Miércoles 23 de Mayo de 2007 - Año 92 - Edición 7282 - Edición digital 0582

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La noche lujanense

Hace cerca de tres meses que no se tienen noticias respecto de controles o medidas adoptadas por inspectores que se encarguen de la nocturnidad. Tal vez se trate de una desconexión entre la acción oficial y las oficinas de Prensa. Es probable que no exista tal desconexión que, en realidad, los controles brillen por su ausencia.

Abonan esta última hipótesis algunos hechos “menores” que detonan una alarmante falta de trabajo por parte de quienes deben velar por el respeto de la legislación vigente y, como consecuencia directa, la seguridad de quienes concurren a boliches, pubs, confiterías o salones de baile.

En la noche del sábado, decenas de jóvenes fueron testigos de una importante gresca en un local de esparcimiento. Como las cosas no pasaron a mayores, lo ocurrido seguramente no superará la anécdota.

Hace ya varios sábados por la noche que la cuadra del Centro Mutual de Jubilados y Pensionados de Luján (CEMJUPEL), Ituzaingó al 100, se abarrota de vehículos que colman la capacidad de estacionamiento permitido.

El problema surge a partir de la medianoche, cuando los propietarios de los rodados, ansiosos por no perder un minuto del baile, se instalan sobre la margen par de esa cuadra, algo que está prohibido. A ello se suma el trastorno lógico que genera una obra de mejoramiento del asfalto que desde hace días realiza la Secretaría de Obras Públicas.

La situación -con foto incluida- se dio a conocer desde este medio, pero nadie se dio por enterado. Cuando la seguridad y el respeto por lo impuesto en la nocturnidad era tema de preocupación de la clase política, todos -funcionarios y concejales- se rasgaban las vestiduras para demostrar sus acciones preventivas. Seguramente estaba fresco el triste recuerdo de Cromañón.

Fue entonces cuando se cambiaron las reglas para el funcionamiento de los locales nocturnos y se incrementaron las exigencias. Además, se habilitaron partidas presupuestarias para la creación de cuerpos de inspectores que se dedicaran con exclusividad a la vigilancia del esparcimiento nocturno.

Sin embargo, lo que se sospechaba por aquellos tiempos terminó convirtiéndose en realidad. El correr del tiempo demostró que sólo se trató de buenas intenciones o de reacciones de pura circunstancia que murieron en el papel.

Las políticas preventivas sirven únicamente si perduran, si tienen cierta constancia. En Luján no se las debe encarar como una peregrinación. Los boliches, pubs, confiterías y salones de bailes abren sus puertas todos los fines de semana.

No sería extraño que a partir de una crítica como ésta, el fin de semana próximo la Subsecretaría de Control Urbano se acuerde cuál es su deber y salga a la calle con sus agentes a hacer cumplir las reglamentaciones vigentes. Y que como consecuencia de ello la semana próxima nos encontremos con noticias sobre infracciones o multas.

Con todo, la seguridad de miles de lujanenses que salen a divertirse por la noche merecen de un accionar más serio, no de reacciones espasmódicas. Para algo existe una Subsecretaría, hay funcionarios en su órbita y agentes que tendrían que contar con órdenes específicas para trabajar no un fin de semana, sino todos los fines de semana del año.

De lo contrario, queda abierta la puerta para sospechar que existen desconocidos intereses que podrían estar atando las manos a quienes deben bregar por el cumplimiento de las leyes.

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