Miércoles 14 de Marzo de 2007 - Año 92 - Edición 7264 - Edición digital 0564

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El límite lo pone el bolsillo

Corte de ruta y protesta de trabajadores en las inmediaciones de la planta de Cartocor.

Corte de ruta y más de tres semanas de máquinas inactivas en la planta de Vandenfil, a la espera de que los empresarios consigan los recursos para saldar lo que les adeudan a los empleados: aguinaldo, días de vacaciones, quincenas en cuotas.

En Cisilotto las aguas se calmaron luego de un acuerdo en el que cedieron las dos partes en conflicto: los camioneros y los empresarios. En otra empresa local de venta de electrodomésticos, el panorama se presenta similar.

En la Cooperativa Eléctrica se consiguió un acuerdo "de último momento" con los trabajadores y se evitó un paro de actividades que tenía fecha de iniciación el lunes pasado.

Los docentes bonaerenses iniciaron las clases luego de amenazas cruzadas con las autoridades provinciales y la obtención de un aumento salarial que rondaría el 23 por ciento.

Las paritarias de los gremios estatales de la provincia de Buenos Aires están demoradas y se anuncian paros, mientras las autoridades bonaerenses dicen estar estudiando los números del presupuesto para dar la cifra del aumento y aseguran que el incremento será retroactivo al 1º de marzo. Cuando pase la tormenta provincial, las nubes se trasladarán a los municipios.

No se trata de conflictos aislados. No se trata de una casualidad que mezcla tiempo y circunstancias. No siempre se trata de gremios duros y empresarios o Estado ausente.

Tal como lo reflejan las noticias que aparecen a cada minuto, se trata del país real que el gobierno nos quiere tapar con grandes acuerdos internacionales, discursos cargados de ideología y vacíos de contenidos, y anuncios que no tienen correlato con la realidad.

Los argentinos conocemos aquello de economías macro que crecen y economías hogareñas que, en el mejor de los casos, siguen estancadas.

El bolsillo es el límite para las mentiras mediáticas: la reactivación no se refleja en los salarios de gran parte de los trabajadores.

Desde la convertibilidad, muy pocos asalariados lograron una multiplicación por tres de sus ingresos. Aquellos que cobraban 500 pesos, difícilmente hoy sean la misma cantidad cobrando 1.500 pesos.

Si el cálculo se pasa al poder adquisitivo real, la destrucción del salario del trabajador es aún mayor. Más allá de las payasadas del control de precios que dice aplicar el gobierno, antes de las fiestas de fin de año subieron todos los productos de la canasta navideña; en verano subieron los alquileres para vacacionar; aumentaron los peajes; antes de las clases subieron los útiles escolares; hoy se informa sobre 10 o 15 por ciento de aumento en la carne y se anuncian incrementos no menores al 20 por ciento en los productos típicos de las celebraciones de Pascua, por sólo citar ejemplos bien tangibles.

Además, tal como informó el diario Clarín en su edición del lunes pasado, cerca del 40 por ciento de los empleados del país tiene su sueldo en negro y el promedio de ingreso nacional se encuentra por debajo del costo de la canasta básica.

Estamos lejos de ese idilio entre los números y el costo de vida que nos quiso vender el presidente de la Nación en su discurso de inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso.

Existe una reactivación de la industria, del comercio, del campo y los sueldos de los funcionarios, pero todavía no es parejo el derrame de recursos hacia los sectores medios y bajos.

Los conflictos por mejoras salariales son una muestra de ello. Y lo seguirán siendo hasta tanto se fijen reglas claras que obliguen a cambiar las prioridades del sector público y privado, para que los trabajadores puedan disfrutar de la tan mentada reactivación y dejen de ser los hacedores de bonanzas ajenas.

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