Miércoles 21 de Marzo de 2007 - Año 92 - Edición 7266 - Edición digital 0566

Portada
Editorial
Clasificados
Archivo
Links
Suplementos
Cartas de lectores
Opinión
Lujanenses en el mundo


Agradecimientos
Asambleas
Centro de jubilados
Cursos
Hallazgos y extravíos
Mensajes del Alma
Parroquiales
Sociales

Farmacias de turno
Teléfonos útiles
Horarios de trenes
Cartas de lectores
Guía de Profesionales
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muestra de Annemarie Heinrich

Comunicarse con imágenes

Imágenes de la galeria
« Anterior Siguiente »

Todas las divas de los años de oro del cine nacional y las grandes compañías de ballet de mediados del siglo XX pasaron por su estudio. Con esta pantalla al mundo y su talento dejó inscripto su nombre en el arte visual de su tiempo. Con el objetivo de visitar el Museo de Bellas Artes para diagramar la exposición, su hija llegó a Luján semanas atrás y dialogó con El Civismo.

Si de mujeres fotógrafas se trata, el nombre de Annemarie Heinrich surge indiscutible, fruto de una larga y fecunda existencia. El amplio reconocimiento nacional e internacional de su obra -reflejado en múltiples premios y distinciones- su esfuerzo, su trabajo constante, su espíritu investigativo sumados a su natural talento la han colocado en ese lugar.

El talento de Annemarie Heinrich consistiría en plasmar la personalidad de los artistas de la época de oro del cine y de la radio argentinas. De esta manera, y por varias décadas, se convirtió en sinónimo de la fotografía del espectáculo publicando sus obras en las portadas de las revistas Radiolandia y Antena, de gran trascendencia en su época.

Algunos de los captados por su óptica fueron Mirtha Legrand, Zully Moreno o Delia Garcés quienes visitaban asiduamente su estudio. También pasaban Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Yehudi Menuhin, Carlos Castagnino, Rafael Alberti, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Astor Piazzolla, Aníbal Troilo y otros. Allí retrató también a Eva Perón.

Entre las diversas temáticas abordadas, los grandes intérpretes de la danza -nacionales e internacionales- fueron captados por su vigorosa cámara, otorgándoles una sugestión fotográfica distintiva. Danza, línea, equilibrio, figura y carácter encierran en su arte una seducción que merece ser atrapada y reflejada en una unidad de tiempo y espacio, donde fondo y forma van acompañados de la sencilla perfección que sólo alcanzan las obras maestras.

Heinrich expuso sus fotografías de ballet en Londres, Munich, Buenos Aires, La Habana, Boston (entre otras ciudades), el interior de nuestro país y fueron publicadas en revistas de fotografía y danza. Selecciones de sus obras se publicaron en Anuarios de Ballet en Inglaterra, Alemania, Suiza y otros países.

Venir desde Alemania

Annemarie Heinrich nació en Alemania en 1912. Hija de un gran violinista, Walter, herido en un brazo durante la Primera Guerra Mundial, juntos, con su madre Mutti y su hermana Uly, viajaron a la Argentina cuando tenía 14 años. Su primera residencia fue la provincia de Entre Ríos, donde nació su pasión por la fotografía.

Se formó en la profesión con un tío y fue ayudante en otros estudios. En el 30 abrió el suyo en Buenos Aires. Su padre ideó sus primeros faroles iluminadores, realizados con viejos tachos de querosene.

Más tarde, la iluminación en su estudio se haría con focos de baja potencia y luz dirigida, lo que marcaría la estética de fuerte contraste de quien sería una de las profesionales más reconocidas. Rápidamente sus fotos cobraron prestigio y comenzó a trabajar para las revistas más populares.

Cosechó premios, honores y la preferencia de muchos de los personajes a los que retrató. Siguió ligada al oficio como jurado de concursos y referente de varias generaciones de colegas. Hoy siguen con su legado sus hijos -ambos fotógrafos- Alicia y Ricardo Sanguinetti.

 

El legado y su heredera

Al iniciar la charla, Alicia Sanguinetti, hija de la fotógrafa, comentó que su visita se debía a que, luego de largas insistencias de Ernesto Storani, "acordamos traer en octubre parte de la muestra de Annemarie al Museo de Bellas Artes".

Debido a las dimensiones del espacio, llegarían a nuestra ciudad cerca de 70 piezas, de las 210 que integraron la muestra de la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires, en 2004.

Abierta al diálogo, repasó algunos aspectos de la vida y trabajo de su madre y el suyo propio.

- ¿Cómo fue la experiencia de crecer y hacer fotografía junto a su madre?

- Mi hermano y yo somos fotógrafos, lo que pasa es que empezamos a trabajar desde muy pequeños porque prácticamente la vivienda y el estudio estaban juntos. Por otro lado, por las características de mis padres, tanto de mi madre alemana y de mi padre descendiente de italianos, el planteo era que desde pequeño uno debía trabajar. Así fue que desde que entramos en la secundaria comenzamos a trabajar en el estudio, desde lo más pequeño, como barrer, hasta ir aprendiendo. Posteriormente, mi madre decía que había que hacer las cosas de una forma académica, por eso es que mi hermano y yo, en épocas diferentes, fuimos a estudiar a Alemania a la Escuela Alemana de Fotografía. Después hemos hecho cursos en Estados Unidos y en distintos lados para ir perfeccionándonos, y más hoy que la cosa técnica va cambiando constantemente y que uno debe estar absolutamente actualizado.

- De ese modo, a medida que fueron conformando su identidad fue tomando forma lo vocacional.

- Sí, pero en principio mi idea no era ser fotógrafa sino bailarina clásica. Pero después de un problema de salud decidí que iba a seguir con la fotografía pero ligada a la danza, por eso yo, fundamentalmente, me especializo en fotografía de ballet.

- Su madre también tuvo esa mirada del arte a partir de la fotografía.

- Sí, su idea en Alemania era seguir ligada al teatro, hacer escenografía, pero tuvo que dejarlo de lado por la guerra y tuvo que emigrar. Una vez en el país, no tenía la posibilidad de ingresar a una escuela, no conocía el idioma y había que ponerse a trabajar para pagar la olla. Así fue que su llegada a la fotografía fue de casualidad. Comenzó de pinche en estudios de fotografías de alemanes y ahí fue descubriendo su vocación. Ella fue totalmente autodidacta, hasta 1950 que, ya con 40 años, se fue a Alemania a estudiar con todo un bagaje profesional.

- El retoque en esos tiempos era totalmente artesanal.

- Totalmente. Lo que hoy se hace con Photoshop, ella lo hacía sobre el negativo y con un lapicito muy especial. Eran horas y horas de retoque.

- ¿Llegó a ver los avances de la fotografía digital?

- Si, llegó a verlos. Llegó a conocer la fotografía digital porque sabía que existía y por tener colegas que la utilizaban, pero ella no llegó a utilizarla. En el fondo no estaba totalmente fascinada con eso. De hecho yo tampoco estoy totalmente fascinada. Es decir, sé que es muy útil para ciertos tipos de trabajos como el periodismo y un poco de publicidad, pero para un buen retrato yo sigo utilizando, y me sigue fascinando, la fotografía analógica. Otro aspecto es que no existen todavía los papeles museográficos para copiar las fotografías digitales en esos tipos ploters, y para museos usted necesita las fotografías sobre papel museográfico, aparte no se conoce la duración de los soportes digitales. Es un poco como cuando apareció la fotografía color y se dijo que había muerto la fotografía blanco y negro, y no fue así. Porque, además, la color no tiene la duración de la blanco y negro. Después apareció la diapositiva y dijeron que desaparecería la fotografía. Eso tampoco tiene ninguna duración, en 15 o 20 años está todo lavado. Cuando apareció el video, dijeron que se acabó el cine, y no fue así.

Lo que sabemos que perdura es la fotografía blanco y negro, que lo máximo que puede pasar es tomar un tono sepia por el paso del tiempo, pero no desaparece. Hay fotos de 50 años, de 200 años, que están intactas, impecables y definidas, quizá con un sepiado, pero intacta la imagen.

Por otro lado, hay una diferencia que siempre destacaba mi madre. Ella comenzó a trabajar con las cámaras grandes, después con las cámaras de 6x6. Una sesión con cámara grande en estudio permitía quizá tomar 10 placas durante toda una sesión. Por eso tenías que tener bien pensado lo que querías, y además no se podía despilfarrar el material porque era carísimo. Cuando apareció el rollo de 35 milímetros con el que los colegas salían a la calle, la gente joven salía con tres o cuatro rollos. Annemarie siempre decía que si vos salís con 3 o 4 rollos de 35 milímetros, que son arriba de 150 fotos, si de eso no sacas una sola foto buena, más vale que te dediques a otra cosa. Ahora con la digital es mucho más.

También hay otro aspecto. Con la fotografía digital, como tenés tantas posibilidades de tirar tantas tomas, yo creo que lo que se dejó de hacer es pensar, es crear. Uno va disparando, disparando, pero esa cosa de ir armando, de ir pensando la foto, la escenografía y demás, se dejó un poco de lado.

Iluminación y retoques

En sus obras se observa la calidad de los efectos en la iluminación, técnica que estudió permanentemente. Pero se aprecian otros elementos que acentúan un rasgo requerido en el personaje, como lo fue la técnica del retoque, que ella practicó a imagen y semejanza de lo que mostraban las revistas del espectáculo llegadas a Buenos Aires desde Hollywood.

Trató de plasmar ese mundo de fantasías con la creación de rostros perfectos que transmitieran la personalidad de los seres elegidos para convertirse en ídolos de las multitudes.

- Ese aspecto y el manejo de la luz es una de las características de su obra.

- Annemarie, autodidacta como fue, tuvo la gran suerte de trabajar en un momento dado, cuando acá fue el siglo de oro, con los grandes pintores de aquella época. Participaba de un grupo de pintores e intelectuales de la época, entonces trabajaban juntos. Ella salía a trabajar con Castagnino, Berni, Policastro, Soldi, iban a un lugar y donde ellos dibujaban Annemarie tomaba fotos. Luego se juntaban y hablaban del tema de la luz, de cómo cada uno la utilizaba. Ella siempre dijo que ése fue un aprendizaje maravilloso. Utilizaba la luz al estilo que ella se imaginaba que la usaba Rembrant en sus cuadros. Era muy especial y autodidacta porque nunca hizo cursos de pintura pero utilizaba mucho el tema de la luz en los ojos y en la cara. Siempre decía que el retrato debía estar completo, es decir, podía tener muy buena luz, muy buena expresión, pero si las manos eran panqueques la foto ya no servía. Ella se fijaba mucho en esos detalles.

- Esa puntillosidad le permitió retratar a grandes estrellas nacionales e internacionales.

- Claro. Ella comenzó a trabajar con el cine porque en la época no existían todavía los fotógrafos de planta en el set. Entonces ella iba al set, pero una vez terminada la filmación se trasladaba parte de la escenografía al estudio y durante dos, tres o cuatro días se hacían todas las fotografías en estudio con los actores, escenografía, vestuario. Eso servía para la publicidad, incluso cuando en los cines se colocaba en las puertas distintas fotos de escenas del film.

Lo que siempre hablábamos con mi madre es que cuando alguien venía a hacer una foto de tapa, venía con el tiempo suficiente como para estar dos, tres o cuatro horas en el estudio. Hoy en día hay que hacer una foto y el artista te dice que tiene 15 minutos para pasar por el estudio. Entonces uno no tiene la posibilidad de empezar a ver y armar cosas en función de lo que ve en el artista. Por eso la mayoría de los estudios de televisión arman un set de fotografía dentro.

- Acerca de fotografiar ballet, ¿cómo se trabaja en ese ámbito?

- Yo siempre insisto en que para fotografiar ballet uno tiene que haber bailado. Porque si uno no conoce el desarrollo de un movimiento o de un paso no sabe para donde mirar, o puede estar haciendo tomas que en lugar de hacerle un favor al bailarín le juega en contra. Eso pasa mucho con los diarios de hoy, que como no quieren tener un fotógrafo de ballet en la planta fija generalmente mandan a los que hacen fútbol. Y no es lo mismo. De hecho yo he ido para hacer la prueba con el fútbol y, sinceramente, no logré nada.