Sábado 2 de Junio de 2007 - Año 92 - Edición 7285 - Edición digital 0585

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Una tragedia en Ruta 192 que pudo haberse evitado

Chocó, se bajó del auto, cayó a un arroyo y murió ahogado


EXTREMO PELIGRO: niebla, humo, calzada en mal estado, angosta, sin marcar y carente de iluminación. Así es la Ruta 192.

La niebla, el humo del Basural Municipal, el estado de la ruta, la altura del guard rail y la falta de barandas propiciaron la muerte de un vecino que había bajado de su auto luego de un choque menor.

El Estado es el principal responsable de un accidente que nunca debió suceder.

Miguel Angel Díaz, un vecino de esta ciudad de 53 años, murió ahogado en las aguas del arroyo El Hara tras caer del puente de Ruta Provincial 192 segundos después de haber participado de un triple choque del cual salió prácticamente ileso. Una tragedia con estas características no registra antecedente en Luján y resulta difícil de recordar un caso similar en todo el país.

Sin dudas, una serie de factores -muchos de ellos evitables- sumado al destino y la fatalidad confluyeron en la increíble como absurda muerte de Díaz.

Todo sucedió el miércoles cuando a las 2 de la madrugada ocurrió un triple choque en la Ruta 192 que aparentaba no tener mayores consecuencias que los daños ocasionados a los vehículos involucrados. La colisión fue justo en el sector del puente del arroyo El Hara.

A esa hora, la niebla era tan densa que no se veía más allá de un metro de distancia. Como ocurre a menudo, no se descarta que el humo proveniente del Basural Municipal ayudó a que la visibilidad se redujera al mínimo posible. A todo esto, debe contemplarse también que la cinta asfáltica nuevamente no está demarcada como corresponde ya que casi no quedan rastros de la pintura refractante alertando los límites de la calzada y la doble línea media en amarillo flúo.

Tampoco es óptimo el estado que presenta el camino. A su vez, a la altura del puente la ruta se estrecha aún más, este tramo no está iluminado y los guard rails -que hacen las veces de barandas- tienen una altura que no superan los 50 centímetros.

Zona habitual de accidentes, en la gélida noche del miércoles un Renault 19 que circulaba en sentido a Open Door aminoró la velocidad al ingresar al sector de neblina. Detrás, circulaba una Peugeot modelo Partner que no pudo evitar chocarlo y un Renault Clío conducido por Díaz que impactó contra el utilitario. Por el estado que quedaron los autos, se deduce que ninguno iba a alta velocidad.

Hasta aquí nada de otro mundo. Sin embargo, el accidente empezó a convertirse en un extraño como misterioso episodio que depararía el final menos pensado cuando ocupantes de la Partner y del Renault 19 no pudieron encontrar entre la espesa niebla al conductor del Clío. La intención era intercambiar los datos de las compañías aseguradoras que debían intervenir en el hecho ya que no era necesaria la presencia policial en el lugar al no haber personas heridas y los daños de los vehículos no revestían mayor importancia.

Ante esto llamaron a la Policía que procedió a ordenar el tránsito mientras que Bomberos Voluntarios enviaban señales con bengalas para alertar el peligro que encerraba la zona. “La neblina era muy espesa y no se veía a un metro de distancia. El personal dijo que era una neblina blanca aunque pudo haber humo. Los bomberos tuvieron que dar la vuelta por Ruta 6 y por Gaona para regresar a Luján porque no se veía nada”, explicó el capitán Sergio Fiore.

MÚLTIPLES HIPÓTESIS

A medida que transcurrían los minutos, el paradero del conductor del Clío era pura incertidumbre. Hasta cerca de las 15.30 en que un joven llamado Mariano Díaz se presentó en la Comisaría Primera buscando a su padre y dijo ser hijo del propietario del Clío, nadie sabía nada acerca de la persona que manejaba uno de los autos que participó del triple choque.

Durante ese lapso, la Policía al igual que los involucrados en la colisión fueron descartando múltiples hipótesis sobre lo que pudo suceder minutos después del choque. En un principio, estimaron que la persona que faltaba habría sufrido un fuerte golpe en la cabeza que le provocó pérdida de conocimiento y huyó del accidente o que el conductor sería en realidad un delincuente que eligió darse a la fuga tras chocar un auto robado.

Presumió la Policía que el conductor del Clío pudo ser secuestrado para robarle una suma de dinero que podía tener en su poder en ese momento o que esta persona había caminado hasta Luján para buscar un remolque y nunca más regresó.

Por esas horas, los investigadores estaban tan desorientados que hasta llegaron a dudar de las declaraciones efectuadas por los ocupantes que iban en la Partner y el R19, a tal punto que en el transcurrir de esa tarde volvieron a localizarlos (eran de Campana y de Luján respectivamente) para que rectifiquen o ratifiquen sus dichos.

Pero al menos la Policía ya tenía conocimiento acerca de quién era el conductor de Clío. Ahora, restaba encontrarlo, al tiempo que la Fiscalía 6 abría una causa por “Averiguación de paradero”.

Descartadas casi todas las hipótesis, cerca de la medianoche los capitanes Abel Moussompes y Fiore junto con el jefe del Servicio Externo, teniente Gabriel Chamorro, decidieron ir a la zona del accidente y buscar el cuerpo de Díaz en el arroyo El Hara. “Fue una intuición porque presumimos que la ruta, en virtud de estar tan destruida, la emparcharon al arreglarla y va subiendo mientras que el guard rail está cada vez más abajo. Pensábamos que el hombre se había tropezado. Era una hipótesis muy agarrada de los pelos”, reconoció Fiore a EL CIVISMO.

CAMBIO DE CARÁTULA

Lo que parecía menos probable que sucediera, finalmente pasó: el cuerpo de Miguel Angel Díaz estaba semi sumergido y boca abajo en el curso de agua que no tiene más de 30 centímetros de profundidad. En una mano aún tenía la linterna que poco pudo usar tras descender del Clío en medio de la niebla.

Se cree que Díaz bajó del auto y en lugar de caminar por la mano contraria por temor a ser embestido, se aproximó al guard rail, tropezó con la protección metálica, perdió el equilibrio y cayó al arroyó desde una altura aproximada a los 6 metros, sin poder llegar a pedir auxilio.

Salvo un corte menor en la frente -posiblemente como consecuencia de dar la cabeza contra el parabrisa-, el cuerpo de Díaz no tuvo otras lesiones producto del choque. La autopsia confirmará si murió por inmersión, como presume la Policía.

La caída fue letal. La víctima presentaba fractura de tabique y de una costilla que le perforó un pulmón. Probablemente inconsciente, Miguel Díaz falleció a raíz de los golpes, por una hipotermia -a esa hora la sensación térmica era bajo cero- y por haber aspirado agua del arroyo. Ante el hallazgo del cuerpo, la Fiscalía 6 recaratuló la causa como: “Averiguación de causales de muerte”.

Obras urgentes que nunca llegan

La muerte de Miguel Angel Díaz pudo haberse evitado si los gobiernos municipal y provincial en lugar de anuncios y promesas eternas hubiesen realizado las obras que se piden desde hace años y se terminara de una vez y para siempre con el inconcebible basural a cielo abierto, factor preponderante de tragedias como la de este miércoles a la madrugada.

El triple choque fue el enésimo accidente que ocurre en la 192 por culpa de una ruta en mal estado, peligrosa por donde se la transite y encima con bancos de niebla alimentados por el humo de “La Quema” que la hacen una trampa mortal.

Se cansaron los vecinos de reclamar y hasta hace pocas semanas nuevamente los bloques de la Unión Vecinal y PJ pidieron por obras urgentes ante la posibilidad latente de que sucediera lo que finalmente ocurrió.

Pero como estamos en épocas de elecciones, el gobierno salió al cruce con un anunció que, a esta altura, cuesta creer: hace una semana aseguró el ministro de Obras y Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires y vecino de esta ciudad, Eduardo Sícaro, que “quedaron destrabados los fondos del Banco Mundial para la realización de tareas de repavimentación en la Ruta 192” y el acceso a Carlos Keen. El llamado a licitación de producirá dentro de los próximos 60 días según le informó Sícaro al intendente Prince durante un encuentro que mantuvieron por esos días.

Sólo dolor

Miguel Angel Díaz había sufrido en 2005 la muerte de su hija Valeria, casualmente en un accidente de tránsito cuando fue atropellada en la Ruta 5 en el barrio Loreto.

Al dolor irreparable que le produjo este hecho, debe contabilizarse la muerte de su madre hace un año. Además, hace 6 meses atrás su hijo Mariano fue baleado por delincuentes cuando se encontraba en un comercio de la ciudad de Pilar.

 

EPIGRAFE:

CHOQUE MENOR: los daños en el Clío no causaron la muerte de su conductor.

 

DEBAJO DEL PUENTE: el cuerpo de Miguel Ángel Díaz cayó al arroyo desde una altura aproximada a los 6 metros.