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opinión
Gracias
Este escrito tiene el
fin de agradecer, por este medio, a todas las personas
que se acercaron para despedir a mamá, y que, de
diferentes formas, pudieron estar junto a ella
recordándola, aunque se enteraran tardíamente de su
fallecimiento. A todos, los que con sus palabras, sus
e-mails o llamados telefónicos, me hicieron saber lo
especial que fue mi mamá en la vida de cada uno de
ustedes, quienes la recordaban por sus valores y
actitud franca, en su profesión, sus amistades, sus
visitas por teléfono, sus consejos, o sus regalos por
carta; dejando entrever su personalidad fuerte y
luchadora, verdadera y honesta... y que realmente, su
muerte silenciosa, suave, su despedida tranquila, no
podría nunca opacar el torbellino de mujer que ella
fue a lo largo de su vida.
Tengo la desdicha de no
tener más junto a mí, a ninguno de los dos. Pero
sintiendo el orgullo de saber que me dejaron un legado
extraordinario: percibir que ambos fueron personas de
bien, que cosecharon amistades, que fueron respetuosos
y respetados, con un prestigio profesional intachable,
que apoyaron proyectos en la comunidad brindando
siempre sus conocimientos, que obraron de forma
correcta, y que esa herencia que me dejan me convierte
en una persona rica, pues llevaré dentro mío todas sus
enseñanzas como el tesoro más preciado. Por eso,
muchas gracias a toda la sociedad de Luján por
acercarme sus condolencias.
Quiero destacar también
aquí, la gran diferencia que fue la excelente atención
médica hacia mi madre, con todo lo horroroso e
inhumano que vivió en sus últimos días mi papá.
Mi mamá fue atendida en
el Hospital Universitario Austral.
Todo los pasos que se
hicieron eran consultados previamente con nosotros.
Todas las esperanzas tenían fundamento. Todo aquello
en lo que existiera duda se dialogaba en tiempo y
forma entre médicos y familiares. Nada quedó librado
al azar. Todo era en beneficio de la paciente.
Compruebo de esta forma que existen profesionales que
se brindan a nosotros con toda su humildad y
comprensión.
No hubo mentiras. No
hubo nada oculto. No hubo abandono de persona. No hubo
falsas expectativas. No hubo mal trato. No hubo
soberbias. No hubo presión por parte de ellos. No la
tenían prisionera de las consecuencias... como sí le
ocurrió a papá.
Todo lo contrario. Los
médicos del HOSPITAL AUSTRAL fueron francos, honestos,
ejemplares en el trato, educados, increíblemente
cariñosos con ella, preocupados hasta el último minuto
para que nosotros, sus hijos, estuviésemos conformes y
bien informados.
En verdad, no tengo más
que palabras de agradecimiento para todo el personal
del HOSPITAL UNIVERSITARIO AUSTRAL.
Qué diferencia: recién
ahora me doy cuenta del gran contraste entre una
muerte traumática y un duelo normal. Ahora comprendo
que, como hija, puedo despedirla como se merece,
tranquila, recordándola con calma y no sufriendo como
aún lo sigo haciendo por papá.
Luego de toda la
adversidad vivida por mi padre, en ese espantoso
lugar, donde sólo les interesa el lucro, y que, a
pesar de que eran amigos, NUNCA fueron honestos, ni
éticos, tapando sus negligencias y buscando “aliados”
para que cubran todas las atrocidades que cometen,
(amerita que sepan que esta realidad no cambia nada,
sino que voy a continuar con el juicio en su contra
hasta las últimas consecuencias, pues no comulgo con
inmorales).
Verdaderamente, me
pareció que era mi deber contarles la brillante
atención recibida en el Hospital Austral, pues fue una
bendición encontrar paz entre un equipo médico como el
que atendió a mi madre, y poder vivir la armonía con
la que ella se sentía contenida por PROFESIONALES
MÉDICOS de verdad, con vocación altruista que
prestigian con nobleza su labor.
Seguramente, ahora
Miguel y Susana Golía estarán juntos otra vez,
tratando de descansar en paz, que es en definitiva, lo
que ambos anhelaban.
María Rosa Golía
La irresistible
tentación de vivir
Me resulta extraño que
el natural dolor que provoca la muerte de una amiga,
me ponga en este caso por delante el exultante
espectáculo de la vida con su variada riqueza de
afectos y sensaciones. Este doble y contradictorio
sentimiento se ha suscitado en mí al conocer el
fallecimiento de Susana, no por casualidad acaecido,
como no podía ser de otro modo, en domingo, un día por
contraste destinado a las celebraciones.
Guardo de ella en mi
retina la fuerte imagen de sus años de plenitud.
Franca, directa en sus palabras y severa en sus
juicios hasta parecer a veces dura, atemperaba esos
rasgos con su jovial extraversión y el buen humor de
sus ingeniosas ocurrencias. Era un torbellino de vida
-quizás la procesión iba por dentro- cuya erupción
terminaba uno por comprender cuando descubría detrás
de todo eso su apasionado compromiso con lo que, sin
dobleces, ella creía verdadero y justo.
Coincidimos como
alumnos en aquella inigualable Escuela Normal de los
años de 1940, ésa cuyo añorado perfil sólo se refugia
y se anima todavía en la vieja memoria de unos pocos.
Más tarde, las actividades culturales de la peña
juvenil “La Media Caña” y el folklore me unieron más a
Susana y al entonces su novio y después esposo para
toda la vida, el inolvidable Miguel Ángel Golía. Allí
la vi en otra faceta de su personalidad: el fino y
elegante sentido para la música y el baile.
Así como en los
comienzos del siglo pasado mujeres como Adelina De
María y Adela Luchetti, entre otras, comenzaron a
asumir, fuera del hogar, especialmente en la docencia,
funciones públicas, a Susana posteriormente le tocó un
papel parecido: estuvo entre las primeras lujanense
que accedieron con su título de escribana a las
profesiones liberales.
¡Con qué gracia narraba
las peripecias de sus legendarios viajes a la lejana
Santa Fe donde hizo sus estudios!
Pero el mejor
conocimiento y estima entre nosotros derivó de nuestra
común vocación por la docencia. Susana ejerció casi
toda su actividad docente en la Escuela Normal, donde
demostró por años su enorme capacidad, como consejera
de curso, para una perfecta relación con sus alumnos,
que la han distinguido siempre con respetuoso cariño;
también sobresalió allí por su poco común habilidad
virginiana para la organización de tareas grupales con
los alumnos: han quedado indelebles en la memoria
colectiva sus trabajos organizativos en las famosas
farándulas estudiantiles de otrora.
Amante esposa, madre
ejemplar, maestra de juventudes, profesional honesta y
eficaz, su muerte para mí es un episodio
circunstancial, felizmente eclipsado por el precioso
desborde de la vitalidad de su existencia. Abro el
ancho camino hacia mi corazón para que por él se
inunde con la restallante e incontenible marea,
vencedora de la muerte, de su entrega inclaudicable
por la vida.
Profesor Oscar Darío
Guazzaroni, amigo y colega
Susana de Golía
Cuando te jubilaste a
principios de los años 90 en la Escuela Normal se notó
mucho tu ausencia.
Entre los tantos
motivos para extrañarte, hubo dos que no se podían
suplantar: ante todo tu carcajada incomparable,
resonante, cristalina, que llenaba los oídos sin
dañarlos, provocando sí con su sonido el tañido de las
campanas "llamando a misa de once" como reza aquel
tango de nuestra juventud.
Tus enojos, pocos, que
se traducían en palabras graciosas que no dolían
porque eran frontales, mezcladas con las "malas
palabras" que no solías escasear. Pero ante todo, en
esa escuela que nos vio transitarla como alumnas
primero y después como personal de la casa, no
volvieron a repetirse los magníficos eventos llevados
a cabo a lo largo de muchos años mediante tu
disposición y espíritu para organizarlos.
Las cenas anuales en la
escuela repleta de ex-alumnos de todas las promociones
y de los que cursaban estudios, los padres y el
personal de la misma disfrutábamos a pleno con
recuerdos y anécdotas. Era "la fiesta", lo mejor de la
época, y qué decir de aquellos desfiles de carrozas y
más tarde las farándulas donde tu presencia fue
primordial. En todo ello eras el "alma máter", que
junto a directivos ,compañeras y alumnos que
colaboraban en dichos eventos hacían que la escuela
siempre se destacara.
Época irrepetible que
dejó tu "marca en el orillo" y tu espíritu impreso que
recordaremos y agradeceremos siempre con satisfacción,
aminorando así el dolor de tu partida definitiva, en
esta semana del 25 de Mayo, fiesta patria que como
tantas otras homenajeaste junto a tu marido Miguel
Ángel Golía.
Susana Echagüe
Dos veces el mismo
error
El sábado 29 de octubre
de 2005 y el domingo 27 de mayo de 2007, nos hemos
quedado sin dos programas, a saber, "Ruth con usted"
conducido por la señora Ruth Monjardín de Masci, y "La
mañana del domingo" a cargo de Pepe Blotta con la
participación del escritor José Naroski.
En el primero le dije
al señor Fernández: usted es el dueño de la radio,
pero no es el dueño de cientos de oyentes que no supo
respetar.
Ahora yo, como oyente,
lo comprendo.
Estos dos programas
culturales de primer nivel, son MUCHO LUJO para esa
emisora.
Juan Carlos Ayale
Suciedad
En general, cuando
sabemos que vamos a recibir visitas, tratamos de que
nuestra casa luzca limpia y ordenada. Más que de
costumbre. Los lujanenses somos al revés. Sabemos, y a
las autoridades no se les escapará el detalle, que los
domingos tenemos muchas visitas.
Y no hablo sólo de la
llamada zona turística en la que se están invirtiendo
no sé cuantos millones que podrían tener -vengan de
donde vengan- destinos muchos más prioritarios.
Pero además, ya los
visitantes han comenzado a adentrarse por San Martín,
Lavalle o Mitre hasta la plaza Colón.
Es mucha la gente que
vemos hacer estos recorridos, bueno, muy bien. Los
domingos, en esta zona, Luján es la ciudad más
inmundamente sucia que he visto, de papeles y tierra
no hablemos. Infinidad de vasos y botellas rotas.
Sangre de peleas nocturnas. Y, por qué no decirlo,
cagadas y meadas (no se horrorice, tome el
diccionario) por doquier, vómitos, vereda por medio.
¿Dónde están los
funcionarios nombrados para la seguridad? ¿Dónde la
policía? ¿Dónde los barrenderos y/o beneficiarios de
planes varios? ¿Cuándo alguien se va a poner las pilas
y en lugar de mirar para otro lado hará lo que tiene
que hacer? ¿Será mucho pedir o están muy ocupados con
las campañas?
No hay mejor campaña
que hacer las cosas y bien.
Juan Carlos Belli
Se olvidaron
La muerte generalmente
produce tristeza, en forma personal me ha causado
tristeza la muerte de don Humberto De Lucía, eso es lo
que me ha provocado, tristeza. Pero más dolor me ha
causado el hecho puntual de que los que fuimos
compañeros desde la militancia, desde ocupar un cargo
político junto a don Pedro Noé, los que apoyamos su
fórmula que lo llevó a la intendencia, no fuimos
avisados de su deceso.
Me resisto a creer que
fueron tan incapaces en comunicar la noticia, esas
personas que deambulan por los pasillos del municipio
y no sé para qué están, a varios de ellos los ví
golpeando la secretaría del difunto para que los
atendiera y son ellos hoy los que provocan que este
lamentable hecho quede al pasar sin tener en cuenta la
importancia que tuvo para nuestra ciudad alguien que
honradamente se ocupó de legar un Luján mejor, y a
quien se le debía rendir la mejor de las despedidas.
Señor intendente, esos
personajes no sirven para otra cosa más que para
llevar chismes. Me causó tanta vergüenza ir a la
Municipalidad el día lunes luego del fallecimiento de
don Humberto y al ver la bandera a media asta
preguntar el por qué, y que me dijeran: “falleció don
Humberto, hace dos días, ¿cómo no te avisaron?”
Don Humberto desde el
más allá reciba la amistad que tuve a su persona,
descanse en paz, nos encontraremos.
José María Palomeque
Ex concejal peronista,
militante. |