Sábado 24 de Marzo de 2007 - Año 92 - Edición 7267 - Edición digital 0567

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Evitar las obviedades

Son tiempos en los que los equipos de asesores, colaboradores y allegados a los candidatos trabajan en la elaboración de las estrategias de campaña. Se piensa en la frase que tiente al votante, en el afiche que pueda mostrar las mejores caras, en la distribución de la publicidad y en la redacción de los puntos de partida para ofrecer una propuesta al electorado.

Sin duda, a los fines prácticos de los ciudadanos, este último aspecto es más relevante. Eso sí, la propuesta electoral no se debe limitar a la prolija redacción de una plataforma electoral que, pasado el día de los comicios, quede tirada en algún cajón del local partidario.

Porque redactar promesas de gestión es relativamente sencillo. El candidato y sus asesores deben pensar unos minutos y rápidamente saldrán los rubros: salud, medio ambiente, obras públicas, educación, economía, turismo, etcétera, etcétera.

El paso siguiente consiste en dar paso a las obviedades. Por ejemplo en salud, hablar del compromiso por arreglar los centros de atención y las condiciones del hospital. En materia de medio ambiente decir que existe "la decisión firme de hacer cumplir las normas vigentes" y no permitir los excesos de las industrias, sin olvidar alguna mención a la limpieza del río y "medidas drásticas" con el basural a cielo abierto.

¿Qué decir acerca de las obras públicas? Que será prioritario el mantenimiento de las calles céntricas, que es insostenible que existan baches en el centro o la zona turística, que se atenderán las arterias rurales, que los parques y paseos estarán en perfectas condiciones "para que sean disfrutados en familia" y que se mejorará el servicio de recolección de residuos. Bastante sencillo, ¿no?

No faltará la promesa sobre el turismo, en una ciudad que lo tiene como sello distintivo. Los candidatos difícilmente eviten decir que trabajarán por aumentar en cantidad y calidad la oferta para los turistas, que se intentarán modificar las condiciones de explotación de las unidades balnearias y que se "posicionará a Luján en el lugar que le corresponde".

También caerá simpático en el electorado asegurar que no habrá funcionarios sin tareas específicas y que se elegirá a los mejores para cada función, sin dilapidar recursos en estructuras ineficientes.

Por las necesidades de los últimos años, será inevitable alguna mención sobre la inseguridad. Es decir, afirmar que se trabajará en conjunto con las fuerzas de seguridad para frenar que "el flagelo" de los delitos. Prometer que se controlará el accionar policial y que se aportarán los recursos prioritarios para que las calles de la ciudad "vuelvan a ser las de antes".

Sobre cada rubro se puede trazar una propuesta electoral. Sólo basta con reparar en un puñado de obviedades. Pero Luján no necesita plataformas de campaña bien redactadas. Luján precisa una planificación más concreta.

Precisa de candidatos y futuros administradores que sepan qué harán con las licitaciones de la zona turística; que tomen conciencia de la saturación que presenta el servicio sanitario urbano; que piensen en la salud como una inversión y no como una obra puntual lista para ser inaugurada en tiempos de campaña; que asuman la responsabilidad de tomar las medidas drásticas que urgen a partir de la contaminación; que entiendan la esencia de la función pública, a la que se accede para servir y no para ser servido.

 

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