias.
CONSTRUCCIÓN CIUDADANA será la Educación Democrática
de años atrás y deberá cumplir una función trascendente
en formar y preparar para ver la realidad objetivamente,
hacer propuestas y comprometerse.
Ojalá todos los responsables de este importante
desafío estén a la altura de las circunstancias.