Una
característica común guardan los gobernantes
que han sobrevivido a las exigencias de
cambio de la sociedad pos crisis 2001.
El uso de lo público como si fuera un
bien personal. Para algunos autores esta
conducta lleva el nombre de patrimonialismo.
Esto se traduce en la apropiación de lo
público por quien gobierna.
En la Argentina actual hasta forman un
partido político camuflado en una
concertación plural. Es el partido de los
que gobiernan.
Allí militan los Peronistas, los
Kirchneristas, unos cuantos Radicales,
vecinalistas y varios más.
En qué consiste el patrimonialismo; no se
trata de nada ilegal, ya que lo hacen en el
marco de la ley. Resumiendo:
-El uso del dinero público para las
campañas y el financiamiento de los aparatos
políticos.
-El canje de empleo, planes o programas a
cambio de votos en las elecciones y en lo
cotidiano sumisión al poder.
-El autoritarismo como ideología central
más allá de los discursos (la verdad es
siempre del que gobierna).
-La negación a transformar la realidad.
-El mantenimiento de la pobreza y su
incremento biológico. (Padres pobres, hijos
pobres).
Esto nos da un producto que conocemos en
cada uno de nuestros municipios; intendentes
reelectos eternamente, concejales
atornillados durante años, los punteros en
una administración pública de baja calidad.
Hacia arriba; legislaturas provinciales
donde nadie conoce a sus legisladores,
gobernadores que centralizan cada vez más su
poder hasta llegar a un presidente que da
las órdenes con la llave de la caja central.
Desde el poder central se descentralizan
partidas de programas sociales a las
provincias (léase las que se usan con los
pobres) y éstas a los municipios, atando el
de arriba al que le sigue y generando una
cadena de obediencia.
Si no hay seguimiento incondicional, no
se giran fondos y sin estos fondos no hay
posibilidad de poner en práctica los puntos
esenciales del patrimonialismo.
En el medio de la crisis social de fines
del 2001, muchos /as argentino/as de bien
creyeron que las asambleas barriales
permitirían mejorar la calidad de la
democracia.
Los hechos nos han demostrado que sólo
fue una respuesta espasmódica de nuestra
sociedad y que siguen siendo los partidos
políticos y los ámbitos institucionales los
que debemos mejorar.
¿Por dónde empezar frente a una tarea
titánica? Por el principio.
En primer término, debemos entender sin
ingenuidad, que la lucha por el poder exime
a los puros, pero no por ello deben ser la
regla general los impuros.
En segundo término, pensar y actuar en la
ciudad para mejorar la democracia, como
contracara de la idea de Municipalidad.
Cuando se habla de un sujeto de derechos,
hablamos de Ciudadanía. Nunca decimos
Municipalía o Estadanía.
¿Cómo puede el ciudadano contribuir?
-Participar y o interpelar a los partidos
políticos y a las organizaciones sociales (ONG's;
clubes, etc.).
-Informarse y mantener espíritu crítico
frente a la información estatal o de sus
medios de comunicación pagos.
-Comprender las diferencias sociales y
tratar de acercarlas con su par más cercano
-Fortalecer una cultura de diálogo
respetando las diferencias.
-Utilizar el espacio público para hacerse
escuchar y o hacer valer sus derechos.
El resto pasa por buscar otros u otras
que necesitan encontrar respuestas a
interrogantes parecidos para organizarse;
pero eso es otro cantar.
Jorge Alvarez