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Reclamando
justicia
Hoy miércoles 18
de julio se cumplirán 13 años del atentado
contra la sede de la AMIA, que puso fin a 85
vidas humanas.
En aquel
viejo edificio recibí, con mucho orgullo y
emoción, el 2º premio del Concurso Nacional
de Letras organizado por la AMIA, género
cuento, temática judaica, en el año 1987. El
jurado había estado integrado por Marcos
Aguinis, Bernardo Kordon, Silvia Plager,
Sinja Snéh y Oscar Hermes Villordo.
Aunque no soy
judía, desde pequeña me sentí conmovida por
la historia del pueblo judío, su
sufrimiento, la discriminación y el odio que
debieron sobrellevar a lo largo de la
historia humana, incluso en nuestro país
aunque muchos no quieran reconocerlo. Cuando
me enteré de este certamen, visité la sede
de la calle Pasteur para preguntar si, a
pesar de no pertenecer a la colectividad,
podía presentar mis cuentos. Me atendieron
con la mayor deferencia y se me informó que
podía hacerlo, que la única condición era
que los cuentos fueran de temática judaica.
Entonces
llevé mis cuentos: "Samuel y el cielo" y "La
Estrella de David". Ambos resultaron
finalistas, pero el voto del jurado
masculino se volcó por "Samuel y el Cielo",
que recibió el 2º premio. Consistía en una
importante suma de dinero, al igual que el
primer premio, que, curiosamente, también
fue otorgado a una escritora no judía. El
acto se desarrolló en el salón cultural.
Y el 18 de
julio de 1994, cuando escuché por la radio
la noticia del atentado y luego vi las
dolorosas imágenes de la destrucción y la
muerte que los desalmados terroristas habían
ocasionado, mi alma se hundió, se arrugó, se
hizo mil pedazos por el sufrimiento que cada
18 de julio se renueva en el acto que por la
memoria se realiza frente a la ahora nueva
sede de la AMIA.
El judaísmo,
que sobrellevó siglos de persecución y odio,
que como el Ave Fénix levantó sus alas para
salir volando luego del genocidio nazi,
continúa levantando el estandarte de la
cultura, de la fe, del valor y de la
entereza ante la desgracia. Hoy, como aquel
aciago día de hace 13 años, seguimos
reclamando algo que en la Argentina continúa
siendo una palabra más para buscar en el
diccionario: JUSTICIA.
Porque los
responsables de la destrucción y la muerte
desatadas el 18 de julio de 1994 continúan
IMPUNES. Y este 18 de julio, como entonces,
mi corazón sigue acompañando a la
colectividad judía y a todos los seres que
aún aman la justicia en este amargo
aniversario.
María Eva
Prestes
Caro, pero
¿el mejor?
Tengo el
agrado de dirigirme a ustedes a fin de
solicitarles si fuera posible la publicación
de un artículo referente a algo increíble
pero verdadero, que me ha ocurrido en el
Hotel Resort de Campo & Polo de la localidad
de Open Door, ruta 6 y Río Luján.
Soy una
argentina que reside en Francia desde hace
muchos años, y con cierta frecuencia visito
nuestro país, pero en esta oportunidad el
motivo fue la enfermedad de un familiar.
Como en otras
oportunidades -antes Howard Johnson, hoy
Resort de Campo & Polo- me he alojado en ese
hotel y, lamentablemente, habiendo arribado
el pasado 20 de mayo, tuve que sufrir la
falta de calefacción durante tres días, sin
explicaciones concretas ante mis reclamos. Y
como consecuencia debí ser asistida por
Eme24 Emergencias Médicas, de la ciudad de
Luján, y por Europ Assistance de la ciudad
de Pilar, en la Clínica San Marcos.
Actualmente
no estoy totalmente restablecida y soy
tratada por el Dr. Nicolás Garrige, médico
del Consulado General de Francia en Buenos
Aires.
En
definitiva, deseo destacar el mal
funcionamiento de la empresa Resort de Campo
& Polo.
Como ejemplo
puedo citar que, a raíz del cambio horario
(Francia-Argentina) las noches me pueden
parecer día (o viceversa), lo que ante mi
sonambulismo pude confirmar que la persona
que se supone a cargo de la guardia se
encierra en las oficinas, duerme y
desconecta los teléfonos, y no tiene
conocimiento ni de cómo enviar un fax.
También,
considero que la vajilla del hotel no está
higienizada de acuerdo a las normas de las
leyes vigentes. Y, como anécdota, puedo
comentar que en el gran restaurante del
hotel me han negado la comida: "empanadas",
alegando que éstas eran para los clientes y
que estaban contadas. ¿Acaso yo no estaba
alojada allí o ante tantas irregularidades
no me habían registrado? Aunque al momento
de pagar la estadía tuvieron en claro que yo
existía.
A todo esto,
obviamente, solicité el Libro de Quejas,
teniendo una negativa por respuesta.
Entonces decidí partir.
Como último
recurso, dejé constancia ante la Dirección
de Turismo y la Dirección de Defensa al
Consumidor y Fiscalización de Concesionarios
de la ciudad Luján, de todas estas
irregularidades.
Asimismo, he
notificado a los Ministerios de Turismo de
la República Argentina y de la ciudad de La
Plata de estos graves incidentes que
deshonran al país.
(Adjunto a la
presente fotocopia del expediente de la
Municipalidad de Luján y certificados
médicos).
Lucrecia
María Beatriz Kellermann |