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Una tragedia en Ruta 192 que pudo
haberse evitado
Chocó, se bajó del
auto, cayó a un arroyo y murió ahogado

EXTREMO PELIGRO: niebla,
humo, calzada en mal estado, angosta, sin marcar y carente de
iluminación. Así es la Ruta 192.
La niebla, el humo del Basural
Municipal, el estado de la ruta, la altura del guard rail y la falta
de barandas propiciaron la muerte de un vecino que había bajado de
su auto luego de un choque menor.
El Estado es el principal
responsable de un accidente que nunca debió suceder.
Miguel Angel Díaz, un vecino de esta
ciudad de 53 años, murió ahogado en las aguas del arroyo El Hara
tras caer del puente de Ruta Provincial 192 segundos después de
haber participado de un triple choque del cual salió prácticamente
ileso. Una tragedia con estas características no registra
antecedente en Luján y resulta difícil de recordar un caso similar
en todo el país.
Sin dudas, una serie de factores
-muchos de ellos evitables- sumado al destino y la fatalidad
confluyeron en la increíble como absurda muerte de Díaz.
Todo sucedió el miércoles cuando a
las 2 de la madrugada ocurrió un triple choque en la Ruta 192 que
aparentaba no tener mayores consecuencias que los daños ocasionados
a los vehículos involucrados. La colisión fue justo en el sector del
puente del arroyo El Hara.
A esa hora, la niebla era tan densa
que no se veía más allá de un metro de distancia. Como ocurre a
menudo, no se descarta que el humo proveniente del Basural Municipal
ayudó a que la visibilidad se redujera al mínimo posible. A todo
esto, debe contemplarse también que la cinta asfáltica nuevamente no
está demarcada como corresponde ya que casi no quedan rastros de la
pintura refractante alertando los límites de la calzada y la doble
línea media en amarillo flúo.
Tampoco es óptimo el estado que
presenta el camino. A su vez, a la altura del puente la ruta se
estrecha aún más, este tramo no está iluminado y los guard rails
-que hacen las veces de barandas- tienen una altura que no superan
los 50 centímetros.
Zona habitual de accidentes, en la
gélida noche del miércoles un Renault 19 que circulaba en sentido a
Open Door aminoró la velocidad al ingresar al sector de neblina.
Detrás, circulaba una Peugeot modelo Partner que no pudo evitar
chocarlo y un Renault Clío conducido por Díaz que impactó contra el
utilitario. Por el estado que quedaron los autos, se deduce que
ninguno iba a alta velocidad.
Hasta aquí nada de otro mundo. Sin
embargo, el accidente empezó a convertirse en un extraño como
misterioso episodio que depararía el final menos pensado cuando
ocupantes de la Partner y del Renault 19 no pudieron encontrar entre
la espesa niebla al conductor del Clío. La intención era
intercambiar los datos de las compañías aseguradoras que debían
intervenir en el hecho ya que no era necesaria la presencia policial
en el lugar al no haber personas heridas y los daños de los
vehículos no revestían mayor importancia.
Ante esto llamaron a la Policía que
procedió a ordenar el tránsito mientras que Bomberos Voluntarios
enviaban señales con bengalas para alertar el peligro que encerraba
la zona. “La neblina era muy espesa y no se veía a un metro de
distancia. El personal dijo que era una neblina blanca aunque pudo
haber humo. Los bomberos tuvieron que dar la vuelta por Ruta 6 y por
Gaona para regresar a Luján porque no se veía nada”, explicó el
capitán Sergio Fiore.
MÚLTIPLES HIPÓTESIS
A medida que transcurrían los
minutos, el paradero del conductor del Clío era pura incertidumbre.
Hasta cerca de las 15.30 en que un joven llamado Mariano Díaz se
presentó en la Comisaría Primera buscando a su padre y dijo ser hijo
del propietario del Clío, nadie sabía nada acerca de la persona que
manejaba uno de los autos que participó del triple choque.
Durante ese lapso, la Policía al
igual que los involucrados en la colisión fueron descartando
múltiples hipótesis sobre lo que pudo suceder minutos después del
choque. En un principio, estimaron que la persona que faltaba habría
sufrido un fuerte golpe en la cabeza que le provocó pérdida de
conocimiento y huyó del accidente o que el conductor sería en
realidad un delincuente que eligió darse a la fuga tras chocar un
auto robado.
Presumió la Policía que el conductor
del Clío pudo ser secuestrado para robarle una suma de dinero que
podía tener en su poder en ese momento o que esta persona había
caminado hasta Luján para buscar un remolque y nunca más regresó.
Por esas horas, los investigadores
estaban tan desorientados que hasta llegaron a dudar de las
declaraciones efectuadas por los ocupantes que iban en la Partner y
el R19, a tal punto que en el transcurrir de esa tarde volvieron a
localizarlos (eran de Campana y de Luján respectivamente) para que
rectifiquen o ratifiquen sus dichos.
Pero al menos la Policía ya tenía
conocimiento acerca de quién era el conductor de Clío. Ahora,
restaba encontrarlo, al tiempo que la Fiscalía 6 abría una causa por
“Averiguación de paradero”.
Descartadas casi todas las hipótesis,
cerca de la medianoche los capitanes Abel Moussompes y Fiore junto
con el jefe del Servicio Externo, teniente Gabriel Chamorro,
decidieron ir a la zona del accidente y buscar el cuerpo de Díaz en
el arroyo El Hara. “Fue una intuición porque presumimos que la ruta,
en virtud de estar tan destruida, la emparcharon al arreglarla y va
subiendo mientras que el guard rail está cada vez más abajo.
Pensábamos que el hombre se había tropezado. Era una hipótesis muy
agarrada de los pelos”, reconoció Fiore a EL CIVISMO.
CAMBIO DE CARÁTULA
Lo que parecía menos probable que
sucediera, finalmente pasó: el cuerpo de Miguel Angel Díaz estaba
semi sumergido y boca abajo en el curso de agua que no tiene más de
30 centímetros de profundidad. En una mano aún tenía la linterna que
poco pudo usar tras descender del Clío en medio de la niebla.
Se cree que Díaz bajó del auto y en
lugar de caminar por la mano contraria por temor a ser embestido, se
aproximó al guard rail, tropezó con la protección metálica, perdió
el equilibrio y cayó al arroyó desde una altura aproximada a los 6
metros, sin poder llegar a pedir auxilio.
Salvo un corte menor en la frente
-posiblemente como consecuencia de dar la cabeza contra el
parabrisa-, el cuerpo de Díaz no tuvo otras lesiones producto del
choque. La autopsia confirmará si murió por inmersión, como presume
la Policía.
La caída fue letal. La víctima
presentaba fractura de tabique y de una costilla que le perforó un
pulmón. Probablemente inconsciente, Miguel Díaz falleció a raíz de
los golpes, por una hipotermia -a esa hora la sensación térmica era
bajo cero- y por haber aspirado agua del arroyo. Ante el hallazgo
del cuerpo, la Fiscalía 6 recaratuló la causa como: “Averiguación de
causales de muerte”.
Obras urgentes que nunca llegan
La muerte de Miguel Angel Díaz pudo
haberse evitado si los gobiernos municipal y provincial en lugar de
anuncios y promesas eternas hubiesen realizado las obras que se
piden desde hace años y se terminara de una vez y para siempre con
el inconcebible basural a cielo abierto, factor preponderante de
tragedias como la de este miércoles a la madrugada.
El triple choque fue el enésimo
accidente que ocurre en la 192 por culpa de una ruta en mal estado,
peligrosa por donde se la transite y encima con bancos de niebla
alimentados por el humo de “La Quema” que la hacen una trampa
mortal.
Se cansaron los vecinos de reclamar y
hasta hace pocas semanas nuevamente los bloques de la Unión Vecinal
y PJ pidieron por obras urgentes ante la posibilidad latente de que
sucediera lo que finalmente ocurrió.
Pero como estamos en épocas de
elecciones, el gobierno salió al cruce con un anunció que, a esta
altura, cuesta creer: hace una semana aseguró el ministro de Obras y
Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires y vecino de esta
ciudad, Eduardo Sícaro, que “quedaron destrabados los fondos del
Banco Mundial para la realización de tareas de repavimentación en la
Ruta 192” y el acceso a Carlos Keen. El llamado a licitación de
producirá dentro de los próximos 60 días según le informó Sícaro al
intendente Prince durante un encuentro que mantuvieron por esos
días.
Sólo dolor
Miguel Angel Díaz había sufrido en
2005 la muerte de su hija Valeria, casualmente en un accidente de
tránsito cuando fue atropellada en la Ruta 5 en el barrio Loreto.
Al dolor irreparable que le produjo
este hecho, debe contabilizarse la muerte de su madre hace un año.
Además, hace 6 meses atrás su hijo Mariano fue baleado por
delincuentes cuando se encontraba en un comercio de la ciudad de
Pilar.
EPIGRAFE:
CHOQUE MENOR: los daños en el Clío no
causaron la muerte de su conductor.
DEBAJO DEL PUENTE: el cuerpo de
Miguel Ángel Díaz cayó al arroyo desde una altura aproximada a los 6
metros.
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