Sábado 2 de Junio de 2007 - Año 92 - Edición 7285 - Edición digital 0585

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Gracias

Este escrito tiene el fin de agradecer, por este medio, a todas las personas que se acercaron para despedir a mamá, y que, de diferentes formas, pudieron estar junto a ella recordándola, aunque se enteraran tardíamente de su fallecimiento. A todos, los que con sus palabras, sus e-mails o llamados telefónicos, me hicieron saber lo especial que fue mi mamá en la vida de cada uno de ustedes, quienes la recordaban por sus valores y actitud franca, en su profesión, sus amistades, sus visitas por teléfono, sus consejos, o sus regalos por carta; dejando entrever su personalidad fuerte y luchadora, verdadera y honesta... y que realmente, su muerte silenciosa, suave, su despedida tranquila, no podría nunca opacar el torbellino de mujer que ella fue a lo largo de su vida.

Tengo la desdicha de no tener más junto a mí, a ninguno de los dos. Pero sintiendo el orgullo de saber que me dejaron un legado extraordinario: percibir que ambos fueron personas de bien, que cosecharon amistades, que fueron respetuosos y respetados, con un prestigio profesional intachable, que apoyaron proyectos en la comunidad brindando siempre sus conocimientos, que obraron de forma correcta, y que esa herencia que me dejan me convierte en una persona rica, pues llevaré dentro mío todas sus enseñanzas como el tesoro más preciado. Por eso, muchas gracias a toda la sociedad de Luján por acercarme sus condolencias.

Quiero destacar también aquí, la gran diferencia que fue la excelente atención médica hacia mi madre, con todo lo horroroso e inhumano que vivió en sus últimos días mi papá.

Mi mamá fue atendida en el Hospital Universitario Austral.

Todo los pasos que se hicieron eran consultados previamente con nosotros. Todas las esperanzas tenían fundamento. Todo aquello en lo que existiera duda se dialogaba en tiempo y forma entre médicos y familiares. Nada quedó librado al azar. Todo era en beneficio de la paciente. Compruebo de esta forma que existen profesionales que se brindan a nosotros con toda su humildad y comprensión.

No hubo mentiras. No hubo nada oculto. No hubo abandono de persona. No hubo falsas expectativas. No hubo mal trato. No hubo soberbias. No hubo presión por parte de ellos. No la tenían prisionera de las consecuencias... como sí le ocurrió a papá.

Todo lo contrario. Los médicos del HOSPITAL AUSTRAL fueron francos, honestos, ejemplares en el trato, educados, increíblemente cariñosos con ella, preocupados hasta el último minuto para que nosotros, sus hijos, estuviésemos conformes y bien informados.

En verdad, no tengo más que palabras de agradecimiento para todo el personal del HOSPITAL UNIVERSITARIO AUSTRAL.

Qué diferencia: recién ahora me doy cuenta del gran contraste entre una muerte traumática y un duelo normal. Ahora comprendo que, como hija, puedo despedirla como se merece, tranquila, recordándola con calma y no sufriendo como aún lo sigo haciendo por papá.

Luego de toda la adversidad vivida por mi padre, en ese espantoso lugar, donde sólo les interesa el lucro, y que, a pesar de que eran amigos, NUNCA fueron honestos, ni éticos, tapando sus negligencias y buscando “aliados” para que cubran todas las atrocidades que cometen, (amerita que sepan que esta realidad no cambia nada, sino que voy a continuar con el juicio en su contra hasta las últimas consecuencias, pues no comulgo con inmorales).

Verdaderamente, me pareció que era mi deber contarles la brillante atención recibida en el Hospital Austral, pues fue una bendición encontrar paz entre un equipo médico como el que atendió a mi madre, y poder vivir la armonía con la que ella se sentía contenida por PROFESIONALES MÉDICOS de verdad, con vocación altruista que prestigian con nobleza su labor.

Seguramente, ahora Miguel y Susana Golía estarán juntos otra vez, tratando de descansar en paz, que es en definitiva, lo que ambos anhelaban.

María Rosa Golía


La irresistible tentación de vivir

Me resulta extraño que el natural dolor que provoca la muerte de una amiga, me ponga en este caso por delante el exultante espectáculo de la vida con su variada riqueza de afectos y sensaciones. Este doble y contradictorio sentimiento se ha suscitado en mí al conocer el fallecimiento de Susana, no por casualidad acaecido, como no podía ser de otro modo, en domingo, un día por contraste destinado a las celebraciones.

Guardo de ella en mi retina la fuerte imagen de sus años de plenitud. Franca, directa en sus palabras y severa en sus juicios hasta parecer a veces dura, atemperaba esos rasgos con su jovial extraversión y el buen humor de sus ingeniosas ocurrencias. Era un torbellino de vida -quizás la procesión iba por dentro- cuya erupción terminaba uno por comprender cuando descubría detrás de todo eso su apasionado compromiso con lo que, sin dobleces, ella creía verdadero y justo.

Coincidimos como alumnos en aquella inigualable Escuela Normal de los años de 1940, ésa cuyo añorado perfil sólo se refugia y se anima todavía en la vieja memoria de unos pocos. Más tarde, las actividades culturales de la peña juvenil “La Media Caña” y el folklore me unieron más a Susana y al entonces su novio y después esposo para toda la vida, el inolvidable Miguel Ángel Golía. Allí la vi en otra faceta de su personalidad: el fino y elegante sentido para la música y el baile.

Así como en los comienzos del siglo pasado mujeres como Adelina De María y Adela Luchetti, entre otras, comenzaron a asumir, fuera del hogar, especialmente en la docencia, funciones públicas, a Susana posteriormente le tocó un papel parecido: estuvo entre las primeras lujanense que accedieron con su título de escribana a las profesiones liberales.

¡Con qué gracia narraba las peripecias de sus legendarios viajes a la lejana Santa Fe donde hizo sus estudios!

Pero el mejor conocimiento y estima entre nosotros derivó de nuestra común vocación por la docencia. Susana ejerció casi toda su actividad docente en la Escuela Normal, donde demostró por años su enorme capacidad, como consejera de curso, para una perfecta relación con sus alumnos, que la han distinguido siempre con respetuoso cariño; también sobresalió allí por su poco común habilidad virginiana para la organización de tareas grupales con los alumnos: han quedado indelebles en la memoria colectiva sus trabajos organizativos en las famosas farándulas estudiantiles de otrora.

Amante esposa, madre ejemplar, maestra de juventudes, profesional honesta y eficaz, su muerte para mí es un episodio circunstancial, felizmente eclipsado por el precioso desborde de la vitalidad de su existencia. Abro el ancho camino hacia mi corazón para que por él se inunde con la restallante e incontenible marea, vencedora de la muerte, de su entrega inclaudicable por la vida.

Profesor Oscar Darío Guazzaroni, amigo y colega


Susana de Golía

Cuando te jubilaste a principios de los años 90 en la Escuela Normal se notó mucho tu ausencia.

Entre los tantos motivos para extrañarte, hubo dos que no se podían suplantar: ante todo tu carcajada incomparable, resonante, cristalina, que llenaba los oídos sin dañarlos, provocando sí con su sonido el tañido de las campanas "llamando a misa de once" como reza aquel tango de nuestra juventud.

Tus enojos, pocos, que se traducían en palabras graciosas que no dolían porque eran frontales, mezcladas con las "malas palabras" que no solías escasear. Pero ante todo, en esa escuela que nos vio transitarla como alumnas primero y después como personal de la casa, no volvieron a repetirse los magníficos eventos llevados a cabo a lo largo de muchos años mediante tu disposición y espíritu para organizarlos.

Las cenas anuales en la escuela repleta de ex-alumnos de todas las promociones y de los que cursaban estudios, los padres y el personal de la misma disfrutábamos a pleno con recuerdos y anécdotas. Era "la fiesta", lo mejor de la época, y qué decir de aquellos desfiles de carrozas y más tarde las farándulas donde tu presencia fue primordial. En todo ello eras el "alma máter", que junto a directivos ,compañeras y alumnos que colaboraban en dichos eventos hacían que la escuela siempre se destacara.

Época irrepetible que dejó tu "marca en el orillo" y tu espíritu impreso que recordaremos y agradeceremos siempre con satisfacción, aminorando así el dolor de tu partida definitiva, en esta semana del 25 de Mayo, fiesta patria que como tantas otras homenajeaste junto a tu marido Miguel Ángel Golía.

Susana Echagüe


Dos veces el mismo error

El sábado 29 de octubre de 2005 y el domingo 27 de mayo de 2007, nos hemos quedado sin dos programas, a saber, "Ruth con usted" conducido por la señora Ruth Monjardín de Masci, y "La mañana del domingo" a cargo de Pepe Blotta con la participación del escritor José Naroski.

En el primero le dije al señor Fernández: usted es el dueño de la radio, pero no es el dueño de cientos de oyentes que no supo respetar.

Ahora yo, como oyente, lo comprendo.

Estos dos programas culturales de primer nivel, son MUCHO LUJO para esa emisora.

Juan Carlos Ayale


Suciedad

En general, cuando sabemos que vamos a recibir visitas, tratamos de que nuestra casa luzca limpia y ordenada. Más que de costumbre. Los lujanenses somos al revés. Sabemos, y a las autoridades no se les escapará el detalle, que los domingos tenemos muchas visitas.

Y no hablo sólo de la llamada zona turística en la que se están invirtiendo no sé cuantos millones que podrían tener -vengan de donde vengan- destinos muchos más prioritarios.

Pero además, ya los visitantes han comenzado a adentrarse por San Martín, Lavalle o Mitre hasta la plaza Colón.

Es mucha la gente que vemos hacer estos recorridos, bueno, muy bien. Los domingos, en esta zona, Luján es la ciudad más inmundamente sucia que he visto, de papeles y tierra no hablemos. Infinidad de vasos y botellas rotas. Sangre de peleas nocturnas. Y, por qué no decirlo, cagadas y meadas (no se horrorice, tome el diccionario) por doquier, vómitos, vereda por medio.

¿Dónde están los funcionarios nombrados para la seguridad? ¿Dónde la policía? ¿Dónde los barrenderos y/o beneficiarios de planes varios? ¿Cuándo alguien se va a poner las pilas y en lugar de mirar para otro lado hará lo que tiene que hacer? ¿Será mucho pedir o están muy ocupados con las campañas?

No hay mejor campaña que hacer las cosas y bien.

Juan Carlos Belli


Se olvidaron

La muerte generalmente produce tristeza, en forma personal me ha causado tristeza la muerte de don Humberto De Lucía, eso es lo que me ha provocado, tristeza. Pero más dolor me ha causado el hecho puntual de que los que fuimos compañeros desde la militancia, desde ocupar un cargo político junto a don Pedro Noé, los que apoyamos su fórmula que lo llevó a la intendencia, no fuimos avisados de su deceso.

Me resisto a creer que fueron tan incapaces en comunicar la noticia, esas personas que deambulan por los pasillos del municipio y no sé para qué están, a varios de ellos los ví golpeando la secretaría del difunto para que los atendiera y son ellos hoy los que provocan que este lamentable hecho quede al pasar sin tener en cuenta la importancia que tuvo para nuestra ciudad alguien que honradamente se ocupó de legar un Luján mejor, y a quien se le debía rendir la mejor de las despedidas.

Señor intendente, esos personajes no sirven para otra cosa más que para llevar chismes. Me causó tanta vergüenza ir a la Municipalidad el día lunes luego del fallecimiento de don Humberto y al ver la bandera a media asta preguntar el por qué, y que me dijeran: “falleció don Humberto, hace dos días, ¿cómo no te avisaron?”

Don Humberto desde el más allá reciba la amistad que tuve a su persona, descanse en paz, nos encontraremos.

 

José María Palomeque

Ex concejal peronista, militante.