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La noche lujanense
Hace cerca de tres meses que no se
tienen noticias respecto de controles o medidas adoptadas por
inspectores que se encarguen de la nocturnidad. Tal vez se trate de
una desconexión entre la acción oficial y las oficinas de Prensa. Es
probable que no exista tal desconexión que, en realidad, los
controles brillen por su ausencia.
Abonan esta última hipótesis algunos
hechos “menores” que detonan una alarmante falta de trabajo por
parte de quienes deben velar por el respeto de la legislación
vigente y, como consecuencia directa, la seguridad de quienes
concurren a boliches, pubs, confiterías o salones de baile.
En la noche del sábado, decenas de
jóvenes fueron testigos de una importante gresca en un local de
esparcimiento. Como las cosas no pasaron a mayores, lo ocurrido
seguramente no superará la anécdota.
Hace ya varios sábados por la noche
que la cuadra del Centro Mutual de Jubilados y Pensionados de Luján
(CEMJUPEL), Ituzaingó al 100, se abarrota de vehículos que colman la
capacidad de estacionamiento permitido.
El problema surge a partir de la
medianoche, cuando los propietarios de los rodados, ansiosos por no
perder un minuto del baile, se instalan sobre la margen par de esa
cuadra, algo que está prohibido. A ello se suma el trastorno lógico
que genera una obra de mejoramiento del asfalto que desde hace días
realiza la Secretaría de Obras Públicas.
La situación -con foto incluida- se
dio a conocer desde este medio, pero nadie se dio por enterado.
Cuando la seguridad y el respeto por lo impuesto en la nocturnidad
era tema de preocupación de la clase política, todos -funcionarios y
concejales- se rasgaban las vestiduras para demostrar sus acciones
preventivas. Seguramente estaba fresco el triste recuerdo de
Cromañón.
Fue entonces cuando se cambiaron las
reglas para el funcionamiento de los locales nocturnos y se
incrementaron las exigencias. Además, se habilitaron partidas
presupuestarias para la creación de cuerpos de inspectores que se
dedicaran con exclusividad a la vigilancia del esparcimiento
nocturno.
Sin embargo, lo que se sospechaba por
aquellos tiempos terminó convirtiéndose en realidad. El correr del
tiempo demostró que sólo se trató de buenas intenciones o de
reacciones de pura circunstancia que murieron en el papel.
Las políticas preventivas sirven
únicamente si perduran, si tienen cierta constancia. En Luján no se
las debe encarar como una peregrinación. Los boliches, pubs,
confiterías y salones de bailes abren sus puertas todos los fines de
semana.
No sería extraño que a partir de una
crítica como ésta, el fin de semana próximo la Subsecretaría de
Control Urbano se acuerde cuál es su deber y salga a la calle con
sus agentes a hacer cumplir las reglamentaciones vigentes. Y que
como consecuencia de ello la semana próxima nos encontremos con
noticias sobre infracciones o multas.
Con todo, la seguridad de miles de
lujanenses que salen a divertirse por la noche merecen de un
accionar más serio, no de reacciones espasmódicas. Para algo existe
una Subsecretaría, hay funcionarios en su órbita y agentes que
tendrían que contar con órdenes específicas para trabajar no un fin
de semana, sino todos los fines de semana del año.
De lo contrario, queda abierta la
puerta para sospechar que existen desconocidos intereses que podrían
estar atando las manos a quienes deben bregar por el cumplimiento de
las leyes.
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