Corte de ruta y protesta de trabajadores en
las inmediaciones de la planta de Cartocor.
Corte de ruta y más de tres semanas de
máquinas inactivas en la planta de Vandenfil, a la espera de que los
empresarios consigan los recursos para saldar lo que les adeudan a
los empleados: aguinaldo, días de vacaciones, quincenas en cuotas.
En Cisilotto las aguas se calmaron luego de un
acuerdo en el que cedieron las dos partes en conflicto: los
camioneros y los empresarios. En otra empresa local de venta de
electrodomésticos, el panorama se presenta similar.
En la Cooperativa Eléctrica se consiguió un
acuerdo "de último momento" con los trabajadores y se evitó un paro
de actividades que tenía fecha de iniciación el lunes pasado.
Los docentes bonaerenses iniciaron las clases
luego de amenazas cruzadas con las autoridades provinciales y la
obtención de un aumento salarial que rondaría el 23 por ciento.
Las paritarias de los gremios estatales de la
provincia de Buenos Aires están demoradas y se anuncian paros,
mientras las autoridades bonaerenses dicen estar estudiando los
números del presupuesto para dar la cifra del aumento y aseguran que
el incremento será retroactivo al 1º de marzo. Cuando pase la
tormenta provincial, las nubes se trasladarán a los municipios.
No se trata de conflictos aislados. No se
trata de una casualidad que mezcla tiempo y circunstancias. No
siempre se trata de gremios duros y empresarios o Estado ausente.
Tal como lo reflejan las noticias que aparecen
a cada minuto, se trata del país real que el gobierno nos quiere
tapar con grandes acuerdos internacionales, discursos cargados de
ideología y vacíos de contenidos, y anuncios que no tienen correlato
con la realidad.
Los argentinos conocemos aquello de economías
macro que crecen y economías hogareñas que, en el mejor de los
casos, siguen estancadas.
El bolsillo es el límite para las mentiras
mediáticas: la reactivación no se refleja en los salarios de gran
parte de los trabajadores.
Desde la convertibilidad, muy pocos
asalariados lograron una multiplicación por tres de sus ingresos.
Aquellos que cobraban 500 pesos, difícilmente hoy sean la misma
cantidad cobrando 1.500 pesos.
Si el cálculo se pasa al poder adquisitivo
real, la destrucción del salario del trabajador es aún mayor. Más
allá de las payasadas del control de precios que dice aplicar el
gobierno, antes de las fiestas de fin de año subieron todos los
productos de la canasta navideña; en verano subieron los alquileres
para vacacionar; aumentaron los peajes; antes de las clases subieron
los útiles escolares; hoy se informa sobre 10 o 15 por ciento de
aumento en la carne y se anuncian incrementos no menores al 20 por
ciento en los productos típicos de las celebraciones de Pascua, por
sólo citar ejemplos bien tangibles.
Además, tal como informó el diario Clarín en
su edición del lunes pasado, cerca del 40 por ciento de los
empleados del país tiene su sueldo en negro y el promedio de ingreso
nacional se encuentra por debajo del costo de la canasta básica.
Estamos lejos de ese idilio entre los números
y el costo de vida que nos quiso vender el presidente de la Nación
en su discurso de inauguración de las sesiones ordinarias del
Congreso.
Existe una reactivación de la industria, del
comercio, del campo y los sueldos de los funcionarios, pero todavía
no es parejo el derrame de recursos hacia los sectores medios y
bajos.
Los conflictos por mejoras salariales son una
muestra de ello. Y lo seguirán siendo hasta tanto se fijen reglas
claras que obliguen a cambiar las prioridades del sector público y
privado, para que los trabajadores puedan disfrutar de la tan
mentada reactivación y dejen de ser los hacedores de bonanzas
ajenas.