Sábado 10 de Marzo de 2007 - Año 92 - Edición 7263 - Edición digital 0563

Portada
Editorial
Clasificados
Archivo
Links
Suplementos             
Opinión

Lujanenses en el mundo


Agradecimientos
Asambleas
Centro de jubilados
Cursos
Hallazgos y extravíos
Mensajes del Alma
Parroquiales
Sociales

Farmacias de turno
Teléfonos útiles
Horarios de trenes
Cartas de lectores
Guía de Profesionales
 

sitio relacionado >>> opinión

Fusilaron a "Poli"

Ahora resulta ser que lo importante es dilucidar qué clase de persona era Poli (Marcos Contreras) y en qué circunstancias se hallaba al momento de ser fusilado por el asesino Moyano. Parece ser que lo relevante es saber si Poli era "gente de bien", si había asaltado a un camión de Coca Cola, si llevaba un arma, si se había peleado con los milicos de civil, si su pasado está lo suficientemente limpio como para no ser fusilado como un perro en una esquina cualquiera.

Más allá de que podamos desmentir lo del camión y el arma, será mejor no caer otra vez en el círculo de las versiones de un lado y de otro. Por nuestra parte el asesinato de Poli habla por sí solo y resultará conveniente no recaer en enfoques miopes, sobre todo cuando ya hay bastantes acumulados en cada conversación sobre el tema y en cada versión que los asesinos y sus defensores lanzan a la sociedad para despistarla e intentar que el debate ronde en torno a cuestiones secundarias.

Quien entiende mínimamente algo de Derechos Humanos sabe que estos datos no tienen ni un gramo de relevancia a la hora de hablar de un asesinato como este, propio de la última dictadura militar o del accionar de la Triple A. Creo, entonces, que bastará decir que conocimos a Poli, que tuvimos la suerte de trabajar con él, de estar en el día a día frente a su humildad y amabilidad, que a sus compañeros, amigos y familiares nos duele hasta los huesos su ausencia, que su homicidio nos parece, incluso, más aberrante que un caso de gatillo fácil: es un fusilamiento.

Ya conocemos el accionar impune de los asesinos y sus cómplices: en Luján nos sobran ejemplos; ahora vendrán -y ya están viniendo- los aprietes necesarios, las amenazas implícitas y explícitas, un intendente que se hará el otro una vez más con tal de no quedar mal parado en tiempos de elecciones, y la quietud y anomia de la mayoría dentro de una ciudad que esconde el tráfico de drogas, el robo, la coima, el juego clandestino y el lavado de dinero detrás de sus máximas figuras legales. ¿Quién se hará cargo de este crimen? Nadie. Es decir, quedará "en manos de la justicia", como si la justicia no fueran los mismos hijos de putas locales pero potenciados en sus instancias provinciales y nacionales, con otras caretas, claro, y otros trajes.

Con todo, el fusilamiento de Poli sigue siendo demasiado evidente como para esconderlo debajo de la espesa alfombra de sangre que tiene la policía provincial en cada una de sus dependencias, o para cajonearlo en alguno de los tantos escritorios con que cuentan los burócratas de la justicia. Para quienes están acostumbrados a defecar sobre nuestros derechos el mayor problema reside en que el asesino esta vez ha ido demasiado lejos: además de asesino ha sido excesivamente idiota.

Sabemos que la idiotez es una característica, por lo general, básica en los miembros de la policía, condición sin la cual es muy difícil entrar a la institución. Las instituciones malditas requieren de cerebros dóciles, poco preguntones, que acaten en forma rápida órdenes que ni siquiera comprenden claramente. Cerebros nuevitos, casi sin uso. Pero esta vez, muchachos, uno de ustedes ha llevado su idiotez a límites inusitados. Tanto, tanto, que las autoridades (esta vez, sólo como excepción) probablemente decidan abrirse de piernas con el asesino, es decir, dejar desnudo y sin protección a Moyano, el indefendible, el asesino inocultable. En realidad -y digámoslo claramente- la policía provincial está llena de Moyanos, lo que hace diferente a éste es su elevada idiotez, su calidad de inocultable.

En fin, no mucho más que agregar a tanto dolor. La gente está movilizada. Las organizaciones populares están apoyando activamente a los familiares que, aunque terriblemente dolidos, se pararon frente a la tragedia y convocaron a una marcha que tuvo una amplia respuesta por parte de los que conocíamos a Poli. Allí estuvimos y seguiremos estando de una u otra manera, entre lágrimas y bronca, de pie y en marcha. Una vez más, para exigir justicia.

Fabricio Lombardo


Clínica Güemes

En relación a mi pedido de publicación al que usted hiciera lugar en vuestro bisemanario del día 10 de febrero del corriente año, manifiesto que a consecuencia del estado emocional en que nos encontrábamos toda mi familia en ese momento, derivado del grave estado de salud que atravesaba mi nieto, me excedí en los términos utilizados al referirme a la Clínica Güemes, cuando lo que pretendí fue evidenciar una situación que interpreté no debía repetirse en el futuro, cuando como en el caso estaba en riesgo la vida de un bebé. De ninguna manera he querido descalificar -como pareciera surgir en aquella- a los restantes y excelentes profesionales con que cuenta la institución, donde siempre he recurrido para mi atención, así como la del resto de toda mi familia. Desde ya muchas gracias.

Marta Lidia Giovanetone

DNI 12.400.636

>>> principal