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El periodismo y la reacción
Mal que le pese al gobierno nacional,
tan poco propenso a comprender y respetar el trabajo del periodismo,
fue gracias a una investigación periodística que se conoció el caso
de la bolsa de dinero que Felisa Miceli guardaba en el baño de su
despacho.
Una nota firmada por el periodista
Jorge Lanata en el diario Perfil, a la que con el correr de los días
se le fueron agregando datos desde otros espacios de prensa, disparó
el tema. Al otro día, el vocero de la hoy ex ministra negaba la
situación.
Cuando desde el gobierno notaron que
la información era cierta, la estrategia fue minimizar el impacto.
Primero se dijo que había una bolsa, pero con menos dinero que el
difundido. Después se aseguró que la ministra daría las
explicaciones del caso.
Llegó el día en que Miceli dio su
versión de los hechos, ante periodistas y medios elegidos a dedo.
Habló de plata que su hermano le había prestado para realizar una
operación inmobiliaria y dijo que, en todo caso, “había cometido un
error” en la elección del escondite.
Sin embargo, fue el periodismo el que
fue volteando todas y cada unas de las mentiras que se pronunciaban
desde las más altas esferas del gobierno.
Es que nada de lo explicado por
Miceli y sus laderos y defensores respondía a una lógica. No se
entendía porqué la ministra de Economía tenía que esconder plata en
el ropero de un baño. ¿Justo ella esquivando las transacciones
bancarias?
Tampoco se entendía cómo había
llegado a su poder un fajo termosellado del Banco Central, que no
intercambia fondos con particulares.
En sus registros y en su entorno,
nada se sabía de una operación inmobiliaria, que fue la floja
justificación que esbozó la funcionaria. Y, en todo caso, no está
permitido comprar o vender por montos como los encontrados en el
escusado ministerial.
Fue la información periodística la
que fue trazando el mapa en el que ahora camina la Justicia, en
particular mediante las acciones encabezadas por el fiscal federal
Guillermo Marijuán.
Aparecieron otros familiares de
Miceli; apareció y desapareció el acta en la que constaba el
hallazgo del dinero; apareció la noticia del despido e inmediata
reincorporación de los custodios de la ministra; apareció el apoyo
del presidente de la Nación y del jefe de Gabinete; apareció una
financiera y, por último, la citación a indagatoria resuelta por el
fiscal.
Miceli, una de las caras más visibles
del gobierno que se vende como “distinto”, “transparente”,
“honesto”, “progresista”, está siendo investigada por ocultar dinero
proveniente de un posible hecho irregular, haber “sustraído” y
retenido el documento original del acta policial que dio cuenta del
hallazgo de la plata y haber ordenado a sus custodios retirar ese
documento del Departamento de Policía.
A Miceli no le quedó otro camino que
la renuncia. Un camino que se inició con una investigación
periodística. Quién es su reemplazante; qué protagonismo tuvieron en
la decisión el presidente y su esposa; y hasta cuál fue realmente el
monto escondido, se ubican en un plano secundario.
Como reacción a una verdad
irrefutable emanada del periodismo, a la que oficialmente sólo
tratan de encontrarle matices, se empujó la renuncia de la ministra
de Economía.
En Luján hace meses que se
denunciaron manejos incorrectos dentro de la Municipalidad en la
custodia de lotes. Se informó, entre muchas otras cosas, que la
responsable del área de Tierras y Vivienda había sido notificada de
una presunta estafa y que tardó un año en denunciar públicamente la
situación.
La causa –como en el caso de Miceli-
se tramita en la Justicia y la funcionaria ya fue citada a
indagatoria –también como Miceli. Sin embargo, en el gobierno local
quieren parecerse a la gestión de Kirchner pero sólo para la
propaganda. Acá, cuando el periodismo denuncia, el gobierno apaña.
Lo hizo con la directora de Tierras;
lo hizo con el concejal Rubén Leopardi y la denuncia periodística de
vuelcos clandestinos; y lo hizo con la vergonzosa noche de violencia
protagonizada en el Concejo por el director de Servicios Públicos
Enrique Peñalba.
“Todos con Kirchner”, pero hasta ahí
nomás.
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