El dato puede sonar extraño, pero es por demás revelador: los
medios de información que en los últimos días de esta semana
preguntaron a sus lectores/oyentes sobre quién debía ceder en la
disputa "salarial" que mantienen los docentes bonaerenses con las
autoridades de la provincia, demuestran que los gremios que están al
frente de las negociaciones no tienen respaldo masivo.
Ayer, al cierre de esta edición, el portal del diario La Nación
preguntaba a sus lectores "¿Cree que está justificado el paro de los
docentes bonaerenses?". Sobre 2091, el 35,39 por ciento afirmaba que
"sí", contra un 62,17 por ciento que consideraba que "no". Apenas el
2,44 por ciento optó por "no sabe". El día anterior, en otro portal
de información se pregunta quién tenía que ceder; los gremios o las
autoridades. Y los números arrojaban un 50 por ciento para cada
lado.
Este resultado refleja el malhumor que genera en la gente la
decisión de los gremios de mantener en vilo a miles de docentes,
padres y chicos.
Si la pregunta hubiese sido "¿Usted está de acuerdo con que se
brinde una mejor educación a sus hijos?", se presume que el 100 por
ciento de las respuestas se inclinaría hacia el "sí".
Sería inocente pensar en una mejor educación con salarios bajos,
con condiciones minimizadas o precarizadas. En otras palabras, si
todos estamos de acuerdo en la necesidad de jerarquizar a la
educación en todos sus niveles, el salario de los responsables
centrales de esa tarea debe ser coherente con esa decisión política.
El problema, entonces, se centra en otro lugar. El problema o la
traba para que las encuestas no demuestren un apoyo general a los
gremios en lucha, se encuentra en el momento elegido.
Es indignante que a horas de la fecha estipulada para el comienzo
de las clases miles y miles de bonaerenses de todas las edades no
tengan idea de lo que ocurrirá el próximo lunes.
El tironeo entre los gremios docentes de la provincia de Buenos
Aires y las autoridades políticas se registró durante todo el año
pasado. Luego de paros, aumentos y pasos en falso, las clases
terminaron, pero había que ser muy iluso para pensar que las cosas
se habían arreglado.
El ciclo lectivo de 2006 terminó gracias a acuerdos precarios.
Como era de esperar, las partes en conflicto se tomaron sus
correspondientes vacaciones en algunos días de diciembre, en enero y
gran parte de febrero. Congelaron el debate del salario hasta días
antes de la fecha de inicio del ciclo lectivo. Como es tradición en
la mayoría de los alumnos, dejaron las tareas para último momento.
Por eso hoy no se sabe qué pasará el lunes.
Seguramente, tanto los gremios como las autoridades quieren jugar
con la presión a favor que genera la inminente campanada inicial de
las clases.
Los gremios, porque saben que en un año electoral no resulta
simpático un frustrado retorno a las aulas y quieren respuestas
apuradas por el contexto. Los funcionarios a cargo de tomar las
decisiones políticas y económicas, porque conocen el humor de la
gente y entienden que si hacen públicas las cifras del aumento que
ofrecen, cuentan con grandes chances de cosechar el aval de la
opinión pública.
En el medio, como patos de la boda, los padres que no saben cómo
planificar los gastos que implican el comienzo de las clases, y los
chicos, que se debaten entre la inocente alegría de "tener más días
de vacaciones" y la también inocente tristeza de aquellos que
soñaron durante meses con el primer día de clases.