Sábado 24 de Febrero de 2007 - Año 92 - Edición 7259 - Edición digital 0559

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El patrimonialismo en lo público

Una característica común guardan los gobernantes que han sobrevivido a las exigencias de cambio de la sociedad pos crisis 2001.

El uso de lo público como si fuera un bien personal. Para algunos autores esta conducta lleva el nombre de patrimonialismo. Esto se traduce en la apropiación de lo público por quien gobierna.

En la Argentina actual hasta forman un partido político camuflado en una concertación plural. Es el partido de los que gobiernan.

Allí militan los Peronistas, los Kirchneristas, unos cuantos Radicales, vecinalistas y varios más.

En qué consiste el patrimonialismo; no se trata de nada ilegal, ya que lo hacen en el marco de la ley. Resumiendo:

-El uso del dinero público para las campañas y el financiamiento de los aparatos políticos.

-El canje de empleo, planes o programas a cambio de votos en las elecciones y en lo cotidiano sumisión al poder.

-El autoritarismo como ideología central más allá de los discursos (la verdad es siempre del que gobierna).

-La negación a transformar la realidad.

-El mantenimiento de la pobreza y su incremento biológico. (Padres pobres, hijos pobres).

Esto nos da un producto que conocemos en cada uno de nuestros municipios; intendentes reelectos eternamente, concejales atornillados durante años, los punteros en una administración pública de baja calidad.

Hacia arriba; legislaturas provinciales donde nadie conoce a sus legisladores, gobernadores que centralizan cada vez más su poder hasta llegar a un presidente que da las órdenes con la llave de la caja central.

Desde el poder central se descentralizan partidas de programas sociales a las provincias (léase las que se usan con los pobres) y éstas a los municipios, atando el de arriba al que le sigue y generando una cadena de obediencia.

Si no hay seguimiento incondicional, no se giran fondos y sin estos fondos no hay posibilidad de poner en práctica los puntos esenciales del patrimonialismo.

En el medio de la crisis social de fines del 2001, muchos /as argentino/as de bien creyeron que las asambleas barriales permitirían mejorar la calidad de la democracia.

Los hechos nos han demostrado que sólo fue una respuesta espasmódica de nuestra sociedad y que siguen siendo los partidos políticos y los ámbitos institucionales los que debemos mejorar.

¿Por dónde empezar frente a una tarea titánica? Por el principio.

En primer término, debemos entender sin ingenuidad, que la lucha por el poder exime a los puros, pero no por ello deben ser la regla general los impuros.

En segundo término, pensar y actuar en la ciudad para mejorar la democracia, como contracara de la idea de Municipalidad. Cuando se habla de un sujeto de derechos, hablamos de Ciudadanía. Nunca decimos Municipalía o Estadanía.

¿Cómo puede el ciudadano contribuir?

-Participar y o interpelar a los partidos políticos y a las organizaciones sociales (ONG's; clubes, etc.).

-Informarse y mantener espíritu crítico frente a la información estatal o de sus medios de comunicación pagos.

-Comprender las diferencias sociales y tratar de acercarlas con su par más cercano

-Fortalecer una cultura de diálogo respetando las diferencias.

-Utilizar el espacio público para hacerse escuchar y o hacer valer sus derechos.

El resto pasa por buscar otros u otras que necesitan encontrar respuestas a interrogantes parecidos para organizarse; pero eso es otro cantar.

Jorge Alvarez


Clínica Güemes

Señora directora, nos dirigimos a Ud. en relación con la carta de lectores publicada en la edición del 10/2/07 de ese semanario con el título "Reclamo hacia Clínica Güemes" y firmada por Marta Giovanetone, a fin de hacer saber a la opinión pública que el contenido de dicha carta no se ajusta a la verdad y que los juicios descalificatorios contenidos en ella no se basan en hechos veraces, motivos por los cuales, hemos de promover contra la firmante las acciones civiles y criminales que nos pudieran corresponder.

Dr. José Ricardo Prina

Presidente Directorio

Clínica Güemes S.A.

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