Relocalización o palabrerío
<ed1>¿Y ahora cuál será la excusa? ¿Qué nueva
estrategia desempolvará el gobierno municipal para contrarrestar los
datos de la realidad? ¿Qué se les ocurrirá para seguir evadiendo el
problema?
La Asociación de Lucha Contra el Cáncer (ALUCEC)
de Jáuregui dio a conocer los datos relevados durante el año pasado:
un 38,88 por ciento de las muertes en Jáuregui y el barrio Loreto
durante el mencionado año fueron a causa de enfermedades
oncológicas.
La alarmante cifra se suma a las recogidas
desde el año 2000, ya que en sólo un balance el número de casos de
cáncer se ubicó por debajo de la media nacional.
Demasiadas evidencias para seguir hablando sin
solucionar nada. Demasiadas pruebas que -en teoría- invitan a las
autoridades locales y provinciales a dar la cara y, como primer
paso, admitir el problema.
Los funcionarios locales y provinciales tienen
que abandonar la caza de brujas o el "ninguneo" hacia los dirigentes
sociales que no se resignan a vivir contaminados. Tendrían que
comenzar a trabajar codo a codo con ALUCEC y las demás
organizaciones ambientalistas de la zona, como para intentar un
remonte del tiempo (y de las vidas) perdido.
Como medida inicial, tendrían que aceptar que
en Jáuregui algo modifica y perjudica la vida de sus habitantes. Y
no hay que ser experto en ninguna materia para comprender que ese
"algo" es la contaminación.
Todo lo que se hizo hasta ahora fue perder el
tiempo. Con mayor o menor sutileza, con complicidad o ignorancia
desde los ámbitos de gobierno y control provincial, las autoridades
se dedicaron a perder el tiempo. Calmar el malestar ante brotes de
hartazgo y seguir perdiendo el tiempo.
En esa política se inscriben las promesas de
analizar y estudiar "hasta las últimas consecuencias" los posibles
focos de contaminación.
En esa misma política se inscribe la creación
y mantenimiento de estructuras como el Comité de Cuenca del río
Luján, o las visitas esporádicas de señoras y señores que cobran
abultados sueldos estatales para decir que cuidan el medio ambiente.
Todo es evasión, porque nadie quiere o se
anima a enfrentar a los fuertes intereses de fondo. En Jáuregui, las
sospechas y una serie de estudios científicos apuntan a la
curtiembre.
El gobierno local se conforma con exigir que
la empresa ceda un camino para mejorar el tránsito en el pueblo,
aporte asfalto para una repavimentación o que termine unas piletas
que ayudarían a mermar los olores insoportables. Y ni siquiera
consigue esos premios consuelo.
Cuando el problema latente de la gente de
Jáuregui reflota en los medios de prensa, algunos de los 135
funcionarios locales que cobran por ventanilla un salario por
trabajar para el pueblo, se abocan a un nuevo plan de distracción.
La última invención en la materia había sido
una comisión multisectorial que "tuviera representantes de todos los
sectores involucrados en la problemática" y de esa manera avalara
las acciones para combatir a la contaminación. Todavía no se
descartó esa idea.
Como acción política, el armado de una
comisión le permitiría al gobierno de Miguel Prince frenar la bronca
unos cuantos meses. Como acción concreta, es otra pérdida de tiempo.
La curtiembre es una industria que por su
categoría no debe estar ubicada en el corazón de un pueblo. El
gobierno, si quiere, tiene las herramientas necesarias para ayudar a
una relocalización, en una zona que minimice el impacto de una
industria de tercera categoría.
Mientras esto no sea lo que se discute, las
autoridades de ALUCEC seguirán golpeando con sus cifras y el resto
será sólo palabrerío.