Son tiempos en los que los equipos de
asesores, colaboradores y allegados a los candidatos trabajan en la
elaboración de las estrategias de campaña. Se piensa en la frase que
tiente al votante, en el afiche que pueda mostrar las mejores caras,
en la distribución de la publicidad y en la redacción de los puntos
de partida para ofrecer una propuesta al electorado.
Sin duda, a los fines prácticos de los
ciudadanos, este último aspecto es más relevante. Eso sí, la
propuesta electoral no se debe limitar a la prolija redacción de una
plataforma electoral que, pasado el día de los comicios, quede
tirada en algún cajón del local partidario.
Porque redactar promesas de gestión es
relativamente sencillo. El candidato y sus asesores deben pensar
unos minutos y rápidamente saldrán los rubros: salud, medio
ambiente, obras públicas, educación, economía, turismo, etcétera,
etcétera.
El paso siguiente consiste en dar paso a las
obviedades. Por ejemplo en salud, hablar del compromiso por arreglar
los centros de atención y las condiciones del hospital. En materia
de medio ambiente decir que existe "la decisión firme de hacer
cumplir las normas vigentes" y no permitir los excesos de las
industrias, sin olvidar alguna mención a la limpieza del río y
"medidas drásticas" con el basural a cielo abierto.
¿Qué decir acerca de las obras públicas? Que
será prioritario el mantenimiento de las calles céntricas, que es
insostenible que existan baches en el centro o la zona turística,
que se atenderán las arterias rurales, que los parques y paseos
estarán en perfectas condiciones "para que sean disfrutados en
familia" y que se mejorará el servicio de recolección de residuos.
Bastante sencillo, ¿no?
No faltará la promesa sobre el turismo, en una
ciudad que lo tiene como sello distintivo. Los candidatos
difícilmente eviten decir que trabajarán por aumentar en cantidad y
calidad la oferta para los turistas, que se intentarán modificar las
condiciones de explotación de las unidades balnearias y que se
"posicionará a Luján en el lugar que le corresponde".
También caerá simpático en el electorado
asegurar que no habrá funcionarios sin tareas específicas y que se
elegirá a los mejores para cada función, sin dilapidar recursos en
estructuras ineficientes.
Por las necesidades de los últimos años, será
inevitable alguna mención sobre la inseguridad. Es decir, afirmar
que se trabajará en conjunto con las fuerzas de seguridad para
frenar que "el flagelo" de los delitos. Prometer que se controlará
el accionar policial y que se aportarán los recursos prioritarios
para que las calles de la ciudad "vuelvan a ser las de antes".
Sobre cada rubro se puede trazar una propuesta
electoral. Sólo basta con reparar en un puñado de obviedades. Pero
Luján no necesita plataformas de campaña bien redactadas. Luján
precisa una planificación más concreta.
Precisa de candidatos y futuros
administradores que sepan qué harán con las licitaciones de la zona
turística; que tomen conciencia de la saturación que presenta el
servicio sanitario urbano; que piensen en la salud como una
inversión y no como una obra puntual lista para ser inaugurada en
tiempos de campaña; que asuman la responsabilidad de tomar las
medidas drásticas que urgen a partir de la contaminación; que
entiendan la esencia de la función pública, a la que se accede para
servir y no para ser servido.